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sábado, 9 de septiembre de 2017

ALCANCES HUSSERLIANOS A LA TEORÍA GENERAL DE LA FORMA

En la formulación de una Teoría General de la Forma -TGF- aparecen aspectos que requieren de una profundización, a fin de que el concepto general de Forma, con sus diferentes derivaciones, adquiera el máximo de precisión, sobre todo pensando en las enormes dificultades que atraviesa un acceso correcto debido al carácter generalísimo de esta noción.

Su campo significativo es tan vasto, su pragmática penetra en casi todos los campos de una y otra manera, la banalización y el uso automático del término, han conducido a las dificultades de su elucidación; incluso la vieja contraposición entre forma y contenido no deja de estar presente, así como un sesgo que lleva a que cada vez que se plantea una reflexión desde la forma, se la entiende como una variante de alguna escuela o tendencia formalista.

Estas primeras aclaraciones se sustentan en una reflexión sobre Husserl en su Lógica formal y lógica trascendental; desde luego, primero se tratará de establecer cuáles son los principales postulados y desarrollos en esta obra y luego confrontarlos con la TGF, a fin de permitir tanto una dilucidación del texto de Husserl como un avance en la comprensión de la Forma. (Husserl, 2009)

Husserl parte del par correlativo: ontología formal y apofántica formal, que siempre van juntos y en donde cualquier movimiento en el uno, significa un desplazamiento del otro; esto es, funcionan como correlatos, de tal manera que el uno no puede darse ni entenderse sin el otro porque se presuponen mutuamente.

Ontología formal que Husserl entiende como unas “objetividades inherentes a las mismas proposiciones; esta ontología formal lleva, en su nivel supremo, el nombre de teoría de la multiplicidad”. (Husserl, 2009, pág. 109)

Objetividades inherentes que crean una región formal, en donde se abstrae el contenido material; o si se prefiere, se deja de lado su apofántica, su modo de darse efectivo y queda solamente mostrada una “dirección óntica”, una intencionalidad que señala hacia dónde se dirige la ontología formal en su paso a la apofántica formal; esto es, no todavía el darse efectivo sino la posibilidad del darse efectivo guiado por la dirección óntica de la ontología formal. (Husserl, 2009, pág. 124)

Las objetividades inherentes contienen, entonces, unas “configuraciones ontológico-formales”, de las cuales dependen enteramente, como su intencionalidad; y como ha dicho antes, este es un espacio de la multiplicidad, que tiene un carácter productivo, pues a partir de este se produce el despliegue de ese campo específico de la realidad.

La cuestión fundamental radica en preguntarse si estas consideraciones husserlianas, ubicadas enteramente en el plano de la lógica formal y trascendental, así como en el plano cognoscitivo, pueden trasladarse al plano ontológico, y de ser el caso, mediante qué procedimientos, transformaciones, alteraciones, desplazamientos. Esto es, sacar a la forma de su contexto lógico y colocarle en el espacio ontológico, siguiendo la guía hermenéutica desarrollada por Husserl.

De ser este el caso, los conceptos mencionados anteriormente adquirirán una nueva connotación, porque en su desplazamiento arribarán a tener significados ontológicos. Así, la ontología formal no se refería a la serie de características y componentes de la forma “lógica” sino de la forma en cuanto existente, dada allí en la realidad. La ontología formal no se opone a la ontología, sino que se convierte en su núcleo central.

En este sentido, la noción de ontología formal no se referiría a un campo de la lógica, en donde se trata de hallar los aspectos universales y necesarios que fundamentan los juicios y los razonamientos, sino a la propia ontología como aquello que versa sobre lo real, en su momento formal. La forma existe realmente y de allí que se la analiza a través de la ontología formal.

Toda ontología debería tener, por lo tanto, una ontología formal; esto es, el modo de darse las formas en esa región específica de la estemos tratando. No puede existir una ontología que no sea al mismo tiempo, ontología formal, en cuanto la forma es productora de la realidad y, a su vez, es producida.

De la misma manera, el concepto de intencionalidad no está referido únicamente a la colocación de un objeto que siempre hace de correlato de un sujeto, en el sentido de que toda conciencia es conciencia de… un determinado objeto, sino que la intencionalidad se traslada nuevamente al plano ontológico, lo que permite decir que toda forma es intencional; esto es, toda forma es forma de… un contenido determinado, de una materialidad o una virtualidad, o de una realidad dada.

Ahora veamos los resultados que arroja el texto de Husserl leído en modo ontológico. Si miramos hacia los diferentes niveles de la reducción, con la epojé incluida, previamente a su dilucidación lógica trascendental, tenemos que buscar en la realidad y no solo en la esfera de la lógica, en dónde y cómo estos fenómenos de la epojé, de la puesta entre paréntesis, inauguran nuevos campos de lo real. Por ejemplo, se muestra plenamente en los procesos de abstracción real que dan surgimiento a la forma valor o al dinero, tal como mostró Marx en El Capital o como se puede ver en la manera cómo actúa efectivamente cada software.

Esas trascendencias de las que habla Husserl son, en primer lugar, fenómenos que se dan, que se constituyen y, como él lo muestra bien, una vez dadas se convierten en “guías transcendentales, en modos en los que se conforma la realidad. El análisis lógica trascendental solo es posible en la medida en que unas “una reducciones”, una puesta entre paréntesis, unas abstracciones se han producido efectivamente:

“Sin duda, solo el descubrimiento de la reducción fenomenológica-trascendental, con su epojé universal respecto de todos los datos mundanos, respecto de todas las trascendencias que aparezcan con pretensión de ser “en-sí”, puso en franquicia la esfera concreta del ser trascendental y abrió camino a los problemas constitutivos, particularmente a los problemas para los cuales las trascendencias “entre paréntesis” deben fungir como “guías trascendentales”. (Husserl, 2009, págs. 332-333)

Los procesos descritos rigurosamente por Husserl, especialmente la conformación de una esfera en un campo marcado por la introducción de una forma y la apertura a un conjunto de posibilidades y de un entero mundo posible, tiene que ver con el modo de darse de todas las cosas, incluido el fenómeno específico de la constitución de la subjetividad trascendental.

El sujeto trascendental no se deriva de una epojé fenomenológica y trascendental que mostraría el núcleo que lo hace ser tal, como correlato de una objetividad en su intencionalidad, sino que se desprende de la forma que ha creado un campo marcado, en donde estas u otras subjetividades se tornan posibles y luego, efectivas:

“Una ontología formal de un mundo posible, en cuanto mundo constituido por la subjetividad trascendental, es un factor dependiente de “otra ontología formal” que se refiere a todo ente con cualquier sentido, al ente como subjetividad trascendental y a todo lo que en ella se constituye.” (Husserl, 2009, pág. 335)

Sin embargo, no significa que tengamos que desechar las dilucidaciones de Husserl, sino que mostrar a qué debería referirse efectivamente; es decir, que aquellos procesos de reducción, de epojé y las relaciones que se exponen en la lógica trascendental se dan, pero no solo en la esfera lógica sino en el campo de lo real. Así, se historiza plenamente la lógica trascendental, tal como se ha mostrado en otro lugar[1].

Entonces, hay que preguntarse por el modo de constitución de lo real, que incluye una ontología formal y el modo en que se vuelve efectivo a través de su apofántica, de su manera de volcarse sobre la realidad siguiendo las determinaciones y el conjunto de posibilidades abiertas por la forma

“Pero cómo poner esto en práctica: cómo realizar sobre una base absoluta, la idea más general de una lógica formal como ontología formal y como apofántica formal; cómo constituir, en el marco de la ciencia universal absoluta y última, la fenomenología trascendental como un estrato que necesariamente forma parte de dicha ciencia…” (Husserl, 2009, pág. 333)

Luego, de manera derivada a este primer proceso, se da paso a la cuestión de cómo se da la forma, en sus estructuras generales y también en sus modos de darse generales, dentro de un campo marcado por una forma determinada. Esto es lo que debería entenderse por fenomenología trascendental.

Interesa sobremanera preservar la relación entre la ontología formal y la apofántica formal, porque nos envía a la cuestión de cómo la forma parte de su ontología formal, de la introducción de una distinción que abre un mundo posible y la apofántica formal como la sucesión de concreciones posibles de esa forma en ese mundo posible. Más adelante, tendremos ya una apofántica, un volcarse de ese par ontología formal/apofántica formal en una realidad efectiva o virtual.

La forma tiene ansiedad de expresión, en cuanto existe únicamente como desdoblado con su par correlativo apofántico; no son dos aspectos que puedan ser separados, sino que oscilan constantemente de un extremo a otro. La forma establece el modo de existencia, la apofansis es la existencia misma en el conjunto de sus determinaciones, de sus condiciones, incluso de sus procesos azarosos.
  
Husserl, E. (2009). Lógica formal y lógica trascendental. México: UNAM.







[1] Véase Rojas, Carlos, Estéticas Caníbales, Vol.2. 

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