En los últimos escritos de Charles Sanders Peirce al esquema semiótico tripartito de signo, objeto e interpretante, se le incorpora un nuevo elemento, que es la forma. Esta modificación le añade este elemento significativo y funciona como apertura a nuevos campos de indagación, especialmente para dilucidar la acción de la forma en los procesos de semiosis.
De manera preferente
me referiré a dos trabajos tardíos de Peirce: el Manuscrito 793 y Cartas a la Srta. Welby.
En los últimos escritos de Peirce se centró en la noción de comunicación
como característica esencial de toda semiosis, no solo el signo como medio de
comunicación entre dos mentes, sino también el signo como medio dentro de la
relación de signos, que comunica una forma desde el objeto hasta el
Interpretante.
La comunicación no
agota el campo de acción de los signos, a pesar de que ahora se la considere
como el eje central de la semiosis. Es en este contexto en el que Peirce coloca
la noción de forma, como parte del proceso comunicativo y de los intercambios
de información.
La función general de los signos es comunicar ideas; Esto es igualmente
cierto para los pensamientos, signos imaginarios que transmiten ideas del yo
del pasado al yo del futuro, como para los signos usados en intercambios
externos de información... Sin embargo, esto no significa que la semiosis se
agote por la comunicación tal y como se entiende habitualmente.
Los estudios suelen
enfocarse en esta transformación de la semiótica y se trata de manera muy
marginal la cuestión de la forma. Esta queda como un término de comprensión
automática sin mayor dilucidación, como si fuera evidente que aquello que se
comunica es la forma. En este sentido, no se entra aquí en los debates de la
semiótica, sino que se concentra en el papel que juega la forma en el proceso
comunicativo del signo y en las consecuencias para una comprensión cabal de la
noción de forma, que permita su utilización más allá de la esfera de la
semiótica.
Antes de entrar de
lleno en los textos que se refieren a la forma, conviene tener presente lo que
son los objetivos dinámicos y los interpretantes dinámicos, puesto que se
integran a los procesos de comunicación, en donde aparece la forma. El objeto
inmediato, parte de la tríada signo, objeto e interpretante, se subsume en el
objeto dinámico y ahora se lo entiende como un momento parcial, incompleto, de
ese objeto dinámico, que se encuentra cuando la comunicación ya está dada o
concluida.
El objeto dinámico
cumple dos funciones esenciales para la semiosis: establece una secuencia de
signos y los entrelaza, de tal manera que ninguno de ellos quede aislado, es
decir, construye una cadena de signos; y, una vez que esta se ha dado,
se lo integra en un sistema de signos; únicamente cuando estos dos
movimientos están completos, el objeto alcanza su plena significación.
El objeto dinámico es, en cierto sentido, el objeto que genera una
cadena de signos. El objetivo de una cadena de signos es llegar a una
comprensión completa de un objeto y así asimilar ese objeto en el sistema de
signos. Usando términos algo más simplistas, Ransdell (1977, 169) describe el
objeto dinámico como el "objeto tal como es realmente", y Hookway
(1985, 139) lo describe como "el objeto tal como se sabe que es [al final
de la investigación]".
A su vez, el
interpretante dinámico sigue el movimiento del objeto dinámico. Una vez que
tenemos el objeto dinámico, entonces se alcanza un nivel de entendimiento; por
esto, se afirma que este interpretante corresponde a la interpretación a la
cual hemos llegado efectivamente en cada situación comunicativa.
El interpretante dinámico, entonces, es la comprensión a la que llegamos,
o que determina el signo, en cualquier etapa semiótica particular. Para
continuar con los ejemplos lingüísticos, sabemos que el interpretante dinámico
es la interpretación real que hacemos, o la comprensión que alcanzamos, en la
primera instancia de interpretación.
Veamos ahora cómo la
forma se ubica en este breve contexto que sea ha delineado. En el Manuscrito
793, en la Nota 22, Peirce introduce el término forma como parte del proceso
semiótico de comunicación: “Para los fines de
esta investigación, un Signo puede definirse como un Medio para la comunicación
de una Forma.”
La necesidad de la
presencia de la forma que completa la tríada y que posibilita toda comunicación
se origina en esas cuasi-mentes que se presentan como formas capaces de
indexarse, concretarse o expresarse en una diversidad de manifestaciones. El
tipo de forma que se comunica, se manifiesta a través de diversos tokens. La
forma sería un type que se indexa en sus tokens.
No es lógicamente necesario que se de por algo que posea conciencia, es
decir, un sentimiento de la peculiar cualidad común de todos nuestros
sentimientos. Pero es necesario que haya dos, si no tres, cuasi-mentes, es
decir, cosas capaces de determinación variada respecto a las formas comunicadas.
El signo es el
portador que lleva la forma desde el objeto hasta el interpretante; es decir,
desde el objeto dinámico hasta el interpretante dinámico, de tal manera que
cierra el círculo de la comunicación. En este sentido, la forma es contenido de
la comunicación. Para decirlo con más rigor, el contenido que va desde el
objeto al interpretante siempre es forma del contenido; o, un contenido formado
de una determinada manera, a través del cual mantiene su unidad y posibilita
una variada indexación.
Lo que se comunica desde el Objeto a través del Signo al Interpretante
es una Forma... La Forma que se comunica no deja necesariamente de estar en una
cosa cuando se trata de estar en otra cosa, porque su ser es un ser del
predicado.
El hecho de que la
forma esté encarnada representativamente, quiere decir que produce el
efecto comunicativo específico, produciendo el cierre del acto comunicativo, permitiendo
que este sea eficaz y que el interpretante dinámico comprenda no solo el
significado inmediato, sino el sentido completo de lo que se está comunicando.
En el Signo, la Forma puede o no estar incorporada de forma entitativamente,
pero debe incorporarse de forma representativa, es decir, respecto a la Forma
comunicada, el signo produce sobre el Interpretante un efecto similar al que el
propio Objeto tendría bajo circunstancias favorables.
Los dos aspectos de la
semiosis, representación y comunicación, se realizan plenamente en la
comunicación de la forma. Detrás del proceso de comunicación obligatoriamente
está el signo como representación que, en este nuevo enfoque, queda subsumido a
la dinámica de la comunicación. Quizás por este papel crucial que se le otorga
a la forma, Peirce la asocia a la verdad de la proposición.
El Ser de una Forma consiste en la verdad de una proposición
condicional. Dadas las circunstancias, algo sería verdad... La Forma está en el
Objeto, podemos decir de forma entitativa, lo que significa que esa relación
condicional, o el seguimiento de consecuencia de la razón, que constituye la
Forma, es literalmente verdadera para el Objeto.
Probablemente, Peirce
va demasiado lejos con esta afirmación que, además, no se amplía ni se
fundamenta. Más bien, sería preferible decir que la comunicación de la forma se
abre a la esfera veritativa de la proposición, la que puede ser verdadera o
falsa. Como dice Umberto Eco, toda semiótica tiene que ser capaz de explicar
tanto la verdad como la mentira: “En ese sentido, la semiótica es, en
principio, la disciplina que estudia todo lo que puede usarse para mentir.”
La forma es resultante
de la dualidad del signo, que representa al objeto y, al mismo tiempo,
contiene para referirse al signo en su función de representación como tal. Esto
hace que haya un contenido representacional, pero también exista la forma, que
remite al signo en cuanto lo conecta con el objeto.
De hecho, en lo que podemos, desde un
punto de vista, considerar el tipo principal de signos, hay una parte distinta
asignada a representar el objeto, y otra a representar cómo ese mismo signo
representa ese objeto. La clase de signos a la que me refiero son los
dicisignos.
En el ejemplo que pone
Peirce, se distingue con claridad el objeto en cuanto significado y la relación
que se establece entre ellos, “está enamorado de”, como la forma que adopta la
relación entre John y Helen. De esta manera, la forma inmersa en el proceso de
semiosis es la que le otorga un contenido concreto al objeto del signo, uniendo
en un solo paso la representación y la comunicación, logrando que el
interpretante dinámico aprehenda el objeto dinámico.
En 'John is in love with Helen', el objeto
representado es la pareja, John y Helen. Pero el 'está enamorado de' significa
la forma que este signo representa para representar la forma de ser de John y
Helena.
Si bien la forma, al
provenir de la realidad o de la ficción, es independiente de la comunicación,
no puede prescindir del signo en caso de que quiera comunicarse, lo que incluye
su representación. Cuando el signo atrapa la forma, la forma se convierte en el
objeto del signo. La semiosis convierte a la forma, que es independiente de la
comunicación, en objeto del signo, precisamente para poder comunicarlo.
Solamente cuando la forma entre en el proceso semiótico se da la comunicación, que se convierte
obligatoriamente en comunicación de la forma.
La Forma (y la Forma es el Objeto del
Signo), tal como realmente determina al Sujeto anterior, es completamente
independiente del signo; sin embargo, podemos y debemos decir que el objeto de
un signo no puede ser más que lo que ese signo representa lo que es.
Al entrar en el campo semiótico, las
formas adquieren este estatuto de formas significantes y por esto pueden
ser comunicadas por el signo a un interpretante: “On the other hand, Peirce
also suggests that the object is similar to an utterer in that it functions as
a “repository of ideas or significant forms”.
Además, en el mismo pasaje Peirce introduce el
peculiar (y raro) concepto de commens, que puede caracterizarse como el terreno
común necesario para que pueda tener lugar cualquier comunicación. Parece ser
una forma diferente de decir que la interpretación del signo requiere
experiencia colateral, siendo el énfasis que se pone en un conocimiento común o
compartido del objeto.
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