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domingo, 19 de abril de 2026

FORMA Y ESENCIA EN PLATÓN

 



El camino hacia una definición de la noción de forma pasa necesariamente por Platón, quien coloca desde el inicio de sus obras este tema y progresivamente le conferirá un papel central en su sistema filosófico. Las reflexiones sobre la forma regresan inevitablemente a esta matriz, por lo que es preciso posicionarse sobre sus concepciones. La aproximación que se realiza en este trabajo no tiene la intención de reconstruir los interminables debates en torno a Platón, cuestión imposible dada su amplitud. Por esto, se centra exclusivamente en establecer, de manera sintética, el núcleo de la teoría de la forma en Platón, que sirva como insumo para su dilucidación contemporánea.

Tomo como referencia dos reflexiones actuales que considero que arrojan luz sobre un modo correcto de entender la forma platónica: la relación entre forma y esencia, tal como la plantea Vasilis Politis; y las transformaciones que sufre la forma en los últimos diálogos de Platón, especialmente en el Parménides y en El Sofista, analizados por Cordero. (Politis, Plato's Essentialism: Reinterpreting the Theory of Forms, 2021) (Cordero, 2016) Con el fin de contextualizar estas visiones de Platón, se puede consultar el trabajo de Larsen y Politis (Larsen & Politis, 2025).

La primera frase del texto de Politis enuncia la tesis central de su trabajo, en torno a la cual girará su interpretación de Platón: forma y esencia son lo mismo; esto es, la esencia es forma. Este argumento se sostiene en el entendimiento de que la esencia pregunta por el ti esti, ¿qué es?, y no intenta otra cosa que responder a esta interrogación.

El tema del presente estudio es la teoría de las Formas de Platón, como solía llamarse. La tesis del estudio es que las Formas de Platón son simplemente esencias y que la teoría de las Formas de Platón es una teoría de la esencia – esencias, en el sentido de lo que nos comprometemos por la suposición de que la pregunta ti esti ('¿Qué es?') puede plantearse y, si todo va bien, respondida. Esta tesis dice que las características que, como se reconoce generalmente, Platón atribuye a las Formas, se las atribuye porque piensa que puede demostrarse que las esencias, en el sentido original y mínimo de esencia, deben caracterizarse así. (Politis, Plato's Essentialism: Reinterpreting the Theory of Forms, 2021, pág. 1)

Si bien esta tesis se sustenta claramente sobre este correcto sentido de la esencia, que indaga por lo que una cosa es, o por aquello que hace que una cosa sea lo que es, deja sin responder su relación con la forma. ¿Por qué el hecho de preguntar por la esencia significa introducir la cuestión de la forma? La conclusión que se desprende de este razonamiento es que la pregunta por la esencia es equivalente a la pregunta por la forma. En otros términos, responder al qué es una cosa significa reconocer la forma que está detrás de ella como su esencia. Todo lo que existe está formado de alguna manera.

Se puede precisar esta relación entre forma y esencia aclarando que la esencia se da a sí misma en los entes como forma; así, descubrir su esencia es igual a reconocer la forma que le hace ser lo que es; esto es, la esencia tiene esta función formadora. Se asume que, en cuanto los entes tienen una esencia, poseen simultáneamente una forma. Además, la conclusión resultante de este razonamiento conduce a expresar que, si todo tiene una esencia, entonces, todo tiene una forma. Lo informe, al igual que el no-ser, como se verá más adelante, existe de manera relacional; es decir, esta realidad es informe respecto de esta otra realidad; pero, en sí misma no lo es.

Esta cuestión de la identidad entre forma y esencia, resulta evidente cuando se mira un objeto cualquiera en la vida diaria, en la cual responder a la pregunta de qué es, generalmente resulta sencillo; sin embargo, cuando se refiere a cuestiones como el bien, la verdad, la belleza y la justicia, la cuestión se torna harto difícil. En estos casos, estamos obligados a realizar extensas y profundas consideraciones para responder a la pregunta, y las respuestas que se dan siempre son objeto de disputa. Así, la forma justicia requiere de una indagación detenida para saber cuál es su esencia.

Si hay algo de lo que Sócrates, tal y como lo representa Platón, está convencido, es que la  cuestión de los ti esti, especialmente cuando se plantea sobre ciertas cosas o cualidades, como la belleza, la igualdad, la unidad, la justicia, es una de las más importantes y profundamente difíciles, cuya respuesta es una tarea importante y requiere una investigación exigente. (Politis, Plato's Essentialism: Reinterpreting the Theory of Forms, 2021, pág. 2)

Una vez dada esta primera consideración que entrecruza esencia, forma y la pregunta ¿qué es?, Platón exige que la respuesta a esta interrogante sea unitaria y explicativa. Estos dos requerimientos necesarios se refieren a un problema mucho más complicado, que emerge de la existencia de lo múltiple, respecto de lo cual la esencia es la unidad; esto es, entes que comparten la misma esencia y que, por este motivo, son iguales, parecidos o pertenecen al mismo campo de fenómenos sin que sean necesariamente idénticos.

Si se observa que una realidad p tiene la esencia r, y que otra realidad q tiene la esencia r, y así con una serie de objetos, tenemos que admitir que diversas realidades pueden tener la misma esencia; pero, esta esencia no surge por medio de procedimientos inductivos, sino que rebasa el hecho concreto; y, por esto, la respuesta a través del ejemplar a la pregunta qué es, se torna insuficiente; de la misma manera, la pregunta ¿qué es el color?, no se resuelve diciendo este objeto es de color rojo o verde. La esencia del color recubre el conjunto de todos los colores.

A más de su carácter unitario, las esencias deben poseer un carácter explicativo. Las esencias que hacen que una cosa sea lo que es, son suficientes para posibilitar que esa cosa sea lo que es. La esencia confiere al ente los atributos y las características que le hacen ser lo que es: “Platón asocia requisitos sustantivos adicionales con la  pregunta ti esti; en particular, la respuesta a la pregunta debe ser unitaria y debe ser explicativa”. (Politis, Plato's Essentialism: Reinterpreting the Theory of Forms, 2021, pág. 2)

El siguiente paso que tiende a darse casi de manera automática es interpretar a Platón siguiendo las elaboraciones de Aristóteles (Aristóteles, 1994); rápidamente se vincula a la esencia con la sustancia; pero hay que quedarse en la definición directa de la esencia, como forma que hace que una cosa sea lo que es, sin presuponer ni conferir existencia a aquello de lo cual es esencia: “De esto se deduce que, contrario a una comprensión común de las Formas de Platón, no tenemos ninguna razón para suponer que las Formas sean sustancias que tienen esencias; todo lo que tenemos razones para suponer es que simplemente son esencias” (Politis, Plato's Essentialism: Reinterpreting the Theory of Forms, 2021, pág. 11). Por ejemplo, se puede decir que un unicornio tiene las propiedades x,y,z, sin que esto implique su existencia efectiva; cabe elaborar detalladamente lo que es la justicia, aunque el mundo sea fundamentalmente injusto.

Como señala Politis, la discusión que aquí está en juego radica en sostener la posibilidad de una teoría de la esencia que no incluya una definición sobre la sustancia y que presupone la existencia de un primer principio, del cual se origina todo lo demás; por lo tanto, es preciso rescatar la posibilidad de una vía diferente de la aristotélica: “Suponer esto es asumir que no puede existir teoría de la esencia salvo en combinación con una teoría del ser primario y la visión de que los seres primarios son sustancias: una suposición monumental”. (Politis, Plato's Essentialism: Reinterpreting the Theory of Forms, 2021, pág. 12)

Para una configuración del sentido de la esencia y la forma, este aspecto será crucial, especialmente porque permite la utilización de la noción de esencia quitándole la carga sustancialista que se le pone encima; más aún, afirmando la necesidad del uso correcto del término esencia, tal como lo podemos ver en autores como Marx en el análisis de la forma-valor como fundamento y esencia, y en Spivak con su uso estratégico del término esencia. Por lo tanto, se puede sostener la plena validez de una esencia no sustancialista, que permite la comprensión de fenómenos iguales o similares; en caso contrario, la realidad se disolvería en la diferencia. La esencia como forma explica tanto la mismidad como la diferencia. (Marx, 1975) (Spivak, 2012)

La cuestión de las formas, como esencias que son, se concibe en Platón de manera diferenciada dependiendo del tipo de cosas de las que se esté tratando. Se distinguen cuatro esferas: aquellas cosas como la unidad y la pluralidad, y la justicia, el bien y la bondad, que son independientes de la percepción sensible y que, de hecho, no se pueden captar por los sentidos, sino solo por el razonamiento. No podemos observar el bien, la verdad o la justicia, porque no son cualidad de las cosas sensibles; podemos establecer que un hecho es justo o injusto, pero allí no está la justicia como un universal. Y las otras dos, que son ciertos atributos como el agua o el fuego, y aquello que se denomina más tarde accidentes, que están adheridos a las cosas y no se pueden separar de ellas.

Al plantear esta cuestión a Sócrates —la cuestión de si, respecto a ciertas cosas, existen formas separadas de esas cosas— Parménides distingue entre cuatro tipos de cosas respecto a las cuales esta cuestión puede plantearse: i. Cosas como semejanza y nosemejanza, unidad y pluralidad: ¿Existen formas separadas de esas cosas, es decir,  ¿Separados de las cosas perceptibles por los sentidos que son similares o diferentes entre sí, o que son unitarias o no unitarias? ii. Cosas como la justicia, la bondad y la belleza: ¿Existen formas separadas de esas cosas, es decir, separadas de las cosas perceptibles por los sentidos que son justas, buenas o bellas? iii. Cosas como el agua, el fuego o los seres humanos: ¿Existen formas separadas de esas cosas, es decir, separadas del fuego, agua y seres humanos perceptibles por los sentidos? Por último, iv. Cosas como el barro, el pelo y la suciedad: ¿Existen formas separadas de esas cosas, es decir, separadas del barro, la suciedad y el cabello perceptibles por los sentidos? (Politis, Plato on Essences and Forms, 2025, pág. 489)

Por supuesto, Platón no llega a la concepción de unas formas que producen formas, aunque tiene que admitir que las cosas concretas tienen formas y que estas pueden ser señaladas para responder a la pregunta ¿qué es? Este aspecto de la teoría de la forma llegará mucho más tarde, especialmente de la mano de George Spencer Brown. (Spencer Brown, 1972) Más bien, se deja constancia de la variedad de esencias y de la diversidad de sus relaciones dependiendo del tipo de entes con los que estemos tratando, incluyendo esos principios ideales como el bien, la verdad y la justicia.

La teoría de la forma platónica, así formulada, aún plantea desafíos para su comprensión y, sobre todo, para su uso contemporáneo. Politis señala las principales características de la forma:

Las características que Platón atribuye a las Formas incluyen las siguientes: Las Formas son inmutables, uniformes, no perceptibles por los sentidos, conocibles solo por el razonamiento, base de la causalidad y la explicación, distintas de las cosas perceptibiles por los sentidos, necesarias para el pensamiento y el habla, separadas de las cosas físicas. (Politis, Plato's Essentialism: Reinterpreting the Theory of Forms, 2021, pág. 1)

En este momento, interesa tratar la primera característica, porque tomándola tal como está formulada, conduce a una metafísica inaceptable, porque transforma la esencia en algo fijo y separado de la realidad, y podría dar lugar a que se la interprete como una sustancia: Forms are changeless. Retomo los planteamientos de Néstor Luis Cordero, con la finalidad de analizar los cambios que sufre la teoría de la forma en Platón, en el Parménides y, especialmente, en el Sofista, que proporcionan una imagen distinta de la forma e introducen en ella la posibilidad de movimiento y cambio. (Cordero, 2016) (Platón, Parménides, 1992) (Platón, Sofista, 1992)

Los problemas surgen en Platón en el momento en el que trata de explicar aquellos aspectos que no son compatibles con la visión monística derivada de Parménides, porque parece insuperable la contraposición entre el ser es y el no-ser no es: mismidad y diferencia, unidad y multiplicidad, verdad y falsedad, razón y sensibilidad, entre otros. En último término, ¿cómo explicar que haya cosas que son?, ¿cómo decir de algo que no es, que es?

Platón entra de lleno a desarrollar una ontología, manteniendo el hallazgo fundamental de la esencia como forma, y su carácter no sustancialista. El paso del qué es al qué existe y de qué manera existe, implica transformaciones radicales en su concepción de la forma. En este contexto, Platón formula de manera explícita la relación entre forma y ser, porque descubre la forma del ser; o, de otro modo, que el ser es una forma.

Ext. — Aquél, escabulléndose en la tiniebla del no-ser, actúa en combinación con ella, y es difícil distinguirlo a causa de la oscuridad del lugar, ¿no es así?

Teet. — Así parece.

Ext. — El filósofo, por su parte, relacionándose siempre con la forma del ser mediante los razonamientos, tampoco es fácil de percibir, a causa, esta vez, de la luminosidad de la región. Los ojos del alma de la mayor parte de la gente, en efecto, son incapaces de esforzarse para mirar a lo divino. (254a) (Platón, Sofista, 1992, pág. 435)

 

En términos de Cordero, “el filósofo es un “ontólogo”, un experto en la Forma del Ser, al punto de estar “aferrado” a ella” (Cordero, 2016, pág. 175), y este será un hallazgo crucial, porque permite, al mismo tiempo, resolver las dificultades de una forma fija y conferirle movimiento, y, por otra parte, el ser como forma, participe de lleno de las características de esta. Platón llega, de esta manera, a una ontología de la forma.

 

El ser como forma tiene la capacidad de comunicarse; de hecho, la comunicación es el modo cómo el ser dota de existencia a aquello que solo tenía esencia. La comunicabilidad de las formas rompe su aislamiento y le prepara para explicar plenamente la realidad que tiene frente a sí, como la existencia del movimiento y el reposo, o de la unidad y la multiplicidad. 

 

Ext. —Puesto que se ha admitido que algunos géneros aceptan comunicarse recíprocamente y otros no, que algunos lo hacen con unos pocos y otros con muchos… (254b) (Platón, Sofista, 1992, pág. 435)

Conferir el ser es, ante todo, un movimiento de comunicación entre formas; más aún, en las hermosas palabras de Cordero, se comunica existencia: “La Forma del Ser, como fue el caso de la Forma del Bien, es funcional, no tiene una esencia precisa (como podría ser la belleza, la justicia, la pequeñez): es puramente dinámica, comunica existencia”. (Cordero, 2016, pág. 175)

La participación, que es otra característica fundamental de las formas, posibilita la relación entre elementos que, de otro modo, aparecen como totalmente aislados y sin capacidad de interrelacionarse. De esta manera, la cuestión crucial de la relación entre lo inteligible y lo sensible quedaría sin poder resolverse. La capacidad de comunicarse incluye la participación; esto es, los dos planos participan de la forma ser y, a través de esta, logran comunicarse.

O la Forma participa, o no existe. Y como la capacidad de comunicar (de actuar o de ser afectado) concierne a todo, so pena de no existir, no hay ya distinción —como vimos- entre lo sensible y lo inteligible. Mediante la participación y la presencia, lo sensible y lo inteligible participan mutuamente; gracias a la comunicación recíproca las Formas comunican entre sí (de manera selectiva, lógicamente) y, sin necesidad de justificarlo, ya que Platón siempre lo admitió, lo sensible comunica con lo sensible. (Cordero, 2016, pág. 176)

Platón se enfrenta, finalmente, al problema del no-ser, ya que ha admitido que el no-ser existe de alguna manera. Si el ser es la mismidad y el no-ser, lo diferente, ¿en qué consiste el no-ser?, ¿cuál es el estatuto ontológico del no-ser? Se insiste en mantener la tesis de Parménides de que el no-ser no es; pero, se introduce un matiz que altera el monismo parmenideano y lo abre a la comprensión de la negatividad.

Ext. — Hay que admitir, entonces, y sin enojarse, que el cambio es lo mismo y no lo mismo. Cuando decimos que él es lo mismo y no lo mismo, no hablamos en el mismo sentido, sino que afirmamos que es lo mismo cuando nos referimos a su participación con lo mismo en sí y cuando decimos que es no-lo-mismo aludimos a su comunicación con lo diferente, gracias a la cual se separa de lo mismo y se convierte no en aquello, sino en algo diferente. De este modo, también es correcto afirmar que es no-lo-mismo. (256ab) (Platón, Sofista, 1992, pág. 443)

Si se mantiene que el no-ser no es, ¿qué es aquello que se nombra como lo no-mismo?, es decir, el no-ser, lo diferente. Platón introduce la variante relacional del no-ser: no existe el no-ser en general, pero hay cosas que no son. Para que esto no conduzca a una contradicción, se interpreta como una cosa que no es respecto de otra, aunque ella, por sí misma, tenga su propia esencia. Así, lo no blanco solo existe en relación con lo blanco, y no podría sostenerse de manera aislada.

La consecuencia principal del comentario del Extranjero sobre el carácter relativo de lo Diferente (pues nada es Diferente en sí; hace falta un término de comparación) será la confirmación del valor solamente predicativo del no-ser al que se llegará… Como observara Bluck (1975: 148):“Los casos de Diferencia son necesariamente relativos [relational] y, en consecuencia, lo Diferente en sí, qua norma [standard] paradigmática, es necesariamente relativo [relational]” (Cordero, 2016, pág. 185)

El giro incorporado por Platón permite, al mismo tiempo, salvar la premisa de Parménides, el ser es y el no-ser no es, y, por otra parte, establecer el modo de existencia de las cosas que no son. Desde una determinada perspectiva, se puede decir que algo no es, pero solo en relación con algo que es. La negatividad surge en oposición a una positividad que, como tal, ya está dada. Así, la falsedad es la negación de una verdad; pero, si estuviera completamente aislada, carecería de sentido.

Las implicaciones para los debates sobre la nada, como recurso metafísico que se repite a lo largo de la historia de la filosofía, develan la imposibilidad absoluta de la nada; y que cualquier discurso en torno a ella deberá considerarse como la negación de todo lo existente. La nada por sí sola carece de significado y no se puede enunciar o predicar algo acerca de ella; en cambio, es posible tener un discurso o dotarle de una función si se le contrapone a la realidad dada, efectivamente existente. Esta es el valor del nihilismo; y el señalamiento de los límites de las vías apofáticas.

De manera sintética, los hallazgos de la teoría de la forma en Platón son:

La esencia responde a la pregunta ¿qué es? Y este es el núcleo de su definición.

La esencia es una forma. Forma y esencia son lo mismo.

El uso del término esencia no implica una concepción sustancialista de la realidad.

En el plano ontológico, el ser es forma: forma de ser.

Las características principales de la forma de ser son la comunicabilidad y la participación, que resuelven la cuestión del ser y no-ser; y, por tanto, del movimiento y reposo, unidad y pluralidad, sensible e inteligible.

La esencia responde a la pregunta ¿qué es? Y este es el núcleo de su definición.

El no-ser no es; pero existen cosas que no son. Este no ser de las cosas se da únicamente en término relacionales. El no-ser como tal no existe; algo no es respecto de algo que es, como su negación.

 

Estos elementos deberán ser tomados en cuenta, debatidos y transformados, para integrarse a una teoría general de la forma, que sea contemporánea y que dé cuenta de las exigencias actuales de esta teoría; por ejemplo, ¿de qué manera estas consideraciones platónicas sobre la esencia y la forma pueden ser incorporadas y redefinidas si se afirma que la forma es la introducción de una distinción? ¿Se puede sostener que la esencia es aquello que introduce una distinción?

 

BIBLIOGRAFÍA

 

Aristóteles. (1994). Metafísica. (T. Calvo Martínez, Trad.) Madrid: Gredos.

Cordero, N. (2016). Platón contra Platón: La autocrítica del Parménides y la ontología del Sofista. Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Editorial Biblos.

Larsen, P., & Politis, V. (Edits.). (2025). The Platonic Mind. London; New York: Routledge.

Marx, K. (1975). El Capital (Vol. Tomo I/Vol.I). (P. Scaron, Trad.) México: Siglo XXI.

Platón. (1992). Parménides. En Platón, Diálogos (Vol. V, págs. 7-136). Madrid: Gredos.

Platón. (1992). Sofista. En Platón, Diálogos (Vol. V, págs. 319-482). Madrid: Gredos.

Politis, V. (2021). Plato's Essentialism: Reinterpreting the Theory of Forms. Cambridge: Cambridge University Press.

Politis, V. (2025). Plato on Essences and Forms. En P. Larsen, & V. Politis (Edits.), The Platonic Mind. London; New York: Routledge.

Spencer Brown, G. (1972). Laws of form. New York: Julian Press Inc.

Spivak, G. C. (2012). An aesthetic education in the era of globalization. Cambridge, MA.: Harvard University Press.

 

 

viernes, 10 de abril de 2026

EL SUJETO PORTADOR EN LA FENOMENOLOGÍA DE EDWIG CONRAD-MARTIUS

 



El concepto de portador en las corrientes fenomenológicas está vinculado a la formación de los sujetos y las subjetividades y es particularmente importante porque permite desentrañar las complejidades de su constitución. Sin embargo, es un término poco analizado o utilizado en otras tendencias filosóficas y, por eso mismo, se lo desconoce. El término portador traduce el Träger alemán y el bearer inglés. En la fenomenología, Edwig Conrad-Martius otorga al término portador una centralidad clave en su pensamiento, cuestión que será examinada en este trabajo. (Seifert & Mbacké Gueye, 2009) (Miron, Hedwig Conrad-Martius: The Phenomenological Gateway to Reality, 2021)

Los planteamientos de Conrad-Martius abren un espacio de debate en un contexto en donde la posmodernidad ha sido hegemónica, afectando de manera especial al entendimiento de la construcción de los sujetos en el mundo contemporáneo. Es posible repensar las subjetividades más allá de las afirmaciones de su disolución, sin un regreso romántico a los sujetos de la modernidad. Además, está la responsabilidad política en un mundo asolado por el ascenso del fascismo y en el que las acciones de resistencia en la esfera pública están a la orden del día. (Conrad-Martius, Metaphysical Conversations and Phenomenological Essays, 2024) (Hart, 2020) Aunque no hay una referencia ni una relación directa, cabe señalar que esta noción de portador es utilizada por Karl Marx en El capital, sin que el término haya sido objeto de un sólido análisis, a pesar de su importancia. (Marx, 1975)

La cuestión del sujeto portador surge en Conrad-Martius en la perspectiva de la construcción de su Realontologie, o el modo en el que toda realidad se constituye a partir de sí misma, sin otro fundamento que ella misma. Por esto, distingue en su interior tres momentos que subyacen a la formación de lo real: el sujeto portador, la esencia y la manifestación de estos dos, que es, en último término, la realidad.

Aquí ya está el "movimiento fundamental" de la realontología: la fundación de aquello que aparece en sí mismo desde fuera de sí mismo según diversas modalidades de arraigamiento propio. Tenemos, por tanto: (1) un momento sustancial (el portador u objeto como portador de predicaciones), (2) un momento "esencial" (el qué o ser-tal), y (3) un momento "existencial" (la presentación del objeto como unión de los momentos sustanciales y esenciales). (Hart, 2020, pág. 60)

Miron sintetiza los componentes del fenómeno de portar, que se encuentra en el núcleo de la relación entre la esencia y su expresión.

La idea de la realidad de Conrad-Martius asume una estructura fundamental del ser real. Esta estructura está compuesta por dos constituyentes inseparables: la esencia (die Washeit) y el "portador" (Träger) sobre los que se "carga" la esencia. Mientras que la primera encarna lo que ella llama la "qué" de la cosa, la segunda indica el contenido del ser real. Establece que cuando la esencia se constituye a sí misma, personalmente lleva un portador, que es el llenado de contenido del ser real, o alternativamente lo real es aquello que lleva la esencia que le pertenece y la especifica fundamentalmente. De hecho, el portador está especificado por la esencia que se sube sobre él y por la que existe. Al mismo tiempo, la esencia se lleva hasta el punto de especificar a su portador. Finalmente, la función de llevar se basa en relaciones puras y "formales que no pueden ser destruidas" (1924: 223) en la medida en que deben considerarse como "señalándose formalmente mutuamente" y como "que están surgiendo al mismo tiempo" (1924: 172).

(Miron, “Essence” (Wesenheit, Washeit) and “Bearer” (Träger) in Hedwig Conrad-Martius (1888–1966), 2020)

La estructura de la realidad está dada por la relación inseparable entre la esencia y el portador. La esencia hace que una cosa sea lo que es, tal como se la define clásicamente; pero, la novedad radica en la aparición de este portador, que permite que la esencia se vuelva una realidad concreta y que se dé como fenómeno. De este modo, la esencia carga sobre el portador los contenidos efectivos de su ser y estar, y el portador queda especificado o indexado por la esencia. Se entiende que la existencia del portador depende de la esencia, sin llegar a distinguirse con claridad el hecho de crear al portador del proceso de cargarle con determinados atributos o características que provienen del qué es de la esencia.

Los componentes que forman la estructura de la realidad se afirman como permanentes y universales: esencia, portador, carga, especificación; esto es, dos elementos: esencia y portador, y dos movimientos: carga y especificación, unidos por una relación necesaria. Con este señalamiento de Miron, entremos en el texto de Conrad-Martius, Realontologie, en donde desarrolla extensamente estas ideas. (Conrad-Martius, Realontologie, 1924) (Dado lo difícil de ubicar este texto, bastante desconocido, lo citaré más extensamente de lo usual).

Conrad-Martius establece, como punto de partida, el estatuto ontológico del portador, porque únicamente cuando la esencia carga al portador, se manifiesta la realidad en su especificidad, que es el modo en que las cosas existen. Los entes reales son producto de la entrada por completo del qué es de la esencia en un fenómeno que le permite, de este modo, ser y estar efectivamente. Así que la pregunta ontológica fundamental está en interrogar por la esencia que está cargando a este portador y que se nos presenta ante nosotros en su corporeidad.

11. Cuando una verdad llega a la realización o se hace corpórea, se establece así un “portador” al que se le carga como contenido real de existencia. O, dicho de otra manera: cuando una verdad se manifiesta a través de un portador constituido de esta manera, es contenido real de existencia y el todo es una entidad real. (Conrad-Martius, Realontologie, 1924, pág. 167)

Veamos ahora la relación ontológica que se establece entre esencia y portador, que tiene un carácter de correlato; esto es, la existencia del uno implica la existencia del otro. Se impone la necesidad de definir cada uno en función del otro, porque separados carecen de sentido y de existencia. En primer lugar, se tiene la esencia que se manifiesta necesariamente y, en segundo lugar, el portador que adquiere consistencia real o entra en la existencia, únicamente en cuanto ha sido cargado por su esencia.

Un portador real se convierte en una entidad al ser cargado con una esencia; y una esencia se manifiesta como tal cuando corresponde a un portador fáctico o un hypokeimenon. El hypokeimenon y la esencia cargada, o como podemos decir ahora, la esencia cargada, solo pueden definirse mutuamente y de manera interdependiente. Uno no es nada sin el otro. (Conrad-Martius, Realontologie, 1924, págs. 169-170)

Se debe tener cuidado de no confundir la explicación procesual de este fenómeno con pensar que se trata de dos momentos separados en el tiempo; por el contrario, son plenamente simultáneos. El portador fáctico está definido por la esencia que le hace ser lo que es; y la esencia existe exclusivamente cuando se manifiesta en el portador. Ninguno de los dos momentos existe antes que el otro. Son los dos lados de una misma realidad, en la que la esencia aporta el qué es y el portador fáctico se pone como realidad.

Conrad-Martius insiste en que el portador no es una realidad que exista previamente y que sale al encuentro de una esencia; esto implica un efectivo proceso de emergencia de lo real, que se da precisamente en la conjunción permanente de esencia y portador fáctico. La esencia se carga en el portador, pero, al hacerlo, convierte al portador en una entidad real; así, la esencia entra en lo real constituyéndolo.

Sobre esta base ontológica, Conrad-Martius avanza a la dilucidación del sujeto portador, como el momento en que la verdad de la realidad se realiza, como su punto de llegada más prominente. El conjunto de elementos que han servido para describir la relación entre la esencia y el portador fáctico, que son soporte, poder, representación y carga, ahora encuentran su expresión en el yo, en cuanto instancia personal de la verdad. La fenomenología que se corresponde con la ontología real postula la existencia de este proceso de constitución del sujeto o del yo.

Para ello, cuando hablamos de la peculiar relación entre el portador real y su propia verdad real en términos de un soporte, poder, representación y carga, lo que se encuentra en estas expresiones como característico para la constitución de la realidad también puede ser fijado en un solo concepto de manera más prominente y ahora central. Lo real es, a través de su puro ser y estar, un realizador positivo y personal de su propia verdad o de su propio yo. (Conrad-Martius, Realontologie, 1924, págs. 173-174)

En esta ontología real de Conrad-Martius, la interrelación entre esencia y portador conduce al descubrimiento de un fundamento constitutivo, que es el yo, en el que la realidad se convierte en la verdad realizada prácticamente. Estamos de lleno en el plano del idealismo trascendental en el sentido husserliano del término, aunque aquí la autora ha pasado del plano cognoscitivo al ontológico, porque el yo realiza la verdad no solo en cuanto conocimiento puro, sino como momento de la misma realidad.

El portador ha pasado de ser un sujeto meramente formal a un sujeto en el que la verdad se ha “efectuado” positivamente o, como también se puede decir, se ha puesto en práctica. Así, llevamos la realidad a un fundamento constitutivo subyacente que la constituye, y con ello hemos dado a la vacía noción de realidad la plenitud visual que le corresponde. Lo real es lo que se ha realizado de manera constitutiva en el propio yo. (Conrad-Martius, Realontologie, 1924, págs. 173-174)

Más allá de los debates sobre este particular enfoque fenomenológico, interesa mantener esta idea central de la constitución de los sujetos y las subjetividades, en el sentido de sujetos portadores que han sido cargados por una esencia, a partir de la cual se relacionan con el poder o se representan su propia conformación y el mundo en el que están inmersos.

O, de otra manera, cuando analizamos los sujetos sociales y las personas, se tiene que introducir la pregunta por la carga que llevan, soportan, representan, y que les hace ser tales sujetos, en cuanto son expresión de una esencia que se expresa en ellos. Desde luego, esta es una esencia no sustancialista, que se mantiene únicamente en la medida en que se manifiesta y que no puede ser considerada con independencia del portador fáctico.

Edwig Conrad-Martius parte de Husserl y, al mismo tiempo, se aleja de este en algunas consideraciones básicas, que serían inaceptables para este. La diferencia más importante está en el giro ontológico que le imprime a la fenomenología y, luego, a la articulación entre la emergencia de la realidad desde sí misma y la constitución de la verdad de lo real en el yo. (Breuer, Conrad-Martius: Sein, Wesen, Existenz. In Auseinandersetzung mit der Ontologie und Metaphysik Aristoteles', Thomas von Aquins und Husserls, 2021) (Breuer, Hedwig Conrad-Martius: The real reality of the sensuous appearance vs. the unreality of the artwork, 2023)

Desde esta comprensión de la relación de la esencia que carga al portador con el qué es y lo convierte en sujeto, primero formal y luego real, se puede avanzar hacia otras situaciones que no son tomadas en cuenta por Conrad-Martius, pero que tienen igual relevancia. Manteniendo la validez del sujeto portante, los fenómenos relacionados con otros modos de carga que se dan en la realidad también podrán ser objeto de análisis. Me refiero, de manera especial, a la situación en la cual ya están dados los sujetos portadores, bien sean colectivos o individuales. Este es el hecho más común y cotidiano, y aquí se presenta un nuevo fenómeno: ¿qué sucede cuando otra esencia se carga en un sujeto portador fáctico ya dado de antemano? ¿Qué serie de transformaciones se producen? ¿De qué manera se altera el estatuto ontológico del sujeto portador por la entrada de una nueva esencia? ¿Este fenómeno se da de manera irreversible o, por el contrario, puede hacerse y deshacerse una y otra vez?

Será preciso ampliar, en otros estudios, el análisis de los antagonismos esenciales que compiten en la estructuración de los sujetos portadores y los diferentes tipos de sujetos y subjetividades que se tornan reales y se posicionan como tales; o, como diría Conrad-Martius, en donde una determinada verdad se realiza. Esta diversidad de esencias que entran en un sujeto portador será particularmente visible en El capital de Karl Marx.

Bibliography

Breuer, I. (2021). Conrad-Martius: Sein, Wesen, Existenz. In Auseinandersetzung mit der Ontologie und Metaphysik Aristoteles', Thomas von Aquins und Husserls. Horizon. Studies in Phenomenology, 10(2), 360-397.

Breuer, I. (2023). Hedwig Conrad-Martius: The real reality of the sensuous appearance vs. the unreality of the artwork. NASEP.

Conrad-Martius, H. (1924). Realontologie. Jahrbuch für Philosophie und phänomenologische Forschung, 6, 159-333.

Conrad-Martius, H. (2024). Metaphysical Conversations and Phenomenological Essays. (C. Gschwandtner, Ed.) Berlin: Walter de Gruyter GmbH.

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Marx, K. (1975). El Capital (Vol. Tomo I/Vol.I). México: Siglo XXI.

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Seifert, J., & Mbacké Gueye, C. (Eds.). (2009). Anthologie der realistischen Phänomenologie. Frankfurt: ontos Verlag.