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jueves, 14 de mayo de 2026

COMUNICAR LA FORMA EN CHARLES SANDERS PEIRCE

 


En los últimos escritos de Charles Sanders Peirce al esquema semiótico tripartito de signo, objeto e interpretante, se le incorpora un nuevo elemento, que es la forma. Esta modificación le añade este elemento significativo y funciona como apertura a nuevos campos de indagación, especialmente para dilucidar la acción de la forma en los procesos de semiosis.

De manera preferente me referiré a dos trabajos tardíos de Peirce: el Manuscrito 793  y Cartas a la Srta. Welby. (Peirce, The essential Peirce: Selected philosophical writings, Volume 2, 1893-1913, 1998) En estos trabajos, la semiótica se desplaza del tratamiento del signo como representación al signo como comunicación. Se trata de una priorización del hecho comunicativo antes que de un borramiento de la representación.

En los últimos escritos de Peirce se centró en la noción de comunicación como característica esencial de toda semiosis, no solo el signo como medio de comunicación entre dos mentes, sino también el signo como medio dentro de la relación de signos, que comunica una forma desde el objeto hasta el Interpretante. (Alrøe, 2025, pág. 8)

La comunicación no agota el campo de acción de los signos, a pesar de que ahora se la considere como el eje central de la semiosis. Es en este contexto en el que Peirce coloca la noción de forma, como parte del proceso comunicativo y de los intercambios de información.

La función general de los signos es comunicar ideas; Esto es igualmente cierto para los pensamientos, signos imaginarios que transmiten ideas del yo del pasado al yo del futuro, como para los signos usados en intercambios externos de información... Sin embargo, esto no significa que la semiosis se agote por la comunicación tal y como se entiende habitualmente. (Bergman, Fields of signification, 2004, pág. 247)

Los estudios suelen enfocarse en esta transformación de la semiótica y se trata de manera muy marginal la cuestión de la forma. Esta queda como un término de comprensión automática sin mayor dilucidación, como si fuera evidente que aquello que se comunica es la forma. En este sentido, no se entra aquí en los debates de la semiótica, sino que se concentra en el papel que juega la forma en el proceso comunicativo del signo y en las consecuencias para una comprensión cabal de la noción de forma, que permita su utilización más allá de la esfera de la semiótica.

Antes de entrar de lleno en los textos que se refieren a la forma, conviene tener presente lo que son los objetivos dinámicos y los interpretantes dinámicos, puesto que se integran a los procesos de comunicación, en donde aparece la forma. El objeto inmediato, parte de la tríada signo, objeto e interpretante, se subsume en el objeto dinámico y ahora se lo entiende como un momento parcial, incompleto, de ese objeto dinámico, que se encuentra cuando la comunicación ya está dada o concluida.

El objeto dinámico cumple dos funciones esenciales para la semiosis: establece una secuencia de signos y los entrelaza, de tal manera que ninguno de ellos quede aislado, es decir, construye una cadena de signos; y, una vez que esta se ha dado, se lo integra en un sistema de signos; únicamente cuando estos dos movimientos están completos, el objeto alcanza su plena significación.

El objeto dinámico es, en cierto sentido, el objeto que genera una cadena de signos. El objetivo de una cadena de signos es llegar a una comprensión completa de un objeto y así asimilar ese objeto en el sistema de signos. Usando términos algo más simplistas, Ransdell (1977, 169) describe el objeto dinámico como el "objeto tal como es realmente", y Hookway (1985, 139) lo describe como "el objeto tal como se sabe que es [al final de la investigación]". (Atkin, Peirce’s theory of signs, 2023, pág. 9)

A su vez, el interpretante dinámico sigue el movimiento del objeto dinámico. Una vez que tenemos el objeto dinámico, entonces se alcanza un nivel de entendimiento; por esto, se afirma que este interpretante corresponde a la interpretación a la cual hemos llegado efectivamente en cada situación comunicativa.

El interpretante dinámico, entonces, es la comprensión a la que llegamos, o que determina el signo, en cualquier etapa semiótica particular. Para continuar con los ejemplos lingüísticos, sabemos que el interpretante dinámico es la interpretación real que hacemos, o la comprensión que alcanzamos, en la primera instancia de interpretación. (Atkin, Peirce’s theory of signs, 2023, pág. 11)

Veamos ahora cómo la forma se ubica en este breve contexto que sea ha delineado. En el Manuscrito 793, en la Nota 22, Peirce introduce el término forma como parte del proceso semiótico de comunicación: “Para los fines de esta investigación, un Signo puede definirse como un Medio para la comunicación de una Forma.” (Peirce, The essential Peirce: Selected philosophical writings, Volume 2, 1893-1913, 1998, pág. p. 544 n. 22) Y en las cartas a Welby: "Utilizo la palabra 'Signo' en el sentido más amplio para cualquier medio de comunicación o extensión de una Forma (o característica)." (Peirce & Welby, Semiotic and significs: The correspondence between Charles S. Peirce and Victoria Lady Welby, 1977, pág. 196) Los términos con los que es necesario tratar aparecen claramente: signo, medio, comunicación y forma. También se enuncia la premisa fundamental: aquello que se comunica es la forma; o en sus variantes: se comunica una forma del objeto; se comunica un objeto formado.

La necesidad de la presencia de la forma que completa la tríada y que posibilita toda comunicación se origina en esas cuasi-mentes que se presentan como formas capaces de indexarse, concretarse o expresarse en una diversidad de manifestaciones. El tipo de forma que se comunica, se manifiesta a través de diversos tokens. La forma sería un type que se indexa en sus tokens.

No es lógicamente necesario que se de por algo que posea conciencia, es decir, un sentimiento de la peculiar cualidad común de todos nuestros sentimientos. Pero es necesario que haya dos, si no tres, cuasi-mentes, es decir, cosas capaces de determinación variada respecto a las formas comunicadas. (Peirce, The essential Peirce: Selected philosophical writings, Volume 2, 1893-1913, 1998, pág. p. 544 n. 22)

El signo es el portador que lleva la forma desde el objeto hasta el interpretante; es decir, desde el objeto dinámico hasta el interpretante dinámico, de tal manera que cierra el círculo de la comunicación. En este sentido, la forma es contenido de la comunicación. Para decirlo con más rigor, el contenido que va desde el objeto al interpretante siempre es forma del contenido; o, un contenido formado de una determinada manera, a través del cual mantiene su unidad y posibilita una variada indexación.

Lo que se comunica desde el Objeto a través del Signo al Interpretante es una Forma... La Forma que se comunica no deja necesariamente de estar en una cosa cuando se trata de estar en otra cosa, porque su ser es un ser del predicado. (Peirce, The essential Peirce: Selected philosophical writings, Volume 2, 1893-1913, 1998, pág. p. 544 n. 22)

El hecho de que la forma esté encarnada representativamente, quiere decir que produce el efecto comunicativo específico, produciendo el cierre del acto comunicativo, permitiendo que este sea eficaz y que el interpretante dinámico comprenda no solo el significado inmediato, sino el sentido completo de lo que se está comunicando.

En el Signo, la Forma puede o no estar incorporada de forma entitativamente, pero debe incorporarse de forma representativa, es decir, respecto a la Forma comunicada, el signo produce sobre el Interpretante un efecto similar al que el propio Objeto tendría bajo circunstancias favorables. (Peirce, The essential Peirce: Selected philosophical writings, Volume 2, 1893-1913, 1998, pág. p. 544 n. 22)

Los dos aspectos de la semiosis, representación y comunicación, se realizan plenamente en la comunicación de la forma. Detrás del proceso de comunicación obligatoriamente está el signo como representación que, en este nuevo enfoque, queda subsumido a la dinámica de la comunicación. Quizás por este papel crucial que se le otorga a la forma, Peirce la asocia a la verdad de la proposición.

El Ser de una Forma consiste en la verdad de una proposición condicional. Dadas las circunstancias, algo sería verdad... La Forma está en el Objeto, podemos decir de forma entitativa, lo que significa que esa relación condicional, o el seguimiento de consecuencia de la razón, que constituye la Forma, es literalmente verdadera para el Objeto. (Peirce, The essential Peirce: Selected philosophical writings, Volume 2, 1893-1913, 1998, pág. p. 544 n. 22)

Probablemente, Peirce va demasiado lejos con esta afirmación que, además, no se amplía ni se fundamenta. Más bien, sería preferible decir que la comunicación de la forma se abre a la esfera veritativa de la proposición, la que puede ser verdadera o falsa. Como dice Umberto Eco, toda semiótica tiene que ser capaz de explicar tanto la verdad como la mentira: “En ese sentido, la semiótica es, en principio, la disciplina que estudia todo lo que puede usarse para mentir.” (Eco, 1976, pág. 22)

La forma es resultante de la dualidad del signo, que representa al objeto y, al mismo tiempo, contiene para referirse al signo en su función de representación como tal. Esto hace que haya un contenido representacional, pero también exista la forma, que remite al signo en cuanto lo conecta con el objeto.

De hecho, en lo que podemos, desde un punto de vista, considerar el tipo principal de signos, hay una parte distinta asignada a representar el objeto, y otra a representar cómo ese mismo signo representa ese objeto. La clase de signos a la que me refiero son los dicisignos. (Peirce & Welby, Semiotic and significs: The correspondence between Charles S. Peirce and Victoria Lady Welby, 1977, págs. 196-197)

En el ejemplo que pone Peirce, se distingue con claridad el objeto en cuanto significado y la relación que se establece entre ellos, “está enamorado de”, como la forma que adopta la relación entre John y Helen. De esta manera, la forma inmersa en el proceso de semiosis es la que le otorga un contenido concreto al objeto del signo, uniendo en un solo paso la representación y la comunicación, logrando que el interpretante dinámico aprehenda el objeto dinámico.

En 'John is in love with Helen', el objeto representado es la pareja, John y Helen. Pero el 'está enamorado de' significa la forma que este signo representa para representar la forma de ser de John y Helena.(Peirce & Welby, Semiotic and significs: The correspondence between Charles S. Peirce and Victoria Lady Welby, 1977, págs. 196-197)

Si bien la forma, al provenir de la realidad o de la ficción, es independiente de la comunicación, no puede prescindir del signo en caso de que quiera comunicarse, lo que incluye su representación. Cuando el signo atrapa la forma, la forma se convierte en el objeto del signo. La semiosis convierte a la forma, que es independiente de la comunicación, en objeto del signo, precisamente para poder comunicarlo. Solamente cuando la forma entre en el proceso semiótico  se da la comunicación, que se convierte obligatoriamente en comunicación de la forma.

La Forma (y la Forma es el Objeto del Signo), tal como realmente determina al Sujeto anterior, es completamente independiente del signo; sin embargo, podemos y debemos decir que el objeto de un signo no puede ser más que lo que ese signo representa lo que es. (Peirce & Welby, Semiotic and significs: The correspondence between Charles S. Peirce and Victoria Lady Welby, 1977, pág. 197)

Al entrar en el campo semiótico, las formas adquieren este estatuto de formas significantes y por esto pueden ser comunicadas por el signo a un interpretante: “On the other hand, Peirce also suggests that the object is similar to an utterer in that it functions as a “repository of ideas or significant forms”. (Bergman, Fields of signification, 2004, pág. 251) Además, se introduce la dimensión social o colectiva, porque estas formas significantes tienen un sustrato común, lo que implica que la producción tanto de formas como de significaciones se da en el marco de la experiencia común.

Además, en el mismo pasaje Peirce introduce el peculiar (y raro) concepto de commens, que puede caracterizarse como el terreno común necesario para que pueda tener lugar cualquier comunicación. Parece ser una forma diferente de decir que la interpretación del signo requiere experiencia colateral, siendo el énfasis que se pone en un conocimiento común o compartido del objeto. (Bergman, Fields of signification, 2004, pág. 413)

 

Bibliografía

Alrøe, H. (2025). The six types of sign action. Semiotica. doi:10.1515/sem-2024-0112

Atkin, A. (2023). Peirce’s theory of signs. (E. Zalta, & U. Nodelman, Editors) Retrieved from https://plato.stanford.edu/entries/peirce-semiotics/

Bergman, M. (2004). Fields of signification. Helsinki: University of Helsinki.

Eco, U. (1976). Tratado de semiótica general. Barcelona: Lumen.

Peirce, C. (1998). The essential Peirce: Selected philosophical writings, Volume 2, 1893-1913 (Vol. 2). (Peirce Edition Project, Ed.) Bloomington, IN: Indiana University Press.

Peirce, C., & Welby, V. (1977). Semiotic and significs: The correspondence between Charles S. Peirce and Victoria Lady Welby. (C. Hardwick, & J. Cook, Eds.) Bloomington, IN: Indiana University Press.

Reyes Cárdenas, P. (2018). Scholastic realism: A key to understanding Peirce’s philosophy. Peter Lang. doi:10.3726/b11107

 

 

COMMUNICATING THE FORM IN CHARLES SANDERS PEIRCE

 


In the last writings of Charles Sanders Peirce, a new element is incorporated into the tripartite semiotic scheme of sign, object and interpretant, which is form. This modification adds this significant element and functions as an opening to new fields of inquiry, especially to elucidate the action of form in the processes of semiosis.

I will refer preferably to two of Peirce's late works: Manuscript 793 and Letters to Miss Welby.  In these works, semiotics shifts from the treatment of the sign as representation to the sign as communication. It is a prioritization of the communicative fact rather than an erasure of representation. (Peirce, The essential Peirce: Selected philosophical writings, Volume 2, 1893-1913, 1998)

In Peirce's later writings he focused on the notion of communication as an essential feature of all semiosis, not only the sign as a medium of communication between two minds, but also the sign as a medium within the sign relation, which communicates a form from the object to the Interpretant. (Alrøe, 2025, pág. 8)

Communication does not exhaust the field of action of signs, although it is now considered as the central axis of semiosis. It is in this context that Peirce places the notion of form as part of the communicative process and the exchanges of information.

The general function of signs is to communicate ideas; this is equally true of thoughts, imaginary signs that convey ideas from the self of the past to the self of the future, as it is of the signs used in external exchanges of information... However, this does not mean that semiosis would be exhausted by communication as it is ordinarily understood. (Bergman, Fields of signification, 2004, pág. 247)

Studies tend to focus on this transformation of semiotics and the question of form is treated in a very marginal way. This remains a term of automatic understanding without further elucidation, as if it were evident that what is communicated is the form. In this sense, we do not enter into the debates of semiotics but concentrate on the role that form plays in the communicative process of the sign and on the consequences for a full understanding of the notion of form, which allows its use beyond the sphere of semiotics.

Before entering fully into the texts that refer to form, it is convenient to keep in mind what dynamic objectives and dynamic interpretants are, since they are integrated into the processes of communication, where form appears. The immediate object, part of the triad of sign, object and interpretant, is subsumed in the dynamic object and is now understood as a partial, incomplete moment of that dynamic object, which is found when the communication is already given or concluded.

The dynamic object fulfills two essential functions for semiosis: it establishes a sequence of signs and intertwines them in such a way that none of them are isolated, that is, it builds a chain of signs; and, once this has been given, it is integrated into a system of signs; only when these two movements are complete does the object attain its full significance.

The dynamic object is, in some senses, the object that generates a chain of signs. The aim of a sign chain is to arrive at a full understanding of an object and so assimilate that object into the system of signs. Using slightly more simplistic terms, Ransdell (1977, 169) describes the dynamic object as the "object as it really is", and Hookway (1985, 139) describes it as "the object as it is known to be [at the end of inquiry]".  (Atkin, Peirce’s theory of signs, 2023, pág. 9)

In turn, the dynamic interpretant follows the movement of the dynamic object. Once we have the dynamic object, then a level of understanding is reached; for this reason, it is affirmed that this interpretant corresponds to the interpretation that we have effectively arrived at in each communicative situation.

The dynamic interpretant, then, is the understanding we reach, or which the sign determines, at any particular semiotic stage. To continue with linguistic examples, we know that the dynamic interpretant is the actual interpretation we make, or understanding we reach, in the first instance of interpretation.  (Atkin, Peirce’s theory of signs, 2023, pág. 11)

Let us now see how the form is located in this brief context that has been outlined. In Manuscript 793, in Note 22, Peirce introduces the term form as part of the semiotic process of communication: "For the purposes of this inquiry a Sign may be defined as a Medium for the communication of a Form."  (Peirce, The essential Peirce: Selected philosophical writings, Volume 2, 1893-1913, 1998, pág. p. 544 n. 22)And in the letters to Welby: "I use the word 'Sign' in the widest sense for any medium for the communication or extension of a Form (or feature)."  (Peirce & Welby, Semiotic and significs: The correspondence between Charles S. Peirce and Victoria Lady Welby, 1977, pág. 196)The terms with which it is necessary to deal clearly appear: sign, medium, communication and form. The fundamental premise is also enunciated: what is communicated is the form; or in its variants: a form of the object is communicated; a formed object is communicated.

The need for the presence of the form that completes the triad and that makes all communication possible originates in those quasi-minds that present themselves as forms capable of indexing, concretizing or expressing themselves in a diversity of manifestations. The type of form that communicates is manifested through various tokens. The shape would be a type that is indexed in its tokens.

It is not logically necessary that anything possessing consciousness, that is, feeling of the peculiar common quality of all our feeling, should be concerned. But it is necessary that there should be two, if not three, quasi-minds, meaning things capable of varied determination as to forms of the kind communicated. (Peirce, The essential Peirce: Selected philosophical writings, Volume 2, 1893-1913, 1998, pág. p. 544 n. 22)

The sign is the carrier that carries the form from the object to the interpretant; that is, from the dynamic object to the dynamic interpretant in such a way that it closes the circle of communication. In this sense, form is the content of communication. To put it more rigorously, the content that goes from the object to the interpretant is always the form of the content; or a content formed in a certain way, through which it maintains its unity and makes possible a varied indexing.

That which is communicated from the Object through the Sign to the Interpretant is a Form... The Form that is communicated does not necessarily cease to be in one thing when it comes to be in a different thing, because its being is a being of the predicate. (Peirce, The essential Peirce: Selected philosophical writings, Volume 2, 1893-1913, 1998, pág. p. 544 n. 22)

The fact that the form is embodied representatively means that it produces the specific communicative effect, producing the closure of the communicative act, allowing it to be effective and for the dynamic interpretant to understand not only the immediate meaning but the complete meaning of what is being communicated.

In the Sign the Form may or may not be embodied entitatively, but it must be embodied representatively, that is, in respect to the Form communicated, the sign produces upon the Interpretant an effect similar to that which the Object itself would under favorable circumstances. (Peirce, The essential Peirce: Selected philosophical writings, Volume 2, 1893-1913, 1998, pág. p. 544 n. 22)

The two aspects of semiosis, representation and communication, are fully realized in the communication of form. Behind the communication process there is necessarily the sign as representation that, in this new approach, is subsumed to the dynamics of communication. Perhaps because of this crucial role given to form, Peirce associates it with the truth of the proposition.

The Being of a Form consists in the truth of a conditional proposition. Under given circumstances, something would be true... The Form is in the Object, entitatively we may say, meaning that that conditional relation, or following of consequent upon reason, which constitutes the Form, is literally true of the Object. (Peirce, The essential Peirce: Selected philosophical writings, Volume 2, 1893-1913, 1998, pág. p. 544 n. 22)

Peirce probably goes too far with this statement, which, moreover, is not expanded or substantiated. Rather, it would be preferable to say that the communication of form opens up to the veritative sphere of the proposition, which can be true or false. As Umberto Eco says, all semiotics has to be able to explain both truth and lies: "In that sense, semiotics is, in principle, the discipline that studies everything that can be used to lie." (Eco, 1976, pág. 22)

The form is the result of the duality of the sign, which represents the object and, at the same time, continues to refer to the sign in its function of representation as such. This means that there is  representational content, but there is also the form, which refers to the sign as soon as it connects it with the object.

Indeed in what we may, from one point of view, regard as the principal kind of signs, there is one distinct part appropriated to representing the object, and another to representing how this very sign itself represents that object. The class of signs I refer to are the dicisigns.(Peirce & Welby, Semiotic and significs: The correspondence between Charles S. Peirce and Victoria Lady Welby, 1977, págs. 196-197)

In the example given by Peirce, the object is clearly distinguished as meaning and the relationship established between them, "he is in love with", as the form that the relationship between John and Helen takes. In this way, the form immersed in the process of semiosis is the one that gives a concrete content to the object of the sign, uniting representation and communication in a single step, making the dynamic interpretant apprehend the dynamic object.

In 'John is in love with Helen' the object signified is the pair, John and Helen. But the 'is in love with' signifies the form, this sign represents itself to represent John-and-Helen's Form to be.(Peirce & Welby, Semiotic and significs: The correspondence between Charles S. Peirce and Victoria Lady Welby, 1977, págs. 196-197)

Although the form, coming from reality or fiction, is independent of communication, it cannot do without the sign in case it wants to communicate, which includes its representation. When the sign catches the form, the form becomes the object of the sign. Semiosis makes the form, which is independent of communication, the object of the sign, precisely in order to be able to communicate it. Only when form enters the semiotic process does communication take place, which necessarily becomes communication of form.

The Form (and the Form is the Object of the Sign), as it really determines the former Subject, is quite independent of the sign; yet we may and indeed must say that the object of a sign can be nothing but what that sign represents it to be. (Peirce & Welby, Semiotic and significs: The correspondence between Charles S. Peirce and Victoria Lady Welby, 1977, pág. 197)

Upon entering the semiotic field, forms acquire this status of signifying forms and for this reason, they can be communicated by the sign to an interpretant: "On the other hand, Peirce also suggests that the object is similar to an utterer in that it functions as a "repository of ideas or significant forms".  In addition, the social or collective dimension is introduced, because these signifying forms have a common substrate, which implies that the production of both forms and meanings occurs within the framework of common experience.(Bergman, Fields of signification, 2004, pág. 251)

Furthermore, in the same passage Peirce introduces the peculiar (and rare) concept of commens, which may be characterised as the common ground requisite in order that any communication can take place. It seems to be a different way of saying that the sign interpretation requires collateral experience, the stress being laid on a common or shared acquaintance with the object. (Bergman, Fields of signification, 2004, pág. 413)

 

Bibliography

Alrøe, H. (2025). The six types of sign action. Semiotics. DOI:10.1515/SEM-2024-0112

Atkin, A. (2023). Peirce's theory of signs. (E. Zalta, & U. Nodelman, Editors) Retrieved from https://plato.stanford.edu/entries/peirce-semiotics/

Bergman, M. (2004). Fields of signification. Helsinki: University of Helsinki.

Eco, U. (1976). Treatise on General Semiotics. Barcelona: Lumen.

Peirce, C. (1998). The essential Peirce: Selected philosophical writings, Volume 2, 1893-1913 (Vol. 2). (Peirce Edition Project, Ed.) Bloomington, IN: Indiana University Press.

Peirce, C., & Welby, V. (1977). Semiotic and significs: The correspondence between Charles S. Peirce and Victoria Lady Welby. (C. Hardwick, & J. Cook, Eds.) Bloomington, IN: Indiana University Press.

Reyes Cárdenas, P. (2018). Scholastic realism: A key to understanding Peirce's philosophy. Peter Lang. doi:10.3726/b11107

 

 

jueves, 7 de mayo de 2026

IMAGEN/PALABRA EN HUELLADEGÜELLA DE LIZ LUIS QUIROGA

 

La relación compleja entre imagen y palabra se extiende a lo largo de los siglos. Épocas, corrientes, estilos, modos de vida privilegian la una o la otra. Disputas interminables entre la iconodulia y la iconoclasia, porque al final de cuentas los iconoclastas terminaban por privilegiar la palabra revelada junto con la prohibición de representar lo divino a través de ídolos. De hecho, gran parte de la posmodernidad ha sido iconoclasta en el sentido de desvalorizar la imagen y dar preeminencia al concepto, muchas veces vacío contenido, e incluso con rasgos calvinistas.

Sin embargo, nos alejaremos momentáneamente de estos debates indispensables para tratarlos a partir de un caso, en el que veremos cómo se da la relación entre imagen y palabra, y específicamente entre imagen y escritura. Una relación que contiene a más de sus referentes directos, una clara alusión al eidos y al logos, ya que en último término se trata de esto. Si se quisiera nombrar con propiedad este enfoque podría denominarse: Eidoslogos. Eidos como pensamiento e imagen, y logos como razón y palabra. El cristianismo como religión de la palabra señala con igual insistencia, desde el inicio, que somos hechos a imagen de Dios, pero que esta hechura ha sido llevada a cabo por la Palabra. Esta dualidad persistente acompañará a la civilización occidental hasta nuestros días.

La serie de relaciones que se dan entre palabra e imagen, sobre un texto radicalmente experimental como es Huelladegüella de Liz Luis Quiroga, inédito. No se trata meramente de ilustrar el texto con una imágenes; o, si se prefiere, la conversión del texto en imagen es, estrictamente hablando, un proceso de Ilustración; esto es, de apertura hacia un mundo de las luces y del conocimiento, a más de la construcción de un doppelgänger estético.

En la Figura 1 se observa, como el aspecto relevante, la elección de la estética del pastiche y del grafiti, que son aspectos que, antes de leer el texto, orientan la interpretación que se le dará; esto es, previamente a la comprensión de las palabras, la imagen ya coloca los significados en un contexto marcado por la cultura popular urbana, cercana de las visualidades del rock y del metal. (Todas las ilustraciones son de Liz Luis Quiroga, excepto la Figura 1 que es del diseñador Christian Velasco).

La deconstrucción de la figura clásica, la Gioconda, anuncia el tipo de trabajo experimental que se realiza sobre el texto, que se desliza hacia la ruptura y estallido de los significados corrientes y conocidos, para dar paso a la destrucción y reconstrucción de otros sentidos que antes no estaban presentes en el español.

 

    Figura 1.

La estética del pastiche y el grafiti no se quedan en el exterior de la textualidad; por el contrario, sus elementos plásticos penetran en la sintaxis, que llevan a un cierto nivel caótico del lenguaje, pero que, si se presta suficiente atención, terminan por inventar nuevas palabras y significados, ampliando de este modo el campo semántico del español.

en donde te has metido mona lisa acelerada en la casa queda nadie, intenflexiones tropicálidas sintagpramáticas diacánicas escritura glotopaladial antesignificante presemémica morfeómica se meiosis monstruismo redondancia frase siseo con mucho swing a la Saussauge a la arbitraria

Este texto de Huelladegüella describe bien el conjunto de transformaciones en la gramática estándar, desde luego, con un dosis grande de humor, sin el cual no puede ser entendido a cabalidad. Así, el conjunto de tropos se transforma en intenflexiones tropicálidas, la semiosis se convierte en se meiosis monstruismo, que recuerda la partición de las células y la posibilidad de los monstruos, sin dejar de afirmar que todo esto finalmente puede reducirse a un truismo, Saussure aparece como un tipo de salsa Saussauge y queda claro que el texto entero tiene ahora mucho swing.  

Tomemos otro fragmento de la obra de Liz Luis Quiroga:

te deseso mucho te cepillo el xexo del otro xenofília el amor siempre es recíporco te deseso me decesas en dónde fallamos ¿en Valencia? yo te reciproco tú me reciprocas yo te tú me pulsióname aquí ¡quanta nece.si.dad nescio fallócrata! procrastíname ¡déjame para más tardecito! desovíllame desóvame, amárguese que no es foco, álvvvvvvaro todavía duermes laureal despierta Imogen tenemos un im.pase, ¿análisis interminhado? noto noda notu noya en mi espalda tu imogen subliamada, en mi espada tu imagen recortada calibre colt 45, deseo subprime te recuerpo te vengo de improviso te llego de sorpresa

De este texto con claras referencias freudianas, que difícilmente podría trasladarse a una sola imagen, se extraen dos palabras nucleares que sintetizan su contenido: pulsióname y fallócrata, Figura 2. Se produce una primera segmentación con sus consecuencias: ruptura de la linealidad del texto y, por tanto, de su secuencia, aislamiento de determinados significados. De este modo, están listos para trasladarse al plano estático de la imagen y a la percepción intuitiva de esta y de sus contenidos.


Figura 2. Pulsióname Fallócrata,


La imagen resultante no trata de erigirse ella misma como autónoma; por el contrario, depende claramente del texto: sin embargo, su tarea, en este caso, es permitir de manera inmediata la percepción de los términos colocados en un determinado contexto. Más que evadir el concepto, la imagen la desplaza para aclararla y para encontrar en ella las posibilidades de la concreción de su significado.

El Pulsióname Fallócrata remite en el texto a la matriz freudiana de las pulsiones, pero aquí son convertidas en la posibilidad de una acción externa. Alguien desde fuera introduce una pulsión y esto, desde luego, ya suena mucho más a Lacan que a Freud. Luego se nombra a aquel que me pulsiona, que no es otro que un falócrata patriarcal, aunque el significante se desplaza para permitir la aparición de la principal característica del falócrata, y de cualquier sujeto masculino: siempre falla. Falo y falla se fusionan en una sola palabra.

A su vez la imagen permite, de un vistazo, encontrarnos con estos significados, antes de ponernos a reflexionar de manera analítica sobre ellos. Pero, la imagen está lejos de quedarse en el traslado pasivo de los contenidos experimentales del texto y elige un mundo en el que esta frase tiene lugar y, desde luego, sentido.

La imagen neogótica conduce al desplazamiento y ampliación del significado originario de Pulsióname Fallócrata. Rápidamente podría aparecer una serie de colapsos de las nuevas posibilidades de significación traídas por esta forma de expresión gráfica: en este caso, se trata de una portada de disco, un título de una canción, el nombre de un grupo punk, y así por el estilo. Ha entrado en otro campo semántico, llevado de la mano de la tipografía proveedora de un ritmo sugerente que rompe la rigidez de la escritura.

Se produce de manera simultánea la ampliación del significado y su corrimiento metonímico hacia una determinada esfera de la cultura contemporánea, como es el metal y el punk, rodeados por la estética neogótica que le acompaña. Siguiendo a Wittgenstein se diría que la imagen encuentra el lugar de enunciación de la frase Pulsióname Fallócrata; es decir, nos permite imaginar en que contextos esta frase pudo decirse. Con facilidad se forma en nuestra mente la figura de un cantante de rock pesado aullando en la noche llena de ruido y de furia: Pulsióname Fallócrata… Pulsióname Fallócrata… Pulsióname Fallócrata.

La imagen no solo está enredada en el juego de volver presente lo implícito de las palabras. Inventa nuevos significados. Conduce y realiza el texto que, después de la imagen, ya no se interpretará en la soledad de la palabra. Por supuesto, la conexión realizada es parcial; tanto la palabra como la imagen son capaces de viajar a otras esferas y de juntarse con otros modos de expresión.

Se ha producido la fusión de mostrar y decir. La imagen que no cesa de decir; la palabra que no cesa de mostrarse. Un fenómeno tan profundamente cotidiano en los espacios digitales y en la publicidad generalmente vueltos invisibles precisamente por la eficacia de su funcionamiento.

En esta siguiente ejemplo, Figura 3, la imagen aun con una mayor economía de elementos logra desentrañar a cabalidad el significado de la frase: Asimisma ensimismada. Se ha producido como el caso anterior las correspondientes segmentaciones y selecciones textuales para trasladarlas al espacio gráfico.

El texto de Liz Luis Quiroga dice:

loop circuanular moebius que se llama a sí misma asimisma ensimismada lalengua elhabla reflexión pura desinencia sin rizoma hojas sueltas al viento ojos sueltos al viento bla bla bla

Y la imagen responde de la siguiente manera, permitiendo la emergencia de este doppelganger:

 

Figura 3. Asimisma Ensimismada.

El trabajo de la imagen sobre el texto produce un drástico cambio de sentido. La frase de partida está colocada en los ejes sintagmático y paradigmático referido a la lengua como un fenómeno autocontenido, cerrado en sí mismo y finalmente con una estructura circular. Cada palabra se define por el conjunto de otras palabras y no hay posibilidad de escapar del ámbito lingüístico.

La imagen de la Figura 3 nos habla del lenguaje y de su enclaustramiento. Utiliza este significado inicial con la finalidad de introducir una mirada femenina dada por la elección de la tipografía, fluida, móvil, nada precisa de la palabra asimisma. Un gesto profundamente reforzado por la aguja y el hilo apelando a una persona que se cose ella misma y que termina con esto ensimismada. La redundancia del proceso de volverse hacia dentro ocluyendo los ventanales viene dada por el término misma o por la mismidad tan llamativa en la imagen.

En este ejemplo, no se trata de un ejercicio puramente ilustrativo, sino del forzamiento de la estrategia metonímica. Cambio radical del referente, desplazamiento de la lengua a lo femenino o, quizás, descubrir en la lengua su género. Se podría sintetizar como la lengua de lo femenino, también ensimismada, asimismo cosida, siempre autorreferencial. Nótese que el español admite asimismo, pero no asimisma.

Una vez que la imagen ha introducido una distinción que estaba ausente en el texto se crea un campo marcado esta; es decir, se convierte en una forma productora que permite la emergencia de otras figuraciones, desplegando de este modo la imagen y llevando al texto original hacia nuevos espacios hasta ese momento desconocidos.

La imagen inicial actúa como el punto de partida para un campo de interpretaciones; se podría decir que la imagen actúa como el interpretante, en el sentido de Pierce y Eco; pero, es un interpretante visual. De la mano de este, se desarrollará un ámbito entero en donde nuevas imágenes ampliarán los significados originarles contenidos en el texto.

En el caso de la forma gótica que adquiere el segmento de Huelladegüella, como distinción formadora, comienza a indexarse en otros momentos de la conjunción entre texto y palabra, en la dinámica permanente de metonimia y nuevas visualidades; o, para ser más preciso, nuevas visualidades que trabajan metonímicamente sobre las palabras.

En este campo de posibilidades abiertas por el interpretante gótico, el siguiente paso indexa los textos en un contexto de la música metalera o punk, y propone una serie imaginaria de portadas de disco con esta temática. En la Figura 4, la imagen extrae solamente el qhuir you y lo transforma en el título del supuesto álbum de música.

m. Pero ¿qué mismo sostenía Dióscuro el antipapa? Probablemente una papaya, une pomme de terre linchada, tres sonajeros para entretener a los bebés trinitarios, seguro una copa de vino copto esto es una copta, una foto de la pirámide de Giza, sostiene diósoscuro que eran heterónimos lésbicoqueernobinarios dersusala teología qhuir you sostiene dióscuro que el impío Marciano le dijo:

a. Cuando pronuncio una palabra, me contestas con dos

 

Figura 4.

La elección de una estética informalista, marcada por el contraste blanco/negro, torna presente, de manera brutal, la afirmación de la genericidad queer, con todo lo que implica en la sociedad actual. Sin embargo, la imagen no solo vuelve patente el hecho queer, sino que amplía el campo semántico del término, recurriendo a la ambigüedad del lenguaje.

La palabra inventada qhuir es idéntica en su pronunciación que queer; al hacer este ejercicio lingüístico mantiene la referencia a lo queer e introduce un nuevo significado, al incorporar la palabra huir dentro de queer. Así, el término funde en un solo movimiento el señalamiento de la identidad queer con la huida, quizás mostrando la dificultad de asumir esta genericidad, que lleva a fenómenos de ocultamiento. Este giro se ve reforzado por el señalamiento qhuir you, en donde el you puede ser tanto celebratorio como condenatorio. Y todo esto se percibe directamente, de una sola mirada, y no a través de este largo razonamiento, cuestión que viene después de la percepción de la imagen.

El siguiente movimiento que hace la imagen es convertir la idea central Qhuir, Figura 5, en un conjunto de títulos de canciones que están dentro del álbum. Se sigue el mismo procedimiento de colapsar en un solo término, al menos dos significados, lo que se captan de una sola vez. Se inicia la construcción de un vocabulario que amplía la duplicidad ya contenida en Qhuir you.


Figura 5

 










Cuadro 1. Ampliación del campo semántico

Tucontututu

Referencia a un travestí, con tutú, y la soledad de uno consigo mismo, tú con tú

Atrabesar

Al cambiar la v por la b, funde el beso con el hecho de atravesar al otro

Escorpiamame

Amor y dolor del amor unido con el escorpión

Lujauria

Muestra la magnitud de la lujuria al unirla con jauría

Eternimiedad

La banalidad de lo eterno

Memiramenti

Mirarse en el otro como acto de amor y mentira a la vez

 

En la Figura 6, la imagen selecciona el término Rhumor, nuevamente para resaltar la unión de dos significados que, en el lenguaje ordinario, los encontramos separados; aquí rumor y humor forman una palabra nueva, que a pesar de todo la reconocemos como si fuera familiar.

lenguas de juego en el zócalo leguas de griterío asolando rhumor rhumor y en la plaza vaciada laura en la in.solación se entrega a la carnícula manos dev.oradoras imploran y ella roza las oraciones trova salsa merengue las yeguas del ego como saltimbanquos se en ardecen laura se consumerge /alea llacta est/

Figura 6

La elección de la estética para rhumor coloca la palabra en blanco sobre un claroscuro, indicando que el rhumor se encuentra siempre en una penumbra y que tiene la connotación de algo que no sabe de dónde viene ni quién lo enuncia; por eso, allí hay una persona recortada, que no sabemos quién es ni qué hace en ese lugar.







Figura 7

La contraportada del disco introduce en la estética difusa del rhumor, Figura 7, el aspecto del humor, fundiendo los dos significados en una serie de variantes que, de este modo, refuerzan la aparición de nuevos sentidos, que se desprenden de la unión de los dos términos.







Cuadro 2. Rhumor

Cut cut cuchillita maurillera

Construcción de una sonoridad, tómese en cuenta que es el nombre de una canción

Cat cat navajita sueca

Variación de la primera canción, que reemplaza cut cut por cat cat

Los secuaces más adentro

Probable referencia a una historia relacionado con el rhumor

Cuclillo afilado

Desplazamiento de cuchillo a cuclillo, manteniendo afilado; esto es, un pájaro afilado

Sencuentra conmideseo

Fusión de palabras para acentuar el encuentro y el deseo

Lagartos acústicos

Bien podría ser el nombre de un grupo de rock

 

La relación entre palabra e imagen en estos ejercicios sobre Huelladegüella de Liz Quiroga escapan a esta relación dual y proponen su rebasamiento. Los sentidos no funcionan solos o aislados. Ver provoca inmediatamente una serie de estímulos tanto en las áreas verbales como en las sonoras del cerebro. Los sentidos y las sensibilidades se contagian entre sí, aunque no siempre seamos conscientes de estos procesos neurológicos.

Aquí se produce la conjunción del neogótico de las imágenes, incluidas las portadas de discos y títulos de canciones, con los textos experimentales y extraen de estos su lado más áspero. De este modo, se inventa una canción punkera a partir de los contenidos de la obra literaria y se descubre dentro de ella el profundo sentido rítmico que la habita; en realidad, la combinación de ritmos y arritmias.