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domingo, 17 de octubre de 2021

CAVILACIONES METAFÍSICAS 11

 Estar siendo (2)

La metafísica que Ahumada desarrolla a partir de Kusch trae una palabra profundamente latinoamericana: amague; así se refiere a que el estar-siendo amaga:

El acierto fundante del estar-siendo tiene el carácter del como si, porque no hay una consistencia definitiva, sino un amague, una especie de constante corrimiento de la presencia hacia la incertidumbre de lo que deviene en cada proyecto mío. (52)

Amagar es hacer una finta: un movimiento inesperado que pretende evitar al contrario y cuya dirección no habíamos previsto de antemano. El estar siendo hace una finta. ¿A quién se la hace? Al ser. ¿Qué se esconde detrás de esta metáfora? Frente a la certeza, el estar siendo amaga desde la incertidumbre; ante la consistencia de la presencia del ser, el estar siendo amaga dejando un espacio vacío, dejando que en la realidad se introduzca lo inconsistente, es decir, lo inmanente.

El estar siendo se niega a ir en la dirección que le impone el ser; deja atrás la seguridad del fundamento absoluto, las certezas dogmáticas, la seguridad de los mundos habitables y se coloca a sí mismo en una zona de riesgo. En el momento en el que amaga desconoce hacia donde le llevará la finta que le ha permitido evadir al ser.

En cada momento de la existencia el estar siendo juega, lanza los dados, se entrega al azar, huye de la determinación a la indeterminación:

Juego para vivir, para acertar (o no) vivir. En realidad me las juego, me involucro, me sumerjo en la vida al estar-siendo, lo que implica necesariamente un otro que me arrastra azarosamente, como con los dados: se me juega la vida. Esto es lo que está en juego en la mántica popular-originaria americana, la mántica del pobre, cuya pobreza es la ontológica invalidez del estar-en-la-indeterminación. A partir de esa indigencia ontológica se reconoce el otro trascendente que brinda la determinación, o mejor, que juega con nosotros, que nos indetermina. (52)

Pero, la indeterminación también es indigencia, que no se hace referencia solo a la ausencia de algunos medios de subsistencia, sino que partiendo de estos se llega a una indigencia de la existencia entera; esta es una metafísica de la indigencia. Indeterminación que muestra que la continuidad de la existencia siempre está en riesgo y que vive sumida en la precariedad. Esta no es una elección, nadie elige la indigencia por ella misma. En la indigencia impuesta, aceptando la indeterminación, hacemos nuestro juego, apostamos la vida misma.

Ahumada introduce en este texto otra palabra que en general la usamos poco: mántica, que se refiere a los procesos de adivinación del futuro. Digamos que el amague del estar siendo al ser, la finta existencial del pobre le lleva al terreno de la mántica. Después del amague se encuentra sumergido en este nuevo territorio.

Desde luego, Ahumada no está apostando por procedimientos adivinatorios; la mántica es, en este contexto, la apertura hacia un modo distinto de saber más allá de la metafísica occidental, esto es, una mántica popular-originaria americana, que iniciaría una episteme diferente. Su punto de partida estaría precisamente en el reconocimiento pleno de la radical inmanencia del estar siendo.

Ciertamente que el núcleo de este texto se encuentra en el término inmanencia. Este confiere sentido a la mántica, juego y amague; digamos que los tres son una consecuencia lógica de haberse colocado en el plano del estar siendo caracterizado por dicha inmanencia. Es la inmanencia la que abre el espacio de la indeterminación, crea posibilidades con las que se puede jugar, deja abierto el futuro sobre el cual podemos lanzar los dados:

En otras palabras, una desterritorialización de la máquina abstracta Ser en la máquina inmanente Estar: el requerimiento del fundamento, lo impensable, se deja calcar por la determinación del logos en el pensar, pero ese calco siempre remite, devuelve, el mapa de un territorio, de una geocultura, de una inmanencia inabarcable y, por esto, desalbergada, como el desierto, la pampa o el impenetrable. El juego, punto infinitesimal del cruce entre calco y mapa, es el rizoma de la mántica americana: el estar-siendo, devenir ultrahumano… (52)

Ahora haría falta un desarrollo pleno de las metáforas y de la lógica de la inmanencia del estar siendo como núcleo de una nueva metafísica, en donde el punto de llegada no sería tanto un rizoma ni lo ultrahumano, sino la reinvención de la humanidad o más bien, de muchas humanidades.

Ahumada, M. (2021). Sentipensar América. Buenos Aires: Ciccus.

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