La metafísica está lejos de haber
desaparecido, a pesar de los innumerables anuncios de su muerte. Quizás no se
encuentra en primer plano y se encuentra apartada de las modas, especialmente
de aquellas que propugnan que se vive en un tiempo postmetafísico. Contra la
posmodernidad, ella persiste; incluso, se termina por descubrir que muchos de
los giros filosóficos que pretenden dejarla atrás se fundan en su reafirmación,
en un movimiento subyacente que, generalmente, se quiere ocultar. ¿De dónde
proviene esta condición que obliga a que se vuelva una y otra vez a realizar un
gesto metafísico? ¿Cuáles son los fundamentos y motivos de su presencia? ¿Por
qué encontramos en las corrientes que más fuertemente la rechazan un núcleo
metafísico que las anima y sustenta?
La producción teórica sobre este
campo ciertamente está lejos de ser comparable a otras áreas de la filosofía;
por ejemplo, comparado con la proliferación de ontologías; sin embargo, la bibliografía
sobre la metafísica se mantiene actualizada, con nuevos enfoques, desarrollos y
desafíos, aun sin tomar en cuenta aquellos estudios que tienen esta orientación,
sin explicitarla.
La actitud imperialista del
borramiento de la metafísica sustentada en una conceptualización que es,
precisamente, metafísica, se encuentra en la base de las principales corrientes
que postulan su superación. Estos enfoques filosóficos realizan un doble movimiento
conceptual; por una parte, reducen un campo entero de larga duración y
extensión a un solo componente, que se convierte en omniexplicativo. Una vez
que se ha hecho esta reducción extrema y absoluta, se postula un nuevo origen
privilegiado, a partir del cual se reconstruye toda la realidad. Por supuesto,
es un origen que se fundamenta a sí mismo desde la nada o, en otros casos, que
se pretende como carente de todo fundamento.
Heidegger, probablemente el
iniciador de esta corriente en el siglo XX, reduce 25 siglos de filosofía y
pensamiento occidental a un solo hecho, que sería el causante de todos los
males e incomprensiones del mundo. Negando la inmensa riqueza y variedad de la
filosofía occidental, el olvido del ser se convierte en el núcleo metafísico
que tiene que negarse y superarse
Estas orientaciones imperialistas
que invaden la filosofía también penetran en otros ámbitos. En el caso de
Jean-Luc Marion, el gesto de la reducción absoluta se convierte en la
perspectiva apofática, que niega cualquier aproximación positiva por medio de
la razón, a Dios y a los fenómenos trascendentes. Dios, siguiendo a ciertas
corrientes neoplatónicas, se ubica por fuera del ser; no se puede decir que
existe o que no existe, porque es una exterioridad absoluta. Desde luego, no se
trata de una posición atea, sino de la reintroducción de la divinidad en la
esfera humana, por la exclusiva vía de la experiencia. Los riesgos de
irracionalismo no dejan de estar presentes en estas orientaciones.
Finalmente, me refiero al
pensamiento decolonial, parte de los estudios culturales, que incorpora en su
teoría este primer gesto absoluto y negativo: la exclusión de todo lo que
provenga de Europa y de Occidente. Sin importar sus diferencias ni su historia,
todo el pensamiento occidental queda negado por considerarlo como eurocéntrico.
A partir de esta división radical surge la metafísica decolonial con un origen
puro, que por el solo hecho de ubicarse fuera de Europa, pone a su alcance la
verdad del mundo y la superación de los límites epistémicos y epistemológicos
del eurocentrismo. Las consecuencias negativas de este enfoque no solo han
tenido repercusiones en la comprensión de la realidad, sino que conducen a un
desarme político e ideológico.
Veamos ahora, de manera sintética,
las razones por las que la metafísica sigue estando presente y, más aún, es
indispensable para un adecuado desarrollo de toda filosofía y, por supuesto,
para un entendimiento adecuado de la realidad. Comencemos por los problemas
filosóficos que requieren de un enfoque metafísico para su correcto
tratamiento.
El tratamiento del tiempo, con los
debates acerca de su existencia y de la relación entre persistencia y flujo,
además, de las cuestiones del estatuto ontológico del pasado, presente y futuro
La ciencia y la tecnología conforman
unos conocimientos y prácticas sin las cuales el mundo, tal como lo conocemos,
no podría existir; por esto, se tiene que evitar la confusión entre la crítica
al secuestro capitalista de la ciencia y la adopción de posiciones románticas o
irracionales que conducen a la negación de su racionalidad. Ahora bien, de
ninguna manera la ciencia agota toda la esfera del conocimiento ni provee de
explicaciones completas del mundo. Más aún, cada ciencia deja sin resolver
cuestiones fundamentales que no alcanza a explicar; además de producir una
serie de cuestiones que requieren de un debate metafísico para resolverlas.
Por esto, se tiene una serie de
aproximaciones metafísicas a las ciencias; desde el debate en torno a los
objetos materiales hasta la discusión de los objetos abstractos, atravesando
por las cuestiones filosóficas planteadas por la química o la biología.
Alain Aspect, premio Nobel del año
2022, en su libro Si Einstein lo hubiera sabido, al reconstruir el
debate de Einstein, que consideraba que la mecánica cuántica es incompleta y
que necesita ser complementada por otras variables, muestra con claridad la
necesidad de la metafísica, que comienza allí en donde la ciencia se topa con
los límites de la comprensión de la realidad y no puede dotarnos de una imagen
adecuada de la realidad y del mundo en el que vivimos. Los experimentos
llevados a cabo por Aspect demostraron, con un alto grado de certeza, la
violación de las igualdades de Bell y, por lo tanto, la existencia del
entrelazamiento cuántico; esto es, las partículas entrelazadas están conectadas
de tal manera que cualquier cambio en una repercute inmediatamente en la otra,
sin que se comprenda a cabalidad por qué sucede esto.
Alain Aspect señala dos grandes
problemas metafísicos que atraviesan la mecánica cuántica: la no localidad y el
carácter físico de la función de onda.
Einstein
utiliza a veces la expresión “spooky action at a distance” (acción fantasmal a
distancia) para describir tal posibilidad, que es inaceptable para el padre de
la relatividad. Sin embargo, hoy en día debemos considerarla; es lo que se
denomina “no localidad cuántica”.
Nos enfrentamos a una realidad
regida por la teoría de la relatividad que afirma que nada puede viajar más
rápido que la velocidad de la luz; o, por el contrario, hay fenómenos no
locales que cuestionan esta afirmación y prueban la acción a distancia
instantánea.
El otro debate metafísico igualmente
profundo está en el carácter que se le asigna a la función de onda, que es
aquella que describe los fenómenos cuánticos. Se puede sostener, siguiendo la
interpretación de Copenhague, que se trata de un mero cálculo y que la cuestión
de si es real o no, carece de importancia, en la medida en que funciona
perfectamente; o, como alternativa que presenta Aspect, la función de onda
existe efectivamente.
Mi punto de
vista es diferente porque yo otorgo una cierta realidad física a la función de
onda, precisamente porque permite predecir los resultados de las medidas y que
eso es lo que espero de la realidad física…
Los problemas que la humanidad
enfrenta, lejos de resolverse, se han agravado. Desde la perspectiva metafísica,
al menos tres cuestiones relevantes emergen de la situación actual: primero, el
destino de la humanidad como especie, la posibilidad ya no remota, sino actual,
de su desaparición debido a las guerras, el hambre, la crisis climática, la
devastación que provocan los gobiernos de ultraderecha como última arma del
capitalismo.
Segundo, la cuestión todavía más
desafiante, de la relación entre los seres humanos y la naturaleza, que ahora
se encuentra quebrada y que no se ve un punto de encuentro y de resolución, de
tal manera que se logre una armonía entre ambos, una convivencia apropiada que
permita salvar a la naturaleza y garantizar una vida digna para las personas.
No es suficiente con la
reivindicación de los localismos y las opciones fragmentarias; peor aún, de los
relativismos. Vuelve nuevamente a colocarse en el centro de la reflexión
filosófica la cuestión de los universales; y, en primer lugar, del futuro de la
vida y de toda la humanidad sobre la Tierra. Tenemos que pensar como planeta,
porque las respuestas solo serán válidas si las respuestas son globales. No hay
soluciones válidas y viables en el mediano y largo plazo que sean únicamente
locales.
Tercero, las cuestiones de la
identidad que han adquirido una importancia cada vez más grande y que se
expresan de manera particularmente conflictiva en el estallido de la
heterosexualidad como paradigma dominante y en el surgimiento de los más
diversos modos de vivir el género. Así, el transgénero no solo tiene relevancia
para su propio campo, sino que atraviesa metafísicamente el orden social,
convertido en el operador Trans* que cuestiona el statu quo de la sociedad
entera.
La metafísica está lejos de agotarse
en las temáticas señaladas. En una capa todavía más profunda se ocupa de Bien,
Verdad y Belleza, y de suerte en las sociedades contemporáneas. Víctor Cousin,
siguiendo a Platón, postula la unidad de estos tres grandes principios
orientadores de toda acción humana.
La Verdad es, sin lugar a dudas, la
más atacada de todas. Como se dice en esta época de la posverdad, ella es la
que menos importa. Se considera suficiente la eficacia política del discurso,
la irresponsabilidad de afirmar cualquier cosa sin sustento científico en las
redes sociales, la proliferación de profetas de derecha y ultraderecha haciendo
girar las manillas del reloj hacia atrás.
¿Qué decir del Bien cuando el mal
triunfa a nivel mundial? Los intereses del capital se imponen en el mundo
entero, sin dejar lugar a salvo, de la mano de los gobiernos autoritarios. Las
guerras matan inocentes a diario; los derechos de las personas se atropellan
sin consideración; grandes masas son consideradas enemigos que hay que
eliminar, como los migrantes y los palestinos. Los triunfos logrados se
despedazan y retrocedemos a una época de oscuridad y represión.
Por esto, la unidad de Bien, Verdad
y Belleza sigue siendo la tarea del presente de la humanidad, aquella que nos
desafía y nos convoca.
Entonces, queda clara la urgencia de
escribir unos nuevos Prolegómenos a toda metafísica futura que haya de poder
presentarse como ciencia
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ResponderEliminarExcelente artículo, Carlos, la reflexión metafísica cómo condumio de la realidad cotidiana en la 'salvacion de la vida', o quedamos como pura mercancía, consumidores y la muerte planetaria.
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