Pensadores como Žižek, Badiou y Taubes, en algún momento, se inclinaron hacia una lectura desde la izquierda de la escatología cristiana y de San Pablo, sin que hayan logrado escapar de la matriz religiosa de la teología política. Pareciera que no existe escapatoria: la escatología tendría inevitablemente un carácter religioso. Por esto, la pregunta por la posibilidad y necesidad de una escatología secular tiene que ser enunciada y respondida con suficiente claridad, con el fin de encontrar una vía de escape del giro teológico de la filosofía contemporánea.
La necesidad de una escatología secular se origina en la disputa de un ámbito que hasta ahora está siendo ocupado por la religión: la larga duración y la transformación de la humanidad en su totalidad. En el caso de la larga duración, se ha referido a los grandes ciclos económicos e históricos, pero se le escapa la idea misma de la clausura definitiva de una forma de vida que se ha basado en la sucesión de modos de explotación. En cuanto a la transformación de la humanidad, remite a formulaciones en las que la realidad social inmanente se encuentra con lo trascendente para ser salvada y redimida. La exigencia de respuestas hace que pululen religiones, sectas, espiritualidades y metafísicas, cada una posicionándose como la verdad sin más.
El Popol Wuj trae una imagen que sirve como punto de partida para pensar el fin de los tiempos de una manera diferente. Los dioses mayas crearon varios tipos de seres humanos hasta llegar al actual. Primero, los hombres de barro, luego los de madera y finalmente, los de maíz, que es la humanidad actual. Los dioses se dieron cuenta de que los hombres de maíz veían y comprendían todo, con perfecta claridad, e incluso podían competir con ellos. Por eso, celosos de su propia creación, les nublaron la vista; así, su entendimiento quedó limitado y confundido.
Esta tercera humanidad, ahora convertida en humanidad capitalista, hereda y lleva a su máxima realización los distintos modos de explotación y opresión que se han sucedido en la historia; así, la esclavitud y el patriarcado se conservan como uno de sus sustentos. Los seres humanos no solo tienen nublada la vista, sino que están al borde de la ceguera total. Ya no son los dioses quienes los quieren aniquilar, sino ellos mismos, porque han puesto en riesgo su propia supervivencia. Son sus acciones las que están conduciendo a la barbarie.
La escatología secular se pregunta por la posibilidad del fin de esta tercera humanidad y el comienzo de la cuarta humanidad. Será el nacimiento de una nueva humanidad y no solo la mejora o reemplazo parcial de la anterior. En este sentido, este porvenir, en sus aspectos fundamentales, no está contenido en el mundo actual; y no podrá emerger de un Aufheben, porque muestra la limitación de ser una negación de la negación y una superación de lo anterior. Desde luego, la nueva humanidad tomará los elementos de la forma de vida actual que le sean indispensables, pero serán colocados en un mundo enteramente nuevo, a tal extremo que probablemente no serán ni siquiera reconocibles.
No se trata de realizar otro gesto grandilocuente, metafísico o religioso, de totalizar la historia y reducirla a un principio abstracto o colocar al final de los tiempos una estructura mesiánica. Es ESTE mundo, ESTE tiempo el que se ha puesto en cuestión; es ESTA humanidad presente la que tiene que dar paso a una nueva humanidad. Las totalizaciones conducen a la aparición de fenómenos autoritarios, que han sido devastadores.
La expectativa de una nueva humanidad no podrá resolverse con una apelación a la esperanza. Esta, si está vacía de un contenido específico válido para el ahora, es otra forma de resignación. Además, no hay un mesías ni una historia sagrada esperando por nosotros. Se trata de una secularización completa y no de una variante de religiosidad.
La dificultad proviene de la ausencia de un cielo prometido y, por lo tanto, de no saber qué forma tendrá esa nueva humanidad, esa cuarta humanidad que está contenida implícitamente en el Popol Wuj. Conocemos lo que no será: capitalista, opresora, destructora de la naturaleza, patriarcal, racista; pero desconocemos tanto el camino como la meta. La teología precisamente trata de llenar este vacío y esta ansiedad de futuro. Danowski y Viveiros de Castro lo enuncian en todo su dramatismo: ¿Hay un mundo por venir? Ensayo sobre los miedos y los fines.
Si todo quedará hasta aquí, solo habríamos salido de un callejón sin salida para entrar en otro. Ciertamente, es tarea de la humanidad presente encontrar el camino para alcanzar ese porvenir elusivo. ¿Por dónde empezar? ¿Hacia dónde dirigirnos? ¿En dónde están las señales del tiempo venidero?
El presente continuo del capitalismo, que clausura el futuro, presenta fracturas, escisiones y rupturas por las que se muestran destellos de temporalidades no capitalistas y no opresivas. Relámpagos en medio de la noche oscura que iluminan el cielo por unos instantes. Allí podemos vislumbrar lo que será el nuevo mundo e intuiremos hacia dónde vamos.
Cada lucha social, cada movilización de masas que choca violentamente contra las fuerzas del orden, cada teoría suficientemente radical y profunda, cada resistencia de larga duración, crea la imagen del tiempo por venir. Allí lo colectivo se apropia de la historia, se quiebra el curso normal del orden establecido, se restaura, aunque sea provisionalmente, la voluntad de emancipación.
También allí las formas de vida colectivas, comunitarias, democráticas y horizontales presentan su rostro asombrado. Desaparecen arrasadas por el capital, por la desesperanza, por el arrastre de ideologías ultraconservadoras; pero quedan en la memoria hasta la próxima gran batalla. ¿Cómo preservarlas y consolidarlas? ¿Cómo construir de manera permanente lo colectivo que tenga frente a sí el horizonte emancipador?
Ante la situación catastrófica que se avecina, hay que adoptar una actitud escatológica. Una voluntad de transformación, guiada por las mejores representaciones posibles, que se pone en movimiento, entre otros mecanismos, a través del ethos caníbal, los procedimientos hacker y la función del operador Trans*.
El ethos caníbal devorando la cultura y el pensamiento de la sociedad capitalista para someterlos y deshacerlos, y con sus partes, ya reconvertidas en otra cosa, construir una nueva cultura.
Los procedimientos hacker que alteran el algoritmo salvaje de la dominación e introducen en sus secuencias una dirección que lleva hacia el mundo por venir que anhelamos.
El operador Trans*, cuyo funcionamiento enseña a hacer estallar los campos fijados por el orden establecido, las ortodoxias que estallan en heterodoxias, los mundos unificados por la dominación partiéndose y dispersándose en todas direcciones.

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