El concepto de portador en las
corrientes fenomenológicas está vinculado a la formación de los sujetos y las
subjetividades y es particularmente importante porque permite desentrañar las
complejidades de su constitución. Sin embargo, es un término poco analizado o
utilizado en otras tendencias filosóficas y, por eso mismo, se lo desconoce. El
término portador traduce el Träger alemán y el bearer inglés.
En la fenomenología, Edwig Conrad-Martius otorga al término portador una
centralidad clave en su pensamiento, cuestión que será examinada en este
trabajo.
Los planteamientos de Conrad-Martius
abren un espacio de debate en un contexto en donde la posmodernidad ha sido
hegemónica, afectando de manera especial al entendimiento de la construcción de
los sujetos en el mundo contemporáneo. Es posible repensar las subjetividades
más allá de las afirmaciones de su disolución, sin un regreso romántico a los sujetos
de la modernidad. Además, está la responsabilidad política en un mundo asolado
por el ascenso del fascismo y en el que las acciones de resistencia en la
esfera pública están a la orden del día.
La cuestión del sujeto portador
surge en Conrad-Martius en la perspectiva de la construcción de su Realontologie,
o el modo en el que toda realidad se constituye a partir de sí misma, sin otro
fundamento que ella misma. Por esto, distingue en su interior tres momentos que
subyacen a la formación de lo real: el sujeto portador, la esencia y la
manifestación de estos dos, que es, en último término, la realidad.
Aquí ya está
el "movimiento fundamental" de la realontología: la fundación de
aquello que aparece en sí mismo desde fuera de sí mismo según diversas
modalidades de arraigamiento propio. Tenemos, por tanto: (1) un momento sustancial (el portador u objeto como portador
de predicaciones), (2) un momento "esencial" (el qué o ser-tal), y
(3) un momento "existencial" (la presentación del objeto como unión
de los momentos sustanciales y esenciales).
Miron sintetiza los componentes del
fenómeno de portar, que se encuentra en el núcleo de la relación entre la
esencia y su expresión.
La idea de la realidad de Conrad-Martius asume
una estructura fundamental del ser real. Esta estructura está compuesta por dos
constituyentes inseparables: la esencia (die Washeit) y el "portador"
(Träger) sobre los que se "carga" la esencia. Mientras que la primera
encarna lo que ella llama la "qué" de la cosa, la segunda indica el
contenido del ser real. Establece que cuando la esencia se constituye a sí
misma, personalmente lleva un portador, que es el llenado de contenido del ser
real, o alternativamente lo real es aquello que lleva la esencia que le
pertenece y la especifica fundamentalmente. De hecho, el portador está
especificado por la esencia que se sube sobre él y por la que existe. Al mismo
tiempo, la esencia se lleva hasta el punto de especificar a su portador.
Finalmente, la función de llevar se basa en relaciones puras y "formales
que no pueden ser destruidas" (1924: 223) en la medida en que deben
considerarse como "señalándose formalmente mutuamente" y como
"que están surgiendo al mismo tiempo" (1924: 172).
La estructura de la realidad está dada por
la relación inseparable entre la esencia y el portador. La esencia hace que una
cosa sea lo que es, tal como se la define clásicamente; pero, la novedad radica
en la aparición de este portador, que permite que la esencia se vuelva una
realidad concreta y que se dé como fenómeno. De este modo, la esencia carga sobre
el portador los contenidos efectivos de su ser y estar, y el portador queda
especificado o indexado por la esencia. Se entiende que la existencia del
portador depende de la esencia, sin llegar a distinguirse con claridad el hecho
de crear al portador del proceso de cargarle con determinados atributos o
características que provienen del qué es de la esencia.
Los componentes que forman la estructura
de la realidad se afirman como permanentes y universales: esencia, portador,
carga, especificación; esto es, dos elementos: esencia y portador, y dos movimientos:
carga y especificación, unidos por una relación necesaria. Con este
señalamiento de Miron, entremos en el texto de Conrad-Martius, Realontologie,
en donde desarrolla extensamente estas ideas.
Conrad-Martius establece, como punto de
partida, el estatuto ontológico del portador, porque únicamente cuando la
esencia carga al portador, se manifiesta la realidad en su especificidad, que
es el modo en que las cosas existen. Los entes reales son producto de la
entrada por completo del qué es de la esencia en un fenómeno que le
permite, de este modo, ser y estar efectivamente. Así que la pregunta ontológica
fundamental está en interrogar por la esencia que está cargando a este portador
y que se nos presenta ante nosotros en su corporeidad.
11. Cuando una verdad llega a la realización o
se hace corpórea, se establece así un “portador” al que se le carga como
contenido real de existencia. O, dicho de otra manera: cuando una verdad se
manifiesta a través de un portador constituido de esta manera, es contenido
real de existencia y el todo es una entidad real.
Veamos ahora la relación ontológica
que se establece entre esencia y portador, que tiene un carácter de correlato;
esto es, la existencia del uno implica la existencia del otro. Se impone la
necesidad de definir cada uno en función del otro, porque separados carecen de
sentido y de existencia. En primer lugar, se tiene la esencia que se manifiesta
necesariamente y, en segundo lugar, el portador que adquiere consistencia real
o entra en la existencia, únicamente en cuanto ha sido cargado por su esencia.
Un portador real se convierte en una entidad al
ser cargado con una esencia; y una esencia se manifiesta como tal cuando
corresponde a un portador fáctico o un hypokeimenon. El hypokeimenon y la
esencia cargada, o como podemos decir ahora, la esencia cargada, solo pueden
definirse mutuamente y de manera interdependiente. Uno no es nada sin el otro.
Se debe tener cuidado de no confundir
la explicación procesual de este fenómeno con pensar que se trata de dos
momentos separados en el tiempo; por el contrario, son plenamente simultáneos.
El portador fáctico está definido por la esencia que le hace ser lo que es; y
la esencia existe exclusivamente cuando se manifiesta en el portador. Ninguno
de los dos momentos existe antes que el otro. Son los dos lados de una misma
realidad, en la que la esencia aporta el qué es y el portador fáctico se
pone como realidad.
Conrad-Martius insiste en que el
portador no es una realidad que exista previamente y que sale al encuentro de
una esencia; esto implica un efectivo proceso de emergencia de lo real, que se
da precisamente en la conjunción permanente de esencia y portador fáctico. La
esencia se carga en el portador, pero, al hacerlo, convierte al portador en una
entidad real; así, la esencia entra en lo real constituyéndolo.
Sobre esta base ontológica,
Conrad-Martius avanza a la dilucidación del sujeto portador, como el momento en
que la verdad de la realidad se realiza, como su punto de llegada más
prominente. El conjunto de elementos que han servido para describir la
relación entre la esencia y el portador fáctico, que son soporte, poder,
representación y carga, ahora encuentran su expresión en el yo, en cuanto
instancia personal de la verdad. La fenomenología que se corresponde con la
ontología real postula la existencia de este proceso de constitución del sujeto
o del yo.
Para ello, cuando hablamos de la peculiar
relación entre el portador real y su propia verdad real en términos de un
soporte, poder, representación y carga, lo que se encuentra en estas
expresiones como característico para la constitución de la realidad también
puede ser fijado en un solo concepto de manera más prominente y ahora central.
Lo real es, a través de su puro ser y estar, un realizador positivo y personal
de su propia verdad o de su propio yo.
En esta ontología real de Conrad-Martius,
la interrelación entre esencia y portador conduce al descubrimiento de un fundamento
constitutivo, que es el yo, en el que la realidad se convierte en la verdad
realizada prácticamente. Estamos de lleno en el plano del idealismo
trascendental en el sentido husserliano del término, aunque aquí la autora ha
pasado del plano cognoscitivo al ontológico, porque el yo realiza la verdad no
solo en cuanto conocimiento puro, sino como momento de la misma realidad.
El portador ha pasado de ser un sujeto
meramente formal a un sujeto en el que la verdad se ha “efectuado”
positivamente o, como también se puede decir, se ha puesto en práctica. Así,
llevamos la realidad a un fundamento constitutivo subyacente que la constituye,
y con ello hemos dado a la vacía noción de realidad la plenitud visual que le
corresponde. Lo real es lo que se ha realizado de manera constitutiva en el
propio yo.
Más allá de los debates sobre este
particular enfoque fenomenológico, interesa mantener esta idea central de la
constitución de los sujetos y las subjetividades, en el sentido de sujetos
portadores que han sido cargados por una esencia, a partir de la cual se
relacionan con el poder o se representan su propia conformación y el mundo en
el que están inmersos.
O, de otra manera, cuando analizamos
los sujetos sociales y las personas, se tiene que introducir la pregunta por la
carga que llevan, soportan, representan, y que les hace ser tales sujetos, en
cuanto son expresión de una esencia que se expresa en ellos. Desde luego, esta
es una esencia no sustancialista, que se mantiene únicamente en la medida en
que se manifiesta y que no puede ser considerada con independencia del portador
fáctico.
Edwig Conrad-Martius parte de
Husserl y, al mismo tiempo, se aleja de este en algunas consideraciones
básicas, que serían inaceptables para este. La diferencia más importante está
en el giro ontológico que le imprime a la fenomenología y, luego, a la
articulación entre la emergencia de la realidad desde sí misma y la
constitución de la verdad de lo real en el yo.
Desde esta comprensión de la
relación de la esencia que carga al portador con el qué es y lo
convierte en sujeto, primero formal y luego real, se puede avanzar hacia otras
situaciones que no son tomadas en cuenta por Conrad-Martius, pero que tienen
igual relevancia. Manteniendo la validez del sujeto portante, los fenómenos relacionados
con otros modos de carga que se dan en la realidad también podrán ser objeto de
análisis. Me refiero, de manera especial, a la situación en la cual ya están
dados los sujetos portadores, bien sean colectivos o individuales. Este es el
hecho más común y cotidiano, y aquí se presenta un nuevo fenómeno: ¿qué sucede
cuando otra esencia se carga en un sujeto portador fáctico ya dado de antemano?
¿Qué serie de transformaciones se producen? ¿De qué manera se altera el
estatuto ontológico del sujeto portador por la entrada de una nueva esencia?
¿Este fenómeno se da de manera irreversible o, por el contrario, puede hacerse
y deshacerse una y otra vez?
Será preciso ampliar, en otros
estudios, el análisis de los antagonismos esenciales que compiten en la
estructuración de los sujetos portadores y los diferentes tipos de sujetos y
subjetividades que se tornan reales y se posicionan como tales; o, como diría
Conrad-Martius, en donde una determinada verdad se realiza. Esta diversidad de esencias
que entran en un sujeto portador será particularmente visible en El capital de
Karl Marx.
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