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miércoles, 8 de julio de 2026

TEORÍA DEL PARTIDO POLÍTICO REVOLUCIONARIO


Los debates sobre el origen, fundamento, tipos y funciones de los partidos políticos, como parte de la institucionalidad de la democracia burguesa, atraen mucha atención y los estudios sobre el tema proliferan. No sucede lo mismo con la teoría del partido político revolucionario, un campo de estudio frecuentemente marginado, que se ve como inactual o, inclusive, como irrelevante para las ciencias políticas contemporáneas.

Sin embargo, nada es tan urgente como el desarrollo de esta teoría de la organización revolucionaria. Se puede decir que la crisis del factor subjetivo sigue siendo la más importante y que traba la lucha contra el capital, impidiendo que las oleadas de masas puedan consolidar sus victorias. El triunfo de la revolución socialista solo puede alcanzarse si se tiene un instrumento organizativo adecuado; esto es, unos partidos revolucionarios de masas, armados con una adecuada conciencia de clase y con las mejores estrategias de lucha.

Por otra parte, al  interior del movimiento de masas tiende a ser frecuente y mayoritaria la posición que cree que se debe prescindir de los partidos políticos y que basta con las multitudes espontáneas resistiendo al capital o con las luchas de los movimientos sociales para detener la ofensiva capitalista.

Estas reflexiones sobre el partido de los trabajadores, como partido revolucionario, tratan de poner al día las temáticas imprescindibles para su comprensión y construcción; para esto, antes que analizar casos concretos de desarrollos organizativos, se presentan las principales tesis propuestas por los momentos más avanzados de la lucha de clases, especialmente la experiencia de la Tercera Internacional Comunista.

Se toma como punto de partida la economía política y se muestra cómo se desprende desde el inicio de la formación del capitalismo la cuestión del partido de los trabajadores, que tiene su primera expresión mundial en la Asociación Internacional de los Trabajadores. Será Marx quien escriba sus principales documentos y declaraciones, y participe activamente en sus luchas.

La Tercera Internacional Comunista elabora un largo documento sobre los partidos revolucionarios, que se consideran válidos hasta ahora como lineamientos generales orientadores de la constitución de las organizaciones de trabajadores. Sin embargo, en una dinámica de continuidad y cambio, se vuelve indispensable introducir los debates y desafíos del siglo XXI, que posibiliten una actualización de las tesis clásicas acordes a las exigencias de la lucha de clases de este período.

En esta versión ampliada del partido revolucionario, se trata de ir más a fondo y encontrar una imagen de la organización de los trabajadores que no se reduzca a sus componentes clásicos, como expresión política de la clase social. Se quiere incorporar aquellos elementos que se refieren al entendimiento del partido como una forma de vida anticipatoria de la sociedad que se propone.

La experiencia que un miembro de la organización revolucionaria realiza es mucho más que solo la definición y la concreción de una estrategia, aunque la acción política sea el núcleo principal. Precisamente, para lograr la plena realización del programa transicional se requiere la incorporación de otros aspectos, que se suman a las cuestiones de la intervención política directa.  

El partido de los trabajadores, como forma de vida alternativa al capitalista, se convierte en el lugar de encuentro de la diversidad de los trabajadores y en la tentativa de construcción de espacios comunitarios, donde prime la solidaridad entre camaradas. Es el lugar donde se aprende a desprenderse de los prejuicios e ideología dominantes y la vida se abre a un horizonte emancipatorio, incluso como posibilidad de plena realización de los individuos.

No se trata de un planteamiento utópico, sino de la lucha permanente por volver real, con todas las dificultades, limitaciones y retrocesos, el modo de vida socialista que se propone a la sociedad. Su realización será siempre provisional y precaria, pero esto no invalida que sea una meta hacia la cual nos dirigimos de manera colectiva.

ORIGEN Y FUNDAMENTO DEL PARTIDO POLÍTICO REVOLUCIONARIO

1. La constitución política de la clase trabajadora.

Las primeras formas de politicidad de la clase trabajadora surgen de manera conjunta con la formación social de la clase trabajadora en el proceso de producción. La dispersión de trabajos productores de valores de uso, centrados en la particularidad de cada productor, sufre un proceso de abstracción que transforma la fuerza de trabajo en un fenómeno estrictamente social.

Por lo tanto, se llega a la constitución del trabajo humano indiferenciado: “Nada ha quedado de ellos salvo una misma objetividad espectral, una mera gelatina de trabajo humano indiferenciado, esto es, de gasto de fuerza de trabajo humana sin consideración a la forma en que se gastó la misma”. De tal manera que puede concluir: “En cuanto cristalizaciones de esa substancia social común a ellas, son valores”. (Marx, El Capital, 1975, pág. 47)

Es importante resaltar, porque se suele pasar sin percibirlo, que la esencia del valor es la substancia social común; esto es, la conformación de las formas sociales inherentes al proceso de producción o, en otros términos, la presencia de la socialidad, como característica fundamental de todo trabajo. De tal manera que, desde el inicio, la existencia de la clase trabajadora es radicalmente social.

Marx va aún más lejos en la formulación de la socialidad y afirma la universalidad de la socialidad de la fuerza de trabajo, que adquiere esta dimensión mundial y en la que los trabajos individuales forman parte de la misma fuerza humana de trabajo. Como veremos más adelante, esta constatación tendrá consecuencias importantes para la organización internacional de los trabajadores.

Sin embargo, el trabajo que genera la substancia de los valores es trabajo humano indiferenciado, gasto de la misma fuerza humana de trabajo. El conjunto de la fuerza de trabajo de la sociedad, representado en los valores del mundo de las mercancías, hace las veces aquí de una y la misma fuerza humana de trabajo, por más que se componga de innumerables fuerzas de trabajo individuales. (Marx, El Capital, 1975, pág. 48)

Esta existencia social del trabajo adquiere una forma concreta mediante la cual entra en el proceso de producción capitalista y se torna calculable, de tal manera que el empresario pueda apropiarse de un fragmento del gasto de la fuerza de trabajo y convertirlo en plusvalía.

Entonces, aparece esta noción central del tiempo de trabajo socialmente necesario, como el tiempo promedio requerido para elaborar una mercancía. En la crítica que se hace del modo de producción capitalista, se desecha el conjunto del proceso, dejando de lado también este trabajo socialmente necesario. Sin embargo, la socialidad universal de la fuerza de trabajo, si bien surge en medio del proceso de producción capitalista, es independiente y es el fundamento para la construcción de una sociedad socialista.

Un tercer nivel de despliegue se produce en el momento en el que esta fuerza de trabajo abstraída del valor de uso y de las fuerzas de trabajo individuales, se transforma en tiempo de trabajo socialmente necesario: Cada una de esas fuerzas de trabajo individuales es la misma fuerza de trabajo humana que las demás, en cuanto posee el carácter de fuerza de trabajo social media y opera como tal fuerza de trabajo social media, es decir, en cuanto, en la producción de una mercancía, solo utiliza el tiempo de trabajo promedialmente necesario, o tiempo de trabajo socialmente necesario. El tiempo de trabajo socialmente necesario es el requerido para producir un valor de uso cualquiera, en las condiciones normales de producción vigentes en una sociedad y con el grado social medio de destreza e intensidad de trabajo. (Marx, El Capital, 1975, pág. 48)

Este proceso de constitución social de la clase trabajadora es el punto de partida y el fundamento de su formación como sujeto. Veamos cómo se da el paso desde la sustancia social a la emergencia del sujeto político, que desemboca en el surgimiento de los partidos obreros.

La existencia universal de la clase social trabajadora como expresión del tiempo de trabajo socialmente necesario termina por encontrarse con la conciencia de clase correspondiente; a partir de allí, las formas de lucha se profundizan y se concretan en una variedad de expresiones; por ejemplo, huelgas insurreccionales, dualidad de poder, guerra popular prolongada,  batallas por la hegemonía y diversas estrategias organizativas, tales como coaliciones de clase con sectores aliados, comunas, consejos obreros, frente único y soviets.

La lucha de clase, en sus diversas modalidades, acompañada de su respectiva conciencia de clase, conduce desde el primer momento a la constitución de la clase social como clase política, cuya concreción central es el partido político revolucionario.

No deben colocarse a los niveles, tiempo de trabajo socialmente necesario y subjetividad política, como procesos separados, sino que se tiene que mostrar su continuidad y la necesidad dialéctica de un permanente ir y venir entre el uno y el otro. Por este motivo, las tendencias de largo alcance, que apuntan a la revolución socialista, que están contenidas en el trabajo socialmente necesario, confluyen, en algún momento, en el partido revolucionario, especialmente en su forma mundial, como internacional comunista.

El siguiente cuadro muestra la relación entre los campos del valor de uso, el tiempo de trabajo socialmente necesario y la forma valor, con sus respectivas formaciones partidarias.

CUADRO 1. Objetivaciones, subjetivaciones y partido político revolucionario. 

Plano de las objetivaciones

Plano de las subjetivaciones

Partido político revolucionario

Valor de uso

Sujeto inclinado teleológicamente

Programas de transición que señalen el paso de las luchas democráticas a las luchas socialistas

Formación del intelecto particular

Formas iniciales de conciencia de clase

Existencia particular de la clase social

Primeras formas de organización política de la clase trabajadora

Tiempo de trabajo socialmente necesario

Sujetos inclinados hacia la universalización

Creación de internacionales comunistas

Formación del intelecto general

Conciencia de clase como conciencia mundial de la clase trabajadora

Existencia universal de las clases sociales

Programa de transición válido a nivel internacional

Forma valor

Sujetos inclinados hacia la falsa universalización de un particular. Pretensión de universalidad

Consciencia deformada de las objetivaciones y creación de partidos burgueses y pequeño-burgueses

Sujetos inclinados hacia la negatividad, impedidos de teleología y universalización

Alienación

Sujetos mediados por cosas y virtualidades

Esquizofrenia del capital

Elaboración propia. 2026.

Desde el inicio de la clase trabajadora, el partido político está presente. Marx y Engels descubren este proceso, participan de lleno en él, aunque no llegan a teorizarlo. La práctica política de los dos estará articulada con la Asociación Internacional de los Trabajadores, como Primera Internacional comunista; Marx redactará sus principales documentos. El marxismo revolucionario implica la creación de partidos de los trabajadores, porque constituirse en sujeto político significa adquirir conciencia de clase y estar en capacidad de tomar el destino en sus propias manos.

Considerando:

que la emancipación de la clase obrera debe ser obra de los obreros mismos; que la lucha por la emancipación de la clase obrera no es una lucha por privilegios y monopolios de clase, sino por el establecimiento de derechos y deberes iguales y por la abolición de todo privilegio de clase.

http://www.marxists.org/espanol/m-e/1860s/1864-est.htm pág 1

El carácter necesario de la internacional de los trabajadores se desprende del hecho de que las clases dominantes están organizadas políticamente; y sus partidos tienen como finalidad mantener y profundizar la explotación y la dominación; más aún, ninguna revolución social podrá triunfar sin un partido político. Así, la conquista del Poder político se coloca como parte de la estrategia indispensable de la clase trabajadora. Por tanto, el movimiento obrero no puede limitarse a la acción económica espontánea.

7. En su lucha contra el poder unido de las clases poseedoras, el proletariado no puede actuar como clase más que constituyéndose él mismo en partido político distinto y opuesto a todos los antiguos partidos políticos creados por las clases poseedoras. Esta constitución del proletariado en partido político es indispensable para asegurar el triunfo de la Revolución social y de su fin supremo: la abolición de clases. La coalición de las fuerzas de la clase obrera, lograda ya por la lucha económica debe servirle asimismo de palanca en su lucha contra el Poder político de sus explotadores. Puesto que los señores de la tierra y del capital se sirven siempre de sus privilegios políticos para defender y perpetuar sus monopolios económicos y para sojuzgar al trabajo, la conquista del Poder político se ha convertido en el gran deber del proletariado.  http://www.marxists.org/espanol/m-e/1860s/1864-est.htm pág 3

 

2. El partido de los trabajadores como portador.

El concepto de portador está tomado directamente de El Capital de Karl Marx, donde juega un papel importante para expresar tanto las relaciones entre los distintos momentos que llevan de la mercancía al dinero como la personificación de las categorías económicas en individuos concretos, que aparecen, por ejemplo, como compradores o vendedores.

Dos palabras para evitar posibles equívocos. No pinto de color de rosa, por cierto, las figuras del capitalista y el terrateniente. Pero aquí sólo se trata de personas en la medida en que son la personificación de categorías económicas, portadores de determinadas relaciones e intereses de clase.

Marx, K. (1975). El capital. Crítica de la economía política. Libro primero: El proceso de producción de capital (Vol. 1). (P. Scaron, Ed. & Trad.). México: Siglo XXI Editores. Página 8

La constitución social y política de la clase trabajadora se personifica a través de portadores, como vehículos que permiten su existencia concreta y que son las organizaciones sociales y los partidos políticos. Por lo tanto, estos últimos son manifestaciones de la clase social y dependen enteramente de ella.

El carácter de portador del partido de los trabajadores, en su nivel internacional y nacional, se da en un triple aspecto:

a. Portador de las relaciones de clase: el partido de los trabajadores se forma para disputar el espacio político que ha sido secuestrado por los partidos burgueses y el Estado; en este sentido, la organización política surge del antagonismo entre las clases sociales.

b. Portador de la conciencia de clase: la organización de los trabajadores, como concreción de su conciencia, representa los intereses generales e inmediatos de la clase, los que finalmente adquieren la forma de programa transicional.

c. Portador del proyecto emancipador de toda forma de opresión del sistema capitalista: como muestra la tendencia inherente al tiempo de trabajo socialmente necesario, los trabajadores luchan no solo por su liberación, sino de toda la humanidad; para lo cual hay que derrotar al capitalismo, utilizando todos los instrumentos políticos. El partido político, además de transformar los intereses de la clase trabajadora en estrategias para la lucha de clases, también es anticipación de la sociedad venidera.

Este conjunto de elementos de la portabilidad de la clase en el partido político es el origen y el fundamento de la organización revolucionaria; por esto, el partido revolucionario no es algo exterior a la clase, sino que pertenece por entero a ella y su  función consiste en estar completamente al servicio de los trabajadores.

Los partidos existen como expresiones de las relaciones de clase, estructuradas por una clase dominante que no solo se apropia de la fuerza de trabajo, sino de los instrumentos de representación política. No se puede separar al partido del hecho de vivir en una sociedad desigual, dividida entre explotadores y explotados. Por esto, cuando se alcance el socialismo y se tenga una sociedad igualitaria, los partidos políticos y el Estado desaparecerán.

EL PARTIDO REVOLUCIONARIO EN LOS CUATRO PRIMEROS CONGRESOS DE LA TERCERA INTERNACIONAL COMUNISTA

Los cuatro primeros congresos de la Internacional Comunista significan la síntesis de las concepciones revolucionarias sobre la cuestión de los partidos revolucionarios, que recoge los debates anteriores a la Revolución Rusa, la experiencia de la propia Revolución Rusa y la proyecta hacia el futuro. De todas maneras, hay que tener en cuenta que esta enorme experiencia se truncó con el triunfo del estalinismo.

Las Tesis sobre la estructura, métodos y acción de los partidos comunistas, que es la resolución más amplia y profunda sobre la cuestión del partido, se aprueban en el Tercer Congreso de la Internacional Comunista, también conocida como Tercera Internacional Comunista. El siguiente cuadro resume las ocho tesis que contiene.

Cuadro 2. Tesis sobre la estructura, métodos y acción de los partidos comunistas

Tesis

Síntesis

I

Generalidades

La organización del partido debe adaptarse a las condiciones concretas de la lucha y a sus objetivos. No existe una forma organizativa única, inmutable o válida para todos los países; sin embargo, todos los partidos comunistas comparten una base común: construir una organización capaz de dirigir al proletariado, conquistar el poder y consolidar la revolución.

II

El centralismo democrático

El centralismo democrático se define como una síntesis entre centralización y democracia proletaria. No debe ser una centralización burocrática ni mecánica, sino una centralización de la actividad revolucionaria. Su objetivo es unir dirección fuerte, disciplina, contacto directo con las masas y participación activa de los militantes.

III

El deber de trabajar de los comunistas

El partido debe ser una “escuela de trabajo del marxismo revolucionario”. La militancia no puede limitarse a aceptar un programa o pagar cotizaciones: cada afiliado debe participar en el trabajo político cotidiano. Para ello, los miembros deben organizarse en células, fracciones, comisiones o pequeños grupos de trabajo, con tareas concretas, rendición de cuentas y formación sistemática.

IV

Propaganda y agitación

La propaganda comunista debe arraigarse en la vida concreta del proletariado, partir de sus luchas e intereses inmediatos y elevarlos hacia una conciencia revolucionaria. Incluye entrevistas personales, agitación casa por casa, intervención en fábricas, sindicatos, minorías nacionales, ejército, campo y organizaciones obreras. No debe reducirse a fórmulas generales, sino traducir el comunismo a problemas concretos de la lucha de clases.

V

Organización de las luchas políticas

El partido no debe permanecer políticamente inactivo. Debe utilizar toda situación política o económica para organizar campañas, reuniones, manifestaciones, huelgas, acciones de masas y luchas comunes. La tarea consiste en transformar luchas dispersas en movimientos unificados, concentrar fuerzas, disputar la dirección a reformistas y burócratas, y preparar formas superiores de organización proletaria.

VI

La prensa del partido

La prensa comunista debe estar sometida a las directivas del partido y funcionar como instrumento de propaganda, agitación y organización. El periódico no debe ser una empresa capitalista ni un medio sensacionalista, sino una organización proletaria de combate. Debe recoger experiencias de los militantes, intervenir en campañas, defender los intereses obreros y servir como vínculo cotidiano entre el partido y las masas.

VII

La estructura de conjunto del partido

La estructura del partido no debe construirse según un esquema geográfico formal, sino a partir de la realidad económica, política y organizativa del país. La base debe estar en los centros proletarios e industriales. Se exige centralización, dirección regional efectiva, división del trabajo, control, informes, disciplina y subordinación de las organizaciones del partido a la Internacional Comunista.

VIII

El nexo entre el trabajo legal y el trabajo ilegal

No debe haber separación esencial entre partido legal e ilegal: ambos deben prepararse para adaptarse rápidamente a los cambios de la lucha. El partido legal debe prepararse para la clandestinidad, la represión y la insurrección; el partido ilegal debe aprovechar todas las posibilidades legales para mantener contacto con las masas. La dirección del trabajo legal e ilegal debe estar unificada en la misma dirección central.

Elaboración propia a partir de las Tesis sobre la estructura de los partidos.

En el marco de la validez general de las premisas para la construcción y organización de los partidos revolucionarios, se genera un conjunto de debates que no han sido resueltos con claridad a lo largo de las experiencias de las luchas de los trabajadores. Dese luego, antes de un tratamiento extenso de estos problemas, señalaremos sintéticamente el núcleo de la discusión.

Lineamientos generales y formas de organización: este es, sin lugar a duda, una de las cuestiones más difíciles de resolver; por esto, más bien se terminó por consolidar un modelo general, válido para todos los países, con independencia de las situaciones concretas de la lucha de clases. Esta tendencia a la homogeneización organizativa también fue impulsada por la contrarrevolución sufrida en manos de las burocracias que expropiaron el poder a los trabajadores en las sociedades llamadas socialistas.

Encontrar la forma organizativa que combine los principios del partido revolucionario, como son construir una organización capaz de dirigir al proletariado, conquistar el poder y consolidar la revolución, con las condiciones de la lucha de clases de cada país, es el reto principal. No existen fórmulas ni modelos partidarios, aunque todas las organizaciones de un país deben estar abiertas a aprender de las experiencias de otros partidos revolucionarios. La estructura del partido debe adecuarse a la realidad de cada país.

Centralismo democrático: desarrollar una democracia real y no meramente formal, que establezca con claridad las modalidades del ejercicio de la democracia interna, por ejemplo, los debates en torno a los temas cruciales de la lucha de clases en una coyuntura dada.

Al mismo tiempo, construir una sólida dirección revolucionaria; esto es, la formación de un liderazgo colectivo capaz de conducir a toda la organización hacia la toma del poder y la construcción del socialismo. Este punto aparece señalado con fuerza y sobre el cual se volverá de manera insistente, e introduce en la dinámica de la construcción del partido el desafío de dotarse de una dirección acorde a los desafíos de la lucha de clases. El partido revolucionario no solo tiene que dotarse de un modelo y estrategias de construcción en el seno del movimiento de masas, sino que también tiene que desarrollar los lineamientos para la construcción de su dirección.

Conciencia de clase, programa y propaganda: la propaganda del partido de los trabajadores es el lugar donde se concreta el programa y se transforma en el llamamiento a las acciones que una coyuntura política exige; además, adquiere una dimensión educativa constante, que combata la propaganda ideológica de la clase dominante.

El partido revolucionario tiene como función primordial organizar las luchas de los trabajadores, creando estructuras superiores que unifiquen sus esfuerzos y les brinden una orientación transicional, adaptada a cada contienda específica. Pero tiene una doble tarea, que consiste en fortalecer la organización revolucionaria en cada momento de la lucha de clases y en construir la organización de la clase trabajadora; por supuesto, son dos momentos que están íntimamente relacionados.

DEBATES ACTUALES ENTORNO DEL PARTIDO POLÍTICO REVOLUCIONARIO

La cuestión del partido político está atravesada por una alta conflictividad, tanto en la teoría como en la práctica.  Es difícil encontrar un tema que cause una polarización extrema y donde la realidad y la conceptualización se opongan con esa radicalidad. Mientras la burguesía se apropia sin límite de los partidos, los movimientos sociales y muchas corrientes de izquierda reniegan de ellos. Incluso las masas viven la paradoja de odiar a los partidos y, sin embargo, entregarse ciegamente a ellos en época electoral.

Por esto, se opta por dos delimitaciones que se consideran necesarias: en primer lugar, se analizará únicamente a los partidos desde la perspectiva de la revolución socialista y la emancipación de todas las formas de opresión; y, en segundo lugar, se restringirá a aquellos elementos de carácter general y que se consideren como principios básicos, sin entrar en detalles empíricos. Se intentará responder a la pregunta: ¿qué son los partidos revolucionarios y qué papel juegan en la transformación radical de la sociedad?

Establecer en qué consiste el partido revolucionario significa tener en cuenta las siguientes temáticas:

1. La forma partido revolucionario y las formas partidarias.

La discusión sobre el partido debe darse en un doble plano, para no quedar atrapados en una larga discusión casuística y coyuntural que distorsiona la percepción de lo que son las organizaciones políticas; es necesaria una comprensión adecuada de cuál es la forma partido y sus diferentes concreciones históricas, que llevan al surgimiento de formas de partidos.

La forma partido atañe a la esencia misma de la organización política, como una institución que se desprende de la democracia y que le es constitutiva; y, para la forma partido revolucionario, alude al conjunto de características fundamentales de este tipo de organización política, que se mantiene como su núcleo válido a través de los avatares históricos de la lucha de clases.

Estos atributos esenciales del partido revolucionario no son postulados abstractos y atemporales; por el contrario, se desprenden del carácter, del programa y de las políticas de la revolución socialista, en la época de la profunda descomposición del capitalismo y de su sociedad.

A partir del establecimiento de estas premisas, es posible analizar las formas partidarias que se dan en las sociedades, la manera en que evolucionan, los métodos de acción, junto con los triunfos y fracasos históricos. La construcción de los partidos revolucionarios tiene que partir de establecer claramente el nexo indisoluble entre la forma partido revolucionario y la forma específica que debe adoptar para la construcción de una internacional y de unos partidos nacionales, tomando en cuenta las experiencias de las luchas de clase, las tradiciones organizativas y las culturas nacionales.  

2. El carácter y los tipos de revoluciones del siglo XXI.

El carácter de las revoluciones venideras será socialista o no será. Una dinámica anticapitalista y democrática se articula en un proceso de revolución permanente con el horizonte socialista. Si bien se mantiene como válida esta premisa, no está definido con igual claridad cómo serán las revoluciones del siglo XXI, qué formas adoptarán, qué organizaciones de masas inventarán en medio de la lucha, cuáles serán los organismos de doble poder que surgirán y cómo se dará la construcción del socialismo.

Después del cierre del período abierto por la Revolución Rusa y de la no apertura de un nuevo ciclo revolucionario, a pesar de las grandes movilizaciones de masas, las formas partidarias también se ven afectadas por este vacío de perspectivas, por la dificultad de encontrar las formas organizativas y el tipo de organizaciones adecuadas para las tareas que les toca enfrentar a los trabajadores.

Este es el gran desafío estratégico que enfrentamos: inventar las mejores formas partidarias partiendo de la forma partido revolucionario, que se mantiene como válida para este período histórico. Por lo tanto, no se trata de desechar al partido político, sino de reinventarlo en una dinámica de continuidad y cambio.

Los debates acerca de qué tipo de partido revolucionario necesitamos están íntimamente entrelazados con las discusiones sobre el socialismo y las estrategias de combate contra el capitalismo. El desarrollo de la teoría revolucionaria es la condición indispensable para la construcción del partido revolucionario.

3. La construcción de la internacional revolucionaria y la articulación con los partidos nacionales.

El avance incontenible de la globalización del capital y de los enfrentamientos interimperialistas pone a la orden del día la construcción de una internacional revolucionaria. La existencia de las clases sociales a nivel mundial ya no es solamente una predicción marxista, sino un hecho que lo constatamos día a día.

Por su parte, especialmente en la Unión Europea, los partidos burgueses tienden a confluir y a organizarse internacionalmente, como es el caso del Partido Popular Europeo y del Partido Socialista Europeo; y, aunque no logran una organicidad a este nivel, ya se han dado varios intentos de crear una internacional de los partidos de ultraderecha, que arrastran a los partidos conservadores en su deriva autoritaria.

¿Cómo construir una internacional revolucionaria de masas? ¿Qué corrientes políticas pueden y deben confluir en esta iniciativa? ¿Se deben esperar las mejores condiciones para hacerlo o se tiene que crear un núcleo de la internacional revolucionaria, por más débiles que sean?

La exigencia de dirección y coordinación de las luchas mundiales exige, de manera imperiosa, la resolución de la crisis de dirección revolucionaria a escala mundial, que se construya con un claro programa socialista y de independencia de clase, especialmente en relación con las corrientes socialdemócratas y progresistas.

4. La relación dialéctica entre el programa de transición y la forma partido revolucionario.

El partido revolucionario es el portador del programa de transición; por lo tanto, su tarea es la construcción y realización de este programa en las movilizaciones de masas democráticas y anticapitalistas. Como sujeto político, el partido revolucionario se construye desde los lineamientos del programa; sin embargo, no hay entre los dos niveles un nexo evidente y fácil de establecer.

La discusión de las formas de partido político que se desprenden del programa de transición no es unilateral y pueden existir diversas respuestas o diferentes modos de concreción a nivel organizativo de las consignas transicionales. Por su parte, el programa también depende de la capacidad de elaborar una teoría revolucionaria y de los aprendizajes de las experiencias de la lucha de clases que hace el partido político y desde los cuales formula el programa.

Varias preguntas se formulan a partir de estas consideraciones: ¿expresa el partido los lineamientos del programa de transición? ¿De qué manera se da el paso del programa a la construcción del partido? ¿En qué grado la forma partidaria adoptada permite la realización del programa? ¿Qué transformaciones en el programa se producen como exigencias de la estructura partidaria? Y, de manera especial, ¿cómo se integran en la relación entre partido y programa los otros aspectos que intervienen en su construcción, como son las experiencias de la lucha de clases o las tradiciones organizativas de un país?

5. El doble vínculo entre la movilización de masas y la organización política.

La movilización de masas, especialmente los grandes estallidos sociales, tiene sus propias dinámicas y ritmos; además, aunque hayan sido levantamientos semiespontáneos, terminan por dotarse de algún tipo de dirección o direcciones, que toman decisiones sobre el curso de las luchas. Más aún, en la mayoría de los casos desembocan en formas organizativas que tratan de que el movimiento no sea efímero y de que las luchas puedan continuar más allá de los momentos insurreccionales.

Hasta ahora, las direcciones políticas de la movilización de masas no han estado a la altura de las exigencias y las posibilidades de las luchas de los pueblos contra los regímenes autoritarios y la defensa de los derechos democráticos. Estas direcciones se pusieron de espaldas a las masas y finalmente condujeron a su derrota inmediata, o a mediano plazo.

Desde la perspectiva de la construcción de un partido revolucionario, resulta indispensable involucrarse activamente en los ciclos de movilización de masas, independientemente de la dirección política que tengan; pero, hay que interrogarse sobre la manera de articular esos levantamientos con la construcción de una organización revolucionaria, que se desprenda de la dinámica y de las características propias de las masas.

Se requiere el máximo de flexibilidad política y organizativa para construir el partido revolucionario en medio de la oleada insurreccional de las masas; y, en este caso, son las estructuras del partido las que tienen que transformarse, con el fin de disputar la dirección de las luchas en curso y propiciar un curso ininterrumpido de las luchas.

6. La expresión organizativa de las alianzas en el partido revolucionario.

La cuestión de las alianzas de los trabajadores con los sectores oprimidos ha sido, durante mucho tiempo, una cuestión irresuelta. Comenzando en la alianza obrero-campesina de la Revolución Rusa y la Revolución China, hasta la actualidad, donde no se ha logrado realizar estas alianzas de manera adecuada.

Los desencuentros entre la clase trabajadora y los movimientos sociales contemporáneos evidencian una fractura que permanece irresuelta. Este campo ha quedado plagado de malentendidos, confrontaciones, oposiciones, sin que haya una resolución que provenga de las partes enfrentadas. Ya son clásicas las disputas entre el marxismo y el feminismo, y las distancias entre los movimientos ecologistas y los partidos obreros.

Las preguntas sobre cómo articular estas luchas siguen estando presentes y la cuestión de cómo construir partidos y organizaciones unificadas entre los principales movimientos sociales y los partidos revolucionarios permanece como una de las principales debilidades de la izquierda revolucionaria.

¿Qué tipos de alianzas deben darse entre los partidos de los trabajadores y las organizaciones de los movimientos sociales? ¿Es preferible adoptar una vía de independencia organizativa que solo se encuentre en la unidad de acción? ¿Qué transformaciones son necesarias en los partidos revolucionarios, para que puedan atraer e incorporar a todos los trabajadores provenientes de los otros movimientos sociales y cuya primera identidad no es la del trabajo? ¿Qué estructuras se deben crear en los partidos para dar cuenta de las diversidades sociales y de sus múltiples reivindicaciones, ciertamente no reductibles de manera esquemática o simplificadora a la lucha contra la opresión capitalista? ¿Qué batallas hay que dar dentro de los movimientos sociales para incluir la perspectiva de clase, no como un elemento extraño adherido a sus preocupaciones fundamentales, sino como un elemento constitutivo de su conformación como sujetos sociales y políticos, y como parte de su conciencia específica, sea de género, de la negritud o ecológica?

7. Partido legal, ilegal y no legal.

El sistema de partidos políticos está impuesto por las democracias burguesas, como un mecanismo de control de la representación y de las demandas de la ciudadanía; de este modo, las luchas quedan enmarcadas en la institucionalidad del Estado y se espera que desde allí se puedan controlar.

Por otra parte, cuando hay regímenes dictatoriales o democracias con un alto grado de autoritarismo, se vuelve prácticamente imposible la participación de los partidos revolucionarios en el sistema democrático-burgués. En tales escenarios, queda excluida la posibilidad de dar la lucha en este nivel.

La construcción del partido revolucionario requiere considerar las condiciones de la lucha de clases y establecer el grado de conveniencia para la eficacia de las luchas de participación dentro del sistema electoral legal y, por consiguiente, legalizar el partido y entrar en el juego impuesto por el Estado. La participación exige un constante proceso de vigilancia y sometimiento a los intereses de la clase trabajadora.

En aquellos casos en los que no es posible, por las condiciones de represión y autoritarismo, la opción es la construcción de un partido ilegal, que pueda sobrevivir a la represión y mantenerse en contacto con las masas, para luchar desde allí contra las formas dictatoriales del régimen.

Finalmente, existe otra posibilidad que más bien se da con bastante frecuencia. Es posible que, dada la debilidad de la organización, no esté en capacidad de legalizarse; en esta situación, la construcción del partido revolucionario privilegia su inserción en las masas y lucha por incorporar en sus filas a los sectores más conscientes y movilizados. También suele suceder que, aunque haya condiciones para legalizarse, el nivel de movilización de las masas y los cambios importantes en la relación de fuerzas entre las clases sociales muestren que es preferible mantener y fortalecer un partido no legal, que privilegia las batallas que se dan en las calles y en los territorios, antes que en la institucionalidad burguesa. Este tipo de partido no legal debe diferenciarse del partido ilegal.

8. Discutiendo el centralismo democrático.

Una de las tesis centrales sobre el funcionamiento del partido revolucionario, establecido por el Tercer Congreso de la Tercera Internacional Comunista, es el centralismo democrático. Este principio responde a la necesidad de garantizar una férrea unidad de acción del partido en su intervención en el movimiento de masas; por esto se establece el centralismo como una exigencia permanente. Pero, el centralismo tiene que ir acompañado de la democracia más amplia, que garantiza la expresión de diversos puntos de vista y el debate interno sin restricciones.

Sin embargo, esta fórmula se demostró históricamente como insuficiente; si bien es cierto que tiene que haber una sólida conducción unitaria en el momento en que ya se han tomado decisiones, el centralismo puede salirse de control y derivar en prácticas autoritarias.

La discusión acerca de cómo entender y aplicar el centralismo democrático en el partido revolucionario todavía está por resolverse. Así que las preguntas en torno a este tema siguen vigentes: ¿de qué manera se garantiza el predominio de la democracia interna, que tiene que ser el eje conductor y que se deja de lado exclusivamente en momentos absolutamente excepcionales, como una situación de guerra abierta? ¿Debe reformularse el centralismo democrático y reemplazarse por un principio de democracia, que se acompaña de mecanismos de centralización o dirección? ¿Cuál debe ser el carácter de la dirección del partido revolucionario para evitar el quiebre de la democracia interna? ¿Mediante qué procedimientos se garantiza una democracia real dentro del partido? ¿Son las direcciones colectivas la respuesta al problema?

Incluso se puede ir más a fondo en este debate: ¿qué tipo de democracia interna es la que se tiene que implementar? ¿Es la democracia socialista la guía para el centralismo democrático? ¿La vida interna de la organización prefigura el modo de vida socialista? ¿La democracia interna crea el entorno apropiado para la expresión de las diversidades genéricas, étnicas, transgénero, de la negritud y ecológicas?

¿Los elementos comunitarios se tienen en cuenta a la hora de organizar la vida interna de las organizaciones políticas? ¿Es el partido revolucionario una forma de comunidad? ¿De qué manera se impulsan y se crean formas de solidaridad y camaradería entre los miembros del partido? ¿Cuáles son los límites de la existencia colectiva del partido?

La democracia con procedimientos de centralización es mucho más que una cuestión organizativa; en realidad, es la imagen adelantada de una sociedad igualitaria que está por venir. Expresa la inteligencia colectiva y diversa junto con la conformación de una sola voluntad.

9. La acción política.  

La acción política define lo que es el partido revolucionario; por esto, el partido establece, para cada período histórico, las formas y métodos de su práctica en el movimiento de masas y en la sociedad. Este aspecto está ligado, de manera preferente, a la propaganda, la agitación y la educación de las masas y que, además, conduce a la definición de estrategias de construcción del partido, suficientemente diferenciadas, dependiendo del sector en el que se intervenga.

No es posible separar los métodos de la acción política de la concepción que se tenga de la revolución socialista, de la definición del momento de la lucha de clases, de la concreción del programa de transición y de la experiencia de la clase trabajadora y del partido.

Aunque la propaganda y la agitación son las herramientas que se colocan en primer lugar, no hay que desestimar la educación de los trabajadores, orientada hacia la comprensión de los antagonismos de clase y la perspectiva revolucionaria socialista, como parte del combate contra la influencia de la ideología dominante. En este mismo sentido, la formación sistemática y continua de los sectores más avanzados de la clase trabajadora y de los miembros del partido tiene que ser una prioridad ineludible.

10. Oponer a los partidos burgueses organizaciones políticas revolucionarias de masas.

El mundo está gobernado por los partidos políticos, que son los instrumentos de la burguesía mundial y nacional para garantizar sus intereses y, sobre todo, la reproducción ampliada del capital. De hecho, unos pocos partidos controlan el planeta, imponiendo sus designios sobre la humanidad entera. Se han apropiado del presente y del futuro, sin dejar lugar a salvo.

Las grandes maquinarias partidarias deciden el curso de la economía mundial, declaran guerras, lanzan oleadas de intervencionismo neocolonial, se apropian de las culturas, atacan los derechos conquistados por las masas y hacen retroceder la democracia. Nuestro destino se juega en las manos del Partido Republicano y el Partido Demócrata de Estados Unidos, el Partido Comunista Chino, Rusia Unida, el Partido Bharatiya Janata de Narendra Modi de la India y el Partido Popular Europeo.

¿Cómo responder a esta situación del predominio casi absoluto de los partidos imperialistas? ¿Es suficiente la movilización semiespontánea de los grupos sociales? ¿Basta con los estallidos de masas que se suceden periódicamente? ¿Es correcta la posición política de rechazar la construcción de partidos revolucionarios de masas tanto a nivel internacional como nacional? ¿Es eficaz la estrategia de intentar colocarse al margen del sistema capitalista y sostener que hay un exterior desde el cual se puede actuar y resistir al capital?

Por el contrario, la estrategia de la burguesía mundial y de los empresarios nacionales es muy clara: apropiarse de las estructuras partidarias y de las deficientes democracias para implementar regímenes autoritarios, aplastar el movimiento de masas y posibilitar la acumulación ininterrumpida de capital.

Entonces la verdadera cuestión no está en cómo escapar del sistema de partidos que estructura la dominación en el mundo entero, sino qué tipo de partidos políticos revolucionarios debemos construir, que sean radicalmente diferentes en sus programas y en sus modos de funcionamiento respecto de los partidos burgueses.

Más allá de los debates teóricos que habrá que dar, desde el punto de vista de la estrategia de resistencia y revolución socialista, no cabe otra alternativa que plantearse la cuestión del partido revolucionario; de lo contrario, las luchas terminan por ser devoradas por el Estado y arrasadas por la represión.

11. Teoría del partido digital.

Las tecnologías digitales reconfiguran los espacios sociales y afectan a todos sus componentes. El proceso de virtualización de la vida social transforma a las redes en un espacio de comunicación, información y organización de la sociedad; y, por tanto, se convierte en un campo de disputa entre las clases sociales. Este es un campo en el que la ideología dominante se impone, aunque igualmente tiende a desbordar cualquier sistema de control estructurado.

Varias interrogantes surgen en torno a los impactos de las redes sociales sobre los partidos revolucionarios: ¿las redes sociales están en capacidad de reemplazar a los partidos políticos? ¿En vez de una democracia organizada en torno a los partidos políticos, tenemos ahora una sociedad constituida por redes? ¿Es posible y necesario transformar los partidos revolucionarios en partidos digitales?

¿Son las redes solamente instrumentos al servicio de la propaganda y la agitación del partido revolucionario? ¿Son aceptables y viables las formas de pertenencia y militancia exclusivamente en las plataformas digitales? ¿En qué medida el partido revolucionario tiene que organizarse también en las redes y no solo en los territorios? ¿Cuál es el impacto en la democracia interna, la comunicación y las discusiones que se desarrollan en las redes? ¿Se organizan los partidos revolucionarios en torno a una democracia digital? ¿Cuál es la relación entre las multitudes de las redes y la organización política? ¿De qué manera se tiene que repensar la dialéctica entre la espontaneidad de las masas y la organización partidaria?

Una línea de trabajo para la construcción de partidos revolucionarios que tome en cuenta las transformaciones en las relaciones sociales, provocadas por el estallido de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, se visibiliza en las comunidades digitales.

Dentro de las redes digitales se forman comunidades virtuales, que comparten espacios, intereses, motivaciones, donde la solidaridad y la camaradería funcionan, a pesar de las distancias. De hecho, estos grandes colectivos que pueblan las redes terminan por inventar nuevas experiencias de la vida comunitaria, más allá del individualismo burgués. También tienden a politizarse de manera espontánea, ya que muchas de ellas discuten la situación nacional e internacional, aunque no conduzcan necesariamente a la acción política.

Sin embargo, las comunidades digitales y los partidos políticos revolucionarios están separados por barreras que parecen infranqueables. Las comunidades no tienden a evolucionar hacia modelos más desarrollados de organización; y los partidos ignoran largamente a las comunidades y no las ven como parte de las estrategias y métodos para su construcción.

La constitución de cualquier tipo de organización política digital debe pasar por el paso indispensable de caracterizar exactamente a que se refiere lo “digital”. En el entendimiento tanto coloquial como académico del término se tiende a aplanar todo tipo de formas organización como “comunidades digitales”, incluso cuando hay enormes diferencias entre ellas. Solo veamos como la comunicación por Internet se ha vuelto omnipresente, no debe existir ningún grupo, mucho menos algo tan grande como un partido, que no tenga un grupo en una aplicación de mensajería digital como WhatsApp o Telegram.

El internet en sí, con sus páginas web, aplicaciones, noticias y correo electrónico ya han cambiado enormemente la forma de organizarse. Se ha hablado hasta el cansancio acerca de la inmediatez de la comunicación, ahora las noticias internacionales pueden ser traducidas y compartidas a nivel global en cuestión de minutos, sin depender de la intermediación de grandes conglomerados mediáticos tradicionales. Claramente, todavía se depende en términos de infraestructura de otros tipos de empresas transnacionales, en ese sentido no ha habido realmente una democratización de la comunicación digital, pero es difícil afirmar que nada ha cambiado, o que las posibilidades de transmisión de mensajes, difusión de propaganda y coordinación internacional son las mismas que hace treinta años.

Si bien todavía está dominado, en todos sus niveles, por los intereses del capital, es importante no asumir que este control es absoluto. Evidentemente, existen formas de persecución y censura; sin embargo, basta con comparar la dificultad de difundir un mensaje en un medio tradicional con la posibilidad de hacerlo a través de medios digitales para notar una discrepancia sustancial. El uso de canales digitales de difusión, como las redes sociales, para compartir propaganda revolucionaria no despierta el mismo interés de masas que otros tipos de contenido, como aquellos enfocados en el entretenimiento o los deportes. Esto se debe tanto a la disposición de las audiencias modernas como a la forma en que los mensajes son difundidos, pues aquellos contenidos que generan mayores beneficios para las grandes compañías que operan estas plataformas tienden a ser priorizados.

Si la irrupción del internet en la organización revolucionaria ya ha modificado sus formas de actuar, ¿por qué todavía se sigue pensando en el “partido digital” como algo distinto, extraño y que se debe construir desde cero? El primer paso debería ser entender como la práctica ya ha cambiado más allá de la comprensión de los propios movimientos, solo para en un segundo paso desarrollar una serie de estrategias enfocadas en superar los límites inherentes a la comunicación digital mediada por los intereses capitalistas.

En cuanto a las formas de organización puramente digitales, son necesarios dos pasos: primero, diferenciarlas de las organizaciones “analógicas” que han migrado parcialmente a lo digital; y segundo, categorizarlas dependiendo del tipo de estructura (o falta de) que poseen. En este primer punto podemos ver como organizaciones de izquierda, desde partidos comunistas, socialistas hasta la socialdemocracia, tienen una considerable presencia digital, especialmente las más grandes como la Democracia Socialista estadounidense (DSA). Sin embargo, no han logrado transformar esta presencia en una verdadera integración en comunidades digitales, ni han modificado sus formas de pertenencia al partido para incluir miembros digitales. Para las organizaciones que han migrado a lo digital, la organización local, “en el mundo real”, sigue siendo el enfoque primario más allá de cualquier estrategia digital.

No es lo mismo para las verdaderas comunidades digitales, que están completamente integradas a la lucha por los espacios digitales, e incluso miembros individuales pueden tener un alcance y una eficacia mucho mayor porque entienden la manera en la que se estructura el discurso en redes sociales. Se dividen en tres categorías: comunidades radicalizadas, comunidades de líderes de opinión y comunidades de pertenencia.

Las comunidades radicalizadas son aquellas formas de organización digital que actúan de manera relativamente autónoma a partir de una posición ideológica definida frente a problemas específicos. A diferencia de los partidos u organizaciones tradicionales, no dependen necesariamente de una estructura formal, una dirección centralizada o una militancia estable, sino de afinidades discursivas, dinámicas de participación espontánea y procesos de radicalización colectiva. La ultraderecha ha logrado consolidar con mayor fuerza este tipo de comunidades en plataformas como Kiwi Farms, 4chan o Forocoches, donde la producción de discursos reaccionarios, misóginos, racistas o conspirativos se articula con formas de acción digital coordinada. Sin embargo, este fenómeno no se limita exclusivamente a la derecha radical. También existen comunidades digitales vinculadas a causas entendidas como progresistas o de izquierda, aunque no siempre organizadas alrededor de la cuestión de clase, sino más bien en torno a problemas ambientales, de género, identitarios o culturales.

Las comunidades de líderes de opinión se organizan alrededor de figuras con capacidad de concentración discursiva, influencia pública y producción constante de contenidos. En este campo, la ultraderecha también se configuró tempranamente y con gran eficacia, especialmente a partir de creadores provenientes del entretenimiento, el humor, los videojuegos o la crítica cultural, que posteriormente incorporaron temas ideológicos a sus plataformas. La particularidad de estas comunidades es que no se estructuran únicamente por una doctrina política, sino por la relación entre una audiencia y una figura central que establece los marcos desde los cuales sus seguidores comprenden los conflictos sociales. En el caso de la izquierda, la propaganda revolucionaria, e incluso explícitamente comunista, aparece con mayor claridad en este tipo de comunidades que en las comunidades radicalizadas. Ejemplos como Hasan Piker, The Deprogram, Red Scare o Chapo Trap House muestran cómo ciertos espacios digitales pueden combinar entretenimiento, análisis político, formación ideológica y sentido de pertenencia. Estas comunidades suelen recibir más atención pública porque sus referentes poseen mayor visibilidad, capacidad de intervención mediática y posibilidades de conexión con audiencias amplias.

Las comunidades de pertenencia son aquellas que se articulan alrededor de un verdadero “mercado de ideologías”, en el cual los individuos escogen, por proximidad subjetiva y voluntad propia, una identidad política a la cual adherirse. En estos casos, la pertenencia política no surge necesariamente de la participación en organizaciones de base, sindicatos, partidos o movimientos territoriales, sino de procesos de identificación digital. Los usuarios encuentran una corriente ideológica, adoptan sus códigos, consumen sus contenidos, reproducen sus símbolos y buscan conectarse con otros individuos que comparten esa misma orientación. Este tipo de comunidad funciona como un espacio de socialización política en el que la ideología se experimenta primero como identidad, estilo discursivo y forma de pertenencia, antes que como práctica organizada. Su debilidad principal es que muchas veces carece de mecanismos de acción colectiva sostenida fuera del entorno digital; sin embargo, su importancia reside en que produce vínculos, imaginarios y disposiciones políticas que pueden anteceder o sustituir formas más tradicionales de militancia.

¿Cómo abrir los partidos políticos para que sean atractivos para las comunidades digitales? ¿De qué manera los partidos pueden dotarse de entornos y estructuras internas que promuevan el ingreso de estas comunidades? ¿Qué debates dar con las comunidades para proponer la cuestión del partido político, aunque este seguramente tenga que sufrir grandes transformaciones?

12. Camaradería.

La vida interna y las relaciones entre los miembros de un partido de los trabajadores se guían por la camaradería. El punto de partida de esta reflexión son las tesis sobre camaradería elaboradas por Jodi Dean, en las cuales se introducen algunas modificaciones e interpretaciones, con el fin de adecuarlas a la realidad de las organizaciones políticas revolucionarias y precisar el sentido de las tesis. Jodi Dean, Comrade 91

Tesis 1. El camarada define una relación caracterizada por la identidad y la igualdad, solidaridad. Para los comunistas, esta unidad, igualdad y solidaridad son de carácter utópico, atravesando las determinaciones de la sociedad capitalista.

El anticapitalismo y la perspectiva de una sociedad alternativa, que será socialista, proporcionan el primer marco de referencia de la identidad compartida de los miembros del partido revolucionario. La igualdad y la solidaridad forman parte de esa sociedad futura, en la que se han superado los modos de opresión del sistema capitalista.

Será necesario redefinir el carácter utópico que le otorga Jodi Dean, en el sentido de más bien ubicarlo como la anticipación de los valores socialistas, que penetran como esbozos y guías en el presente. Por esto, la igualdad y la solidaridad, aunque no puedan ser completas en una sociedad basada en la explotación, deben formar parte de la práctica cotidiana de la organización.

La batalla por mantener y profundizar el carácter igualitario y solidario entre los miembros de la organización es una batalla permanente y el partido se estructura de tal manera que toma en cuenta estos aspectos, además de educar a los militantes dentro de esta perspectiva.

Tesis 2. Cualquiera puede ser un camarada, aunque no todos puedan serlo.

Esta tesis política y social tiene un carácter profundamente delimitador al momento de trazar una línea divisoria clara entre los verdaderos camaradas y los que definitivamente no lo son; esto es, establece una frontera inquebrantable entre aquellos individuos que actúan como explotadores o se erigen como cómplices directos de las dinámicas de explotación, y aquellos que las sufren en su cotidianidad, esto es, el amplio conjunto de los trabajadores y los sectores históricamente oprimidos.

Asimismo, este planteamiento tiene que ver directamente con el complejo proceso de la adquisición y consolidación de la conciencia de clase, una herramienta conceptual indispensable que permite reconocer quién está firmemente de este lado acompañando las justas causas de los subalternos y quién, por el contrario, se sitúa de manera consciente del otro lado, defendiendo los intereses de la clase dominante.

Tesis 3. El individuo (como centro de identidad) es el Otro del camarada.

Esta tesis plantea el reconocimiento y respeto pleno del otro; la identidad de cada miembro es, en realidad, una identidad compartida. Cada uno mira al otro miembro del partido y encuentra que el mundo se le da de manera similar; esto es, que ambos sufren los efectos de la explotación, de diverso modo y grado.

Pero, esta tesis requiere de una ampliación significativa en varias direcciones. Si bien el punto de partida es el reconocimiento del otro, esa otredad está compuesta por una diversidad de identidades, que tienen que explicitarse, porque constituyen modos de existencia diferentes.

Esto significa introducir en la percepción del otro las perspectivas de género, negritud, transgénero, etnicidad y ecológica; de lo contrario, el otro puede quedar oculto e inaccesible bajo la apariencia de una cierta igualdad uniformizante. En cada caso surge la pregunta por el carácter de esa otredad, en donde la imaginación juega un papel fundamental, porque es indispensable imaginarse al otro por sí mismo, utilizando todos los medios posibles.  

Tesis 4. La relación entre los camaradas está mediada por la fidelidad a una verdad. Las prácticas de camaradería materializan esta fidelidad, incorporando su verdad en el mundo.

Si bien es cierto que la fidelidad a la verdad sustenta la camaradería, en un mundo plagado de mentiras y conspiraciones, por sí sola, es insuficiente para soportar la relación entre camaradas. Por esto, la referencia al conjunto de verdades articuladoras de la lucha de clases y la existencia del partido se dan en este momento.

Con esto se quiere decir que la camaradería también se produce cuando se comparten las orientaciones programáticas transicionales, los métodos de lucha, las visiones estratégicas y, de manera especial, el horizonte emancipador de todas las formas de opresión capitalista.

Los camaradas miran juntos hacia el futuro y le disputan a la burguesía la idea de un tiempo venidero, dotándose, por decirlo así, de una escatología secular. El fin de los tiempos, no como terminación de la historia, sino como cumplimiento y realización de la liberación humana.