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lunes, 29 de julio de 2024

TÉCNICA, SENSIBILIDAD Y BELLEZA.

 


La pérdida del sentido de la belleza en algunas artes y especialmente en el discurso posmoderno oculta la quiebra del relacionamiento con dos aspectos esenciales de la existencia contemporánea: la sensibilidad y la técnica. Ambas quedan afectadas profundamente por la disolución de la belleza en la idea individual del artista. 

 

Al retirarse el arte posmoderno de cualquier consideración formal y material no está únicamente cuestionando un modo de hacer arte que proviene de la modernidad y de las vanguardias, sino que se pone en cuestión el estatuto de la sensibilidad en las obras de arte. Es a través de la expresión que la obra llega al espectador; es decir, en la confluencia entre la forma del contenido y la forma de la expresión, en el modo concreto que se muestra una idea encarnada a través de los medios que se hayan elegido. Aquí habita la belleza.  

En este marco, la belleza permanece y continúa representando una necesidad innegable. Su pérdida significa, en muchos aspectos, el resultado último de un doloroso itinerario por los meandros de una razón que ha entendido su propia maduración en la clave más drástica posible, a saber, en el sentido de una fractura del vínculo con el origen. (Vercellone, 2013, pág. 197)

Ese origen no alude a un principio metafísico, ni a un ser oculto al que habría que buscar, sino a las sensaciones y a la sensibilidad que son el punto de partida de la belleza. En este sentido, al separarse de la belleza el arte reniega de su origen y fundamento. Y así se desemboca en una posición iconoclasta que defiende únicamente a la inteligencia contra lo sensible, sin reconocer su profunda conjunción en los procesos subjetivos y en sus manifestaciones artísticas: 

La belleza que vivía bajo el signo ambivalente, aunque no ambiguo, de lo activo y pasivo, que hacía valer la soberana subjetividad/objetividad de la imagen, dotada de una resplandeciente atracción, resulta ahora del todo desconocida o, mejor dicho, fluye de nuevo por los territorios de la ineficacia. (Vercellone, 2013, pág. 198)

Nunca está demás la insistencia en que estos modos de expresión no se le imponen al artista desde fuera, sino que vienen dados por su pertenencia a un grupo de referencia con su respectiva estética y a la serie de elecciones personales que haga. Pero, esto no elimina la obligación de dirigirse a la sensibilidad del espectador, a través de la correcta resolución de la obra en el entrecruzamiento entre ideas y materialidades, sean cual fueren estas. No existen obras de arte inmateriales, que fueran nada más el espíritu del artista flotando sobre los precarios mortales que lo miramos y que entraran en el mundo artístico por su sola voluntad. Como decía Schopenhauer, el mundo está hecho de voluntad y representación.  

 

La apelación de la obra de arte a la sensibilidad del espectador modelo, para retomar una idea de Umberto Eco, coloca exigencias sobre la arte de obra al tener que provocar el movimiento de dicha sensibilidad y para esto es indispensable el respeto y desarrollo de los medios y de las técnicas de producción de la obra con un grado de calidad satisfactorio. 

 

Aquí entra en juego, junto con la sensibilidad, la técnica. La belleza se produce a través de la utilización de una técnica. Desde luego, estas son producto de un desarrollo histórico y se someten a continuas transformaciones. Nuevamente, cada colectivo de artistas utiliza las técnicas que crea conveniente. El otro lado de esta afirmación realmente importante es que no se puede prescindir de la técnica. 

 

Aún en el caso de situaciones como el ready-made podemos encontrar una técnica de producción: la elección del objeto cotidiano, su segmentación o serie de cambios que se introducen en este antes de exponerlo, la consideración muy precisa de los elementos contextuales sociales y de la esfera del arte y los discursos que los acompañan. Es decir, el establecimiento de las condiciones en el campo del arte que hagan posible que un objeto cotidiano se convierta en obra de arte en el momento en que es expuesto en el museo o galería. 

 

Exceptuando el estrecho campo de las artes plásticas, la cuestión de la técnica es esencial en todas las demás artes. No aceptamos una ejecución musical con fallos graves y evidentes; tampoco una pieza que no tome en consideración el conjunto de exigencias musicológicas. Cuando leemos un libro nos importa que esté bien escrito. No se nos ocurre decir: “el lenguaje utilizado es de lo peor sin siquiera respeto a las estructuras gramaticales, pero es una buena novela”. Cuando jugamos un videojuego los aspectos estéticos son uno de los elementos que más contribuyen a la inmersión. Y esperamos que el diseño gráfico del catálogo de la obra posmoderna sea hermoso.

 

El choque del arte posmoderno con la técnica proviene de una crítica romántica de esta. Se supone que la técnica nos deshumaniza y nos lleva directamente a la sociedad de consumo hiperpoblada de aparatos y prótesis de todo tipo. Pero, la técnica es aquello que nos hace humanos y que, incluso, nos individualiza.  

En esta línea, quizá fuera posible concebir también no tanto una crítica de la razón tecnológica, como —más articuladamente— una crítica de la «mala» técnica, de una «mala» razón. (Vercellone, 2013, pág. 199)

Es indispensable un reencuentro de arte y técnica tal como vemos en el videojuego y el diseño, y ahora mucho más con la inteligencia artificial. ¿Acaso la calidad de la obra de arte se trasladará a la belleza del prompt? ¿Habrá un acercamiento significativo entre programación y producción de la obra de arte? Porque la obra de arte hecha con inteligencia artificial siempre es producto de una programación. Hay toda un estética del software y se puede hablar de programas bellos y otros feos:

 

Es decir, ¿no dependerá del hecho de que se haya dejado de lado el saber «técnico» de la naturaleza para confiar, por el contrario, en una técnica que la combata y la destruya? ¿Y no será precisamente este saber «técnico» de la naturaleza el que deberíamos denominar belleza? (Vercellone, 2013, pág. 200)

 

La belleza, hasta en su versión posmoderna, muestra la conjunción entre el concepto que se expresa a través de la forma de la expresión, producida mediante una técnica definida de manera inmanente a la esfera del arte, y que tiene como consecuencia despertar la sensibilidad del espectador.


(Vercellone, Federico, Más allá de la belleza, Biblioteca Nueva, Madrid, 2013)

martes, 23 de julio de 2024

Diálogo con la multitud. Awagadin Pratt.

 

 


 

Se puede escuchar en Bandcamp: https://awadaginpratt.bandcamp.com/album/stillpoint

El viernes 25 de agosto de 2023, el internacionalmente aclamado pianista Awadagin Pratt, conocido como "uno de los grandes y distintivos pianistas y directores estadounidenses de nuestro tiempo" (NPR All Things Considered), y elogiado por su "enorme rango dinámico [que] abarca desde la grave quietud hasta el inmenso trueno" (Boston Musical Intelligencer), lanza su nuevo álbum, STILLPOINT, via New Amsterdam Records. STILLPOINT es una colección de seis obras recién encargadas de profunda gracia, poder y profundidad, compuestas por un grupo de compositores estilísticamente diversos para piano (Pratt), orquesta de cuerda (A Far Cry), y un ensamble vocal (Roomful of Teeth).

 

En el segundo track, Code, compuesto por Paola Prestini, escuchamos la confrontación entre el piano y las cuerdas. Luego, hay momentos de calma en donde parecen acompañarse y superponerse; más aún, las cuerdas pretenden ponerse en primer plano, únicamente para enfrentarse al piano que con toda la fuerza reclama su lugar, la de aquel que cuenta la historia en la que, además es el protagonista. El piano exige que las cuerdas sigan su rastro y se supediten a la melodía que él se encarga de ampliar, indagar, recorrer.

Hay momentos en que ambos bajan la voz, aunque manteniéndose cada uno sin dejar que queda una sola voz; y otra vez regresa la oposición, que en algunos momentos encuentra una tregua.

La voz nítida del piano no es otra que la del sujeto que irrumpe en el escenario y que dice de manera altiva: “yo, yo estoy aquí”. Impone su historia contada en el ir y venir de la melodía, en la redundancia de una existencia quizás muy conocida; pero, en donde lo fundamental es que se narra en primera persona.

Sin embargo, esta afirmación subjetiva y potente siempre tiene frente a sí a la multitud, al colectivo que por más esfuerzos que haga no desaparecerá. Fingirá ponerse en segundo plano, aceptará momentáneamente ser el personaje secundario. Tarde o temprano es el piano el que termina siguiendo el rastro de la cuerdas.

Porque todo diálogo lo hacemos con la multitud, hasta desembocar en el reconocimiento de que no somos sino una condensación efímera del colectivo que colapsa en un individuo, el que tarde o temprano tiene que regresar a su origen, a pesar de que se resista, tal como escuchamos hacia el final del track en donde escuchamos la aceptación melancólica de lo que somos.

viernes, 19 de julio de 2024

LA BELLEZA EN FUTURISMO TARDÍO DE EFRAÍN VILLACÍS.

 


Narración breve incluida en: Parque Inglés, UDLA Ediciones, Quito, 2024.

Me imagino que Efraín Villacís es un dibujante. Toma un lápiz y antes de hacer el trazo se detiene. Quiere dibujar un círculo perfecto a mano alzada. Comienza, parece detenerse dubitativo y concluye con un gesto rápido. Lo ha logrado. Recorramos con él este trazo que muestra el modo en el que se ha producido la belleza en este texto.

Varios aspectos formales conducen al texto hasta la belleza, a través de los que somete bajo el poder de la lengua la historia surrealista de los ocho hombres calvos a los que mira desde lejos. En primer lugar, el ritmo que emerge de la presencia repetida de los ocho hombres calvos, que se deshace en sus individuos haciendo cada uno algo distinto y que encuentra su contrapunto en el narrador ubicado en el otro extremo del Parque Inglés.

Hay ocho calvos en hilera, a ochenta centímetros de distancia, o menos, uno del otro…

               y yo del otro lado.

 Están sentados en una banca larga, mullida, ante mesillas cuadradas…

y yo en un sillón hondo

 Y más adelante:

Ocho calvos miran al frente, al mismo tiempo…

 yo espiando por los polines rojos de una mujer que cruza con un niño llorando en brazos

 Y sigue:

Calvos de diferentes tonos: cuatro claros, el resto agrisados…

y yo vestido de azul con zapatos negros

Atrapados en esta secuencia la narración avanza, presenciamos a los hombres calvos en su vida cotidiana, sin percatarse de que son mirados; nos aproximamos a la historia de su calvicie: unos porque se han rapado, otros porque han perdido el pelo.

En segundo lugar, el color verde en sus diversas manifestaciones insiste en mantenerse ante nuestra mirada, como si él fuera el protagonista de la historia, se repite sin querer marcharse:

               Verde botella

               Verde aceituna

               Verde pino

Y más adelante: “… y yo ocupado en revolver media cucharadita de azúcar blanca en una taza de té verde orina”. Finalmente los vemos marcharse, cada uno a su manera, aunque la sensación de ser un grupo no se pierde:

Han desfilado de uno en uno, manteniendo la distancia, con chaquetillas de figurín o suéteres de cachemira con cuellos en V —dos se retrasaron, uno hasta recoger el cable que se le cayó, el otro fue al cuarto de baño—, hasta desaparecer escaleras abajo, al final me percaté de que todos llevaban anteojos con marco de metal dorado, delgadísimo, tratando de ocultar su vulgaridad

En tercer lugar, de manera invisible la música está oculta detrás de la obra de Villacís. Es fácil verlo escribiendo frente al computador mientras escoge la música que le dirigirá hacia el texto, como un hilo de Ariadna que le permite no perderse en el laberinto de las palabras. Futurismo tardío me lleva directamente a The Doors, Break on Through to the other side.

Escucho, pero con la letra cambiada, colocando en vez de la original el texto traducido y adaptado de Futurismo tardío:

There are eight bald men in a row,

with less than eighty centimeters between them.

I am on the other side

I am on the other side

Eight bald men look straight ahead at the same time,

and I catch a glimpse of a woman crossing with a crying child in her arms.

I am on the other side

I am on the other side

Bald men of different shades:

four lights, the rest grayish, and me dressed in blue with black

                              in the other side

                              in the other side.

 

Ejercicio que podría repetirse en varios pasajes del texto, en los que no solo se encuentra un cierto ritmo, sino que va más allá y se postula como letra que ya contiene dentro de sí la musicalidad que, potencialmente, se podría convertir en una canción. Sería hermoso que Futurismo tardío fuera leído en voz alta y mejor aún, cantado.

En cuarto lugar, y como era de esperarse, el cierre muestra al narrador abandonado a su suerte, percatándose que la mirada irónica ahora se vuelve contra él, sintiendo como emerge de su inconsciente la certeza de que son ellos, los hombre calvos, los que existen y que él es, nada más, una mirada efímera pronta a desaparecer:

Solo tengo polvo en el aliento, un recuerdo que lastima como si algo alguna vez hubiese latido.

Esta narración de Efraín Villacís reafirma el encuentro la forma literaria y la belleza como su producto; y, de manera especial, la plena validez de la pregunta por la belleza que, a pesar de la posmodernidad, no se ha ido del arte. En un mundo tan feo como es este en el que vivimos, el texto reivindica el derecho a la hermosura.


TEXTO.

EFRAÍN VILLACÍS, FUTURISMO TARDÍO.

Hay ocho calvos en hilera, a ochenta centímetros de distancia, o menos, uno del otro, y yo del otro lado. Están sentados en una banca larga, mullida, ante mesillas cuadradas, y yo en un sillón hondo, verde botella, mirando la vela verde aceituna, larga, del edificio más alto de la ciudad: se está construyendo, es una cloaca levantada dentro de un perímetro estrecho, al frente del parque más grande de la ciudad; área verde pino, urbana; central, no lo dije antes para no aparentar con el renombrado de la mítica ciudad del señor Auster, aunque prefiera el que yo describí para ubicar al creador de Franny, cuando jugaba béisbol, bueno, peloteaba, en 1932.

Ocho calvos miran al frente, al mismo tiempo, y yo espiando por los polines rojos de una mujer que cruza con un niño llorando en brazos: entrenado para provocar lástima; a mí me abruma y estorba. Ellos no se inmutan: son cabezas seriadas de maniquíes que sirven para exhibir extensores de pelo artificial para personas con ideas largas. Las medias son de lana, pasan de las rodillas, y aún logro ver un poco de piel oscura, no es bronceada ni cobriza, café con leche tal vez, no, más bien terrosa, aclarada por falta de sol.

Calvos de diferentes tonos: cuatro claros, el resto agrisados, y yo vestido de azul con zapatos negros, puntiagudos («puntones» es más preciso, pero ese tipo de calzado no existe). Los aclarados se ven tristes y tienen caídos los rostros, disculpándose, las miradas son idénticas y no, cada par de ojos tiene su grado de languidez; los oscurecidos se ven incompletos, algo ha sido retirado de sus testas, muestran narices parecidas, altivas, posando ante una cámara fotográfica del servicio de pasaportes. El tapiz de esa pared es color vino, con adornos dorados en forma de rombos estilizados, vistos de cerca son hojas de achira por cada lado, pintadas a mano: quiero creer, aunque yo no crea en nada en realidad.

Dos atienden sus celulares, tres esperan bebidas, los otros escriben en tabletas, y yo desparpajado me río, a veces con gemidos, de los disparates emitidos por un hombre a una mujer en la mesa cercana; ella no dice nada, no puedo ver su expresión, sin duda lo azuza porque él yergue la cabeza y respira como perro de presa. Los calvos brillan al unísono, es decir con igual intensidad: pienso en trompetas anunciando la carrera, y a Mesala jugando contra Andy Murray antes de la operación. Pasaban deportes por los monitores; luego del confinamiento, solo videos cortos, sin sonido, de las bondades del café de altura y sus redundancias fusionadas, repostería.

Cuatro se han rapado con celoso cuidado, los demás lo han perdido en diferentes épocas de forma palmaria, y yo ocupado en revolver media cucharadita de azúcar blanca en una taza de té verde orina. Moda y destino en fila, exhibiéndose ante mis ojos: ocho redondeces con achatamientos particulares, rasgos inhumanos por lo quietos y desatendidos, nadie repara en ellos, ¿solo yo? Ocho muñecos que puedo desarmar en piezas y reubicar a mi antojo, y no se verían igual, aunque a esta distancia se vean idénticos, perfectos. Un ojo alargado junto a otro saltón, la nariz torva sobre labios cerrados en ojal, entre cachetes llenos, no mofletudos, y un mentón recto, definido como un balcón. Autómatas de cafetín con diferente giro de cuerda, se mueven a su tiempo por- que van a dar las seis; sin sexo.

Han desfilado de uno en uno, manteniendo la distancia, con chaquetillas de figurín o suéteres de cachemira con cuellos en V —dos se retrasaron, uno hasta recoger el cable que se le cayó, el otro fue al cuarto de baño—, hasta desaparecer escaleras abajo, al final me percaté de que todos llevaban anteojos con marco de metal dorado, delgadísimo, tratando de ocultar su vulgaridad. La red larga de setenta metros ondea con el viento que baja de las montañas, sirve para detener escombros o herramientas que caigan de cualquiera de los pisos en construcción, se queden dentro del área y no revienten a un paseante distraído e infeliz; futurismo tardío de hace un siglo. En la calle se acumulan los transportes idénticos, aunque sean de diferente tamaño, color y año de fabricación: resplandecen los capós con el último aliento que les da el guiño del atardecer desde el volcán; es un éxodo que se repite en una proyección holográfica, nada que está muriendo puede parecer tan limpio.

Ya no hay calvos ni transportes, y yo tratando de imaginar el tipo y extensión de tela que deben usar para sacarse brillo luego de untarse alguna grasa de origen animal. Solo tengo polvo en el aliento, un recuerdo que lastima como si algo alguna vez hubiese latido.

lunes, 15 de julio de 2024

EL PORVENIR DE LA BELLEZA. MISSY MAZZOLI, SONG FROM THE UPROAR.

 


 

Se puede escuchar en: https://missymazzoli.bandcamp.com/album/song-from-the-uproar

New Amsterdam Ensemble lanzó el disco de Missy Mazzoli con su ópera de cámara Song from the Uproar: The Lives and Deaths of Isabelle Eberhardt en 2012. Concebido en colaboración con el cineasta Stephen Taylor, la directora Gia Forakis y el libretista Royce Vavrek, el álbum es una grabación original del elenco con las actuaciones de la mezzosoprano Abigail Fischer, NOW Ensemble, el director Steven Osgood, Celine Mogielnicki (soprano), Amelia Watkins (soprano), Kate Maroney (contralto), Tomas Cruz (tenor), Peter Stewart (barítono).

 

La posmodernidad llevó a pensar que la belleza no es consustancial al arte y que este bien podría prescindir de sus expresiones y teorizaciones; especialmente en el campo de las artes plásticas terminó con convertirse en un dogma con resultados harto problemáticos, como se puede ver en la crisis que este campo enfrenta.

Por esto, cabe preguntarse a dónde ha ido a parar la belleza cuando es expulsada del arte; y consecuentemente ¿cuál es el porvenir de la belleza en caso de que tenga alguno? Comencemos diciendo que la belleza no puede ni debe ser expulsada del mundo. Si se la echa de alguna esfera, volverá con mucha más fuerza a través de otros medios y campos.

La belleza expulsada de las artes plásticas retorna en el diseño, la moda, el interiorismo y en la oleada de prácticas estéticas destinados a la belleza personal, que van desde la vestimenta hasta el maquillaje y que incluyen también la cirugía plástica. Ciertamente, un campo secuestrado por la sociedad de consumo.

Pero, combatir el consumismo no tiene que confundirse con la eliminación de la belleza; sino, con replantearse cuál es su lugar, forma, de qué manera cada cultura entiende y produce su propia belleza; y considerarla con un bien común, un derecho universal de todas las culturas y personas.

Song from the Uproar es un magnífico ejemplo del ejercicio de la belleza en la música. Esta ópera de cámara ubicada en el amplio campo de las corrientes neomelódicas nos lleva hasta el mundo de Isabelle Eberhardt y su viaje físico y espiritual desde el mundo europeo hasta la cultura árabe, recreando la experiencia estética de la hermosura del encuentro con una cultura radicalmente distinta.

En este sentido, reintroduce la belleza en esta fea realidad en la que vivimos.

lunes, 8 de julio de 2024

PRESENTIMIENTO de Emahoy Tsege Mariam Gebru


 


El track se puede oír en: https://emahoytsegemariamgebru.bandcamp.com/album/spielt-eigen-kompositionen

 

En la presentación del disco realizada en mayo del 2022 se señala:

 “Nacida en una familia aristocrática en Adís Abeba en diciembre de 1923, Emahoy pasó gran parte de su juventud y juventud estudiando música clásica en Europa. Regresó a Etiopía en los años 40, donde la guerra interrumpió sus estudios musicales. En 1948, durante un servicio religioso en Etiopía, encontró su fe y comenzó años de formación religiosa.

A lo largo de sus viajes físicos y espirituales, Emahoy continuó componiendo para piano. Lanzó este álbum por primera vez en Alemania en 1963 como un pequeño disco de prensa privada. Las pistas reflejan sus propios viajes, moviéndose sin problemas entre el clásico occidental y los modos etíopes tradicionales, evocando a Erik Satie, la liturgia ortodoxa y la música cristiana meditativa a la vez. Su trabajo no se parece al de nadie en el mundo, lírico, hipnótico, lleno de calidez espiritual y una conexión directa con lo divino”.

 

Presentimiento de Emahoy Tsege Mariam Gebru nos transporta a ese estado de ánimo de una espera anticipada y un sentimiento antes de los hechos, de aquello que creemos que va a suceder, aunque no sepamos de dónde viene esa sensación y nunca podamos estar seguros de ella.

Las notas nítidas que parecieran separadas de las otras, con un valor propio, ascendiendo y descendiendo, los cambios de velocidad: a veces pareciera estar a punto de detenerse, en otros momento deja que la música fluya, como si quisiera hacerse presente y, al mismo tiempo, esconderse.

Esa indecisión del presentimiento se muestra plenamente en este suave divagar del piano, casi un blues sin llegar a serlo, al borde la nostalgia al estilo Satie sin caer en ella. Siempre al límite, caminando por el filo, conteniéndose y avanzando; puede ser serio y triste y, simultáneamente, una nota de alegría.

Así es el presentimiento: nos acongoja o alegra de antemano, y al mismo tiempo, lo negamos, porque no tiene fundamente y no sabemos de dónde viene. Y como estas secuencias repetidas lo dicen, esa sensación de que algo sucederá vuelve a pesar nuestro, contra la razón, arrasando todo argumento. Y luego de un momento, cuando nos hemos dejado llevar por la corriente que invade los pensamientos, nos detenemos, batallamos contra nosotros mismos, decimos que nada indica que algo esté por pasar.  

Por eso, hay esta obra esa estructura de las notas que se levantan y otras, en el otro extremo, que las contradicen sin superponerse. Diálogo con nosotros mismos que podría prolongarse hasta el infinito. Esto es Presentimiento de Emahoy Tsege Mariam Gebru.

miércoles, 3 de julio de 2024

EL CLINAMEN EN EL JUEGO DE ROL PTYX.

  

El juego de rol Ptyx articula dentro de la mecánica de la jugabilidad una serie de conceptos filosóficos y que constituyen la base para una discusión de la metafísica ficción, de aquí en adelante Metafic. Estos conceptos aparecen como reglas del juego, aunque tienen detrás de ellas un sustento teórico; y son: antinomia, clinamen, syzygy, absoluto y anomalía. En este momento, tomo la noción de clinamen para analizarla. Su significado se establece de la siguiente manera:

“Todas las acciones tienen consecuencias que repercuten una tras otra sin fin”, Clinamen es el Regente de la Jerarquía, su objetivo principal es asegurar que exista una linealidad y un propósito para todas las acciones, que finalmente le sirvan a él. Debilitar este axioma causará que la realidad se vuelva más absurda, haciendo qué las acciones tengan consecuencias inesperadas e inexplicables. De lo contrario, fortalecer este axioma controla la lógica de ensueño de Enciclopedia, haciendo qué el mundo se parezca más y más al mundo real.

 Dentro de la lógica del juego el Regente de la Jerarquía es el que controla la dinámica del Clinamen. Este muestra la influencia que tienen las acciones sobre las demás, en una cadena interminablemente acumulativa, en donde el desplazamiento del punto de origen primero se rompe y luego se desplaza progresivamente hasta parecerse muy poco al inicio.

 El clinamen no se parece al efecto mariposa de la teoría del caos; aquí no se trata de afirmar que un pequeño desplazamiento en las acciones o en las reglas produzca efectos catastróficos; se trata, más bien, de la secuencia determinista de las acciones y de las posibilidades de su quiebre. Se parece mucho más a lo que Stephen Jay Gould, La estructura de la teoría de la evolución, denomina equilibrio puntuado, como el principal instrumento de la evolución, en la que se producen pequeños desplazamiento aleatorios, que se irán desarrollando y diferenciando hasta dar como lugar al surgimiento de nuevas especies.

 La falta de control sobre el clinamen producirá mayores desplazamientos y desviaciones de la norma; un control más ajustado favorecerá a cualquier tipo de jerarquía y orden establecido.

 Esta concepción del clinamen se ve bien representada en el Castillo de Clinamen, escondida en el bosque Kökino, en la que hay mil puertas que llevan a múltiples destinos. Aquí el poder se expresa en la posesión de las “armas” de este mundo, que son colecciones de obras de ficción y de aquellas que permiten manipular los significados, que es el territorio de batalla.

 Desde la perspectiva de la Metafic, ¿qué es lo que está en juego aquí?, ¿qué debate filosófico está abierto?, ¿cómo se expresan en el juego las diferentes respuestas que se pueden dar?, ¿de qué modo nos sirve para reflexionar sobre los presupuestos metafísicos de nuestra realidad?

 Ptyx incorpora al concepto clásico de clinamen, entendido como desviación de un orden o regla que da lugar a un mundo entero, la cuestión del lenguaje. Así como la política revolucionaria tiene que ser entendida a través de un materialismo aleatorio (Althusser, Por un materialismo aleatorio), la disputa sobre los significados se torna fundamental en cualquier batalla por la transformación de la realidad. Además, quien controla los significados logra establecer su hegemonía dentro de la sociedad y así fortalecer el proceso de dominación. Las batallas en Ptyx se convierten, de esta manera, en la mímesis asimétrica de lo que vivimos todos los días en las sociedades actuales, en donde proliferan las noticias falsas, los negacionismo, los sinsentidos, las actitudes anticientíficas.

 Como Ptyx muestra con claridad: el que controla la producción de sentidos, controla el mundo entero.

 

martes, 2 de julio de 2024

PTYX UN MUNDO ENCYCLOPEDIA PARA JUGAR Y FILOSOFAR.

 



Lanzado el 1 de julio del 2024.

Se lo puede obtener en: Ptyx, the Pataphysic TTRPG by Yugo Creations (itch.io)

Juego de rol, TTRPG, Tabletop Role-Playing Game, que a través de su plena jugabilidad permite entrar en una reflexión filosófica consistente. Desde el inicio el juego tematiza cuestiones fundamentales acerca de la conformación del mundo y de la manera cómo existimos dentro de este. Por supuesto, el juego es un rastreo libre de estas cuestiones y se aproxima a lo que se podría llamar una metafísica ficcional, como son de hecho la mayoría de las metafísicas.

El mundo del juego, tan parecido al real y al mismo tiempo tan diferente, contiene como marco definitorio varios presupuestos: es un mundo autocontenido en donde no existe un afuera o una exterioridad a la cual se pueda apelar y, al mismo tiempo, es capaz de abrirse hacia otros espacios que expanden la enciclopedia infinita en la que están contenidos.

Aquí la regla fundamental es que se hacen cosas con palabras, pero que no se queda solamente en una plano performativo, sino que el control sobre este mundo se da cuando uno se apropia de los significados, que son objeto de disputa. Por este, como dice la presentación del juego, “cada pensamiento y concepto tiene un poder inmenso”.

La lengua se transforma en arma, que quizás es lo que realmente es.  Se podría decir que es una especie de concepción nominalista del mundo, con la particularidad de que los nombres y en general las palabras tienen una potencia ontológica, es decir, capaces de crear y determinar el curso de la realidad.

Las tematizaciones están allí frente a nosotros: el mundo como totalidad autocontenida, la relación entre realidad y lenguajes, la potencia ontológica de las palabras, la disputa del poder sobre los significados.

 

domingo, 30 de junio de 2024

Temporalephs

 


Artista: Sinfauxnee Adrift de Oonagh Kkhonnung


El album Temporalephs se puede escuchar en Bandcamp: https://themuseumofviralmemory.bandcamp.com/album/temporalephs

Este álbum forma parte de la discografía de The Museum of Viral Memory y fue lanzado en el 2022. El ejercicio musical que propone se lanza a trasladar la idea original del Aleph de Borges, en donde todos los espacios podían verse al mismo tiempo; de esta manera se observaba el universo entero desde un solo lugar, hacia la temporalidad:

“Una hazaña incomprensible, más allá de la imaginación humana, el Aleph nos llevó a preguntarnos si no seríamos capaces de encontrar un primo del Aleph, el Aleph Temporal, un punto donde un alma puede permanecer y no mirar todo el espacio en ese momento. sino más bien mirar hacia todos los tiempos en ese espacio. Esto es algo en lo que nosotros, como humanos, parecemos mucho más expertos: mirar el tiempo como si siguiera un camino recto, una flecha, mirar hacia adelante y hacia atrás a lo largo de la línea de tiempo e imaginar muchos, tal vez todos ... más”.  

El largo intento de rastrear todos los recorridos del tiempo se despliega en largos tracks que van desenvolviendo los temas musicales, como hilos de Ariadna orientadores en medio del laberinto temporales. Pacientemente nos dejamos llevar por sus secuencias, retrocesos, altibajos, y percibimos que los recorridos son, en realidad infinitos y que estamos ante una tarea imposible.

Entonces, la música de Sinfauxnee Adrift de Oonagh Kkhonnung realiza un recorrido asintótico de constante aproximación a la serie temporal, sin poder alcanzarla nunca. Vamos detrás del tiempo y cuando creemos haberlo atrapado ya se ha fugado, como la vida misma.

Una particular interpretación de Temporaleph se encuentra en 127 de Phonux, como colaboración incluida en el track 21. Quizás este es el que mejor interpreta esta búsqueda de todos los caminos del tiempo, pero proveyéndolo de una cualidad extra, en el diálogo entre la cuerdas y la percusión, que significan el ritmo marcado de los pasos que no se detienen y las sensaciones que nos asaltan en cada uno de los recorridos. (https://themuseumofviralmemory.bandcamp.com/track/127-a-temporaleph-by-phonux).

La percusión insiste.

La cuerdas dudan.

miércoles, 19 de junio de 2024

EL FUNCIONAMIENTO DEL OPERADOR TRANS* EN MEMORIA DE EFRAÍN VILLACÍS.


 

Incluido en: PARQUE INGLÉS, UDLA, Quito, 2024. 

 Hay muchas maneras de leer un texto literario: lectura cercana, enfoque hermenéutico, aproximación formal, entre otras tantas. En este caso, parto de la Teoría de la Forma y concretamente de la noción de operador trans*, a fin de indagar si este concepto le cabe a la narración de Efraín Villacís. (La introducción teórica a la noción de operador trans* se encuentra en Ensayos sobre la forma, ArteLatam, New York/Quito, 2021, capítulo XVIII, Trans* formaciones; y se puede descargar de: https://libgen.is/book/index.php?md5=9FE4D94E76E4675D3196859A09178F25)

 Si bien el operador trans* proviene de los debates y prácticas transgénero en esta teorización, y generalización, se toma el término más bien como originario. Así lo transgénero vendría a ser una ocurrencia del fenómeno más general de lo trans*. La capacidad de lo trans* rebasa con mucho el ámbito del género para convertirse en una característica ontológica de otros fenómenos que no guardan relación, al menos directa o inmediata, con el cuerpo y la sexualidad. Veamos ahora de qué manera las categorías generadas en el campo trans* están capacidad de trasladarse a otros campos; y en ese caso concreto, a la literatura.

 La lectura del texto literario normalmente se la hace desde dentro; sin embargo, también cabe la posibilidad de hacerle preguntas, someterle a un interrogatorio en la búsqueda de la líneas de fractura de los órdenes canónicos y el consiguiente despedazarse de los sistemas y taxonomías estructuradoras del texto y, a través de este, de la realidad. Esto es precisamente el funcionamiento del operador trans*.

 Se pueden reconocer dos momentos en el texto estructurados como párrafos: en el primero, más allá de la inversión del punto de vista, me interesa resaltar el modo cómo el personaje en cuanto sujeto queda definido; porque al fin de cuentas esta es la historia que realmente importa:

 

Mi Gato tiene un perro. Soy la mascota del perro cuando no estoy viajando. Un día cualquiera mi dueño no se había percatado de que me fui. Poco antes había salido al balcón a lamerse entre las patas traseras con el sol matutino. Luego —me contaron— regreso por el comedor y percibió mi ausencia: una impresión; husmeó el vacío y buscó en los lugares habituales donde me apoltrono a leer o a dormir, enseguida por doquier; se detuvo un instante en el breve corredor, con la cabeza erguida, las orejas distraídas y la mirada dispersa. Nada encontró, nada presente y vivo semejante a mí, solo el remanente de mi olor desvaneciéndose con el aire cruzado entre el balcón y la ventana de la cocina abiertos. Escogió un lugar mullido y se tendió de golpe, como un animal de circo entrenado para morirse por un falso tiro delante del público. No había nada más que haces de luz colándose entre las cortinas y mi existencia apagándose en su pequeña memoria; yo ya era nada más que el rescoldo de un fuego extinguiéndose en el olvido de su sueño holgazán. (p.144)

 

Dando un paso más allá de la reconstrucción de la memoria animal, incluso separándola de ella, la ausencia del sujeto se capta como una impresión: “percibió mi ausencia: una impresión”, quizás en el sentido de un estímulo reconocible impregnado en el cerebro. Entonces, el texto se torna más radical en esta disolución del individuo, como la imposibilidad de la presencia viva, reducido a un olor que se desvanece en medio de esa nada cotidiana:

 

Nada encontró, nada presente y vivo semejante a mí, solo el remanente de mi olor desvaneciéndose con el aire cruzado entre el balcón y la ventana de la cocina abiertos.

 Es la existencia la que se apaga en la memoria de los otros, cuando dejan de recordarnos. No se trata solamente de que el recuerdo desaparezca de la mente, sino que el yo se extingue. Si alguien no nos recuerda, no existimos. O, existimos en la medida en que alguien decide pensarnos. Si todos dejaran de hacerlo, yo me evaporaría:

 

No había nada más que haces de luz colándose entre las cortinas y mi existencia apagándose en su pequeña memoria; yo ya era nada más que el rescoldo de un fuego extinguiéndose en el olvido de su sueño holgazán.

 Me parece que el texto expresa plenamente un procedimiento de trans*formación del sujeto, en cuanto lo hace estallar al cuestionar la identidad como una cuestión que se resolvería al interior de cada uno. Así como el transgénero disuelve con un ácido fuerte la dualidad hombre/ mujer, de manera similar este texto hiere la sustantividad del individuo, el que finalmente desaparece como un aroma que desaparece poco a poco.

 En este caso el operador trans*formador narra sin drama ni tragedia la historia de la subjetividad que depende enteramente de la mirada de los otros o de sus pensamientos cuando no estamos presentes. Y así quedamos convertidos en rescoldo, en esa última brasa antes de que el fuego se apague totalmente, mientras el olvido perezoso de los otros termina por perderme completamente.

Ilustración: V. de Valencia. 


lunes, 17 de junio de 2024

NOTA TÉCNICA A SUEÑO DE ZINC DE EFRAÍN VILLACÍS.

 

Incluido en: PARQUE INGLÉS, UDLA, Quito, 2024.  

 

Recógeme en la salmodia del frío, el rayo cesa en el rostro y mis ojos destellan incertidumbre, el agua de febrero lava el Iodo, y la calzada brilla bajo el taconeo, piedra herida, perenne, piedra horadada, abismo, tus pasos inquietan como las gotas en mi sueño de zinc. Brota el gesto callado, espanto; aspaviento entre la raleza de las hebras que me quedan, revolviéndome la penumbra con tu tránsito, ausencia/presencia de deseo llena y sin tristeza, inasible. Cierro la boca y trago nada, hurgo, y la ventana me quita la oportunidad de verte a los ojos, el cielo es el ciego de Kingman, y no camina. Nada de lo que me cobija es humano, nada en mi memoria es inhumano, no recuerdo, batallo, cabalgo dando la espalda a la nariz del jamelgo de mi pesadilla, crujen los huesos del tablado bajo la cama y un hombre respira en la oscuridad, a veces puedo ver su piel doliente de Tiziano, sus rasgos alargados, viejos, soy yo más adelante. Extraño suceso porque parezco el niño que conocí y aun no sabía lo que era soñar, deseaba; imaginaba que era alguien que puede amar sin sentir culpa, y el dolor infligido era parte de ese descubrimiento. Juraba con el pulgar sobre los labios recogidos en el chasquido de un beso falso. Así es este sueño como ese acto verdadero, recógeme antes de que perezca la tarde y calle afuera el patio ya sin agua que tragar. Febrero es el nombre de un esclavo enamorado de la guerra para liberarse del signo de otras muertes. (pp. 125-126)

 

La recepción adecuada de esta obra de Efraín Villacís no puede quedarse en los aspectos de contenido, que seguramente son importantes, pero insuficientes. Sin apelar las cuestiones formales la obra quedaría reducida a una especie de realismo social con toques de fantasía o quizás con elementos oníricos, en donde no sabemos si el observador sueña o está despierto.

 Es el trabajo con y través del lenguaje que dota al texto de su espesor literario; y por eso, es preciso acudir al contenido de la forma, como el correlato esencial del contenido. La sustancia del texto se expresa en la adopción de una forma literaria precisa, en este caso, muy particular. Dejaré de momento la referencia a los tropos, especialmente la metáfora, para centrarme en el microanálisis del texto, en la manera en que las oraciones están construidas y en los desplazamientos internos que encontramos en funcionamiento dentro de ellas.

 En la primera oración, sin previo aviso, le asalta al lector la introducción de dos referencias que se funden en una sola: el ruego del personaje que espera encontrarse con alguien en un frío día del mes de febrero:

Recógeme en la salmodia del frío… tus pasos inquietan como las gotas en mi sueño                 de zinc.

Y la emergencia de la realidad de la calle empedrada que se vuelve mucho más poderosa que la propia espera:

el rayo cesa en el rostro y mis ojos destellan incertidumbre, el agua de febrero lava el Iodo, y la calzada brilla bajo el taconeo, piedra herida, perenne, piedra horadada, abismo…

 La percepción del entorno se vuelve hiperreal; la piedra es la que ahora está herida, horadada, convertida en abismo. Esta experiencia se retira para volver al final a la salmodia, al canto monótono del sueño de zinc, como goteo perturbador que no te deja dormir.

La secuencia de esta ruptura entre los dos planos parece fundirse en uno solo, cuando la historia del personaje se une con la del acontecimiento de la calle, que se ha vuelto ella misma otro personaje:

 

Así es este sueño como ese acto verdadero, recógeme antes de que perezca la tarde y calle afuera el patio ya sin agua que tragar. Febrero es el nombre de un esclavo enamorado de la guerra para liberarse del signo de otras muertes.


Así el desplazamiento se torna evidente. La narración se refiere principalmente al mes de febrero y solo dentro de esto tiene sentido lo que el hombre vuelto esclavo enamorado cuenta.

 En las siguientes frases tenemos la aparición de un nuevo recurso que deslizará de manera todavía más poderosa el texto. En este momento ya no se trata de la ruda existencia de las cosas, la calles, las piedras, el cielo, como formadoras de la experiencia personal; sino, el salto hacia adelante, la intromisión del futuro.

 

Brota el gesto callado, espanto; aspaviento entre la raleza de las hebras que me quedan, revolviéndome la penumbra con tu tránsito, ausencia/presencia de deseo llena y sin tristeza, inasible. Cierro la boca y trago nada, hurgo, y la ventana me quita la oportunidad de verte a los ojos, el cielo es el ciego de Kingman, y no camina. Nada de lo que me cobija es humano, nada en mi memoria es inhumano, no recuerdo, batallo, cabalgo dando la espalda a la nariz del jamelgo de mi pesadilla, crujen los huesos del tablado bajo la cama y un hombre respira en la oscuridad, a veces puedo ver su piel doliente de Tiziano, sus rasgos alargados, viejos, soy yo más adelante. Extraño suceso porque parezco el niño que conocí y aun no sabía lo que era soñar, deseaba; imaginaba que era alguien que puede amar sin sentir culpa, y el dolor infligido era parte de ese descubrimiento. Juraba con el pulgar sobre los labios recogidos en el chasquido de un beso falso.

 

La soledad que espanta, como ausencia/presencia, no está aquí y ahora. Pronto descubrimos que este es un recuerdo paradójico e imposible del futuro. Villacís lo dice con toda la fuerza posible: 

… soy yo más adelante …

El personaje se ve en el futuro como alguien parecido al niño que conocí y aún no sabía lo que era soñar. Ruptura temporal que permite descubrir que el hombre que respira en la oscuridad no es otro que el personaje, aquel que está sumergido en su sueño de zinc. 

 

sábado, 15 de junio de 2024

LA CUESTIÓN DE LA VERDAD EN LA ÓPERA DE CHRISTOPHER CERRRONE, IN A GROVE.

 

© 2021 Schott Music Corporation (ASCAP). Commissioned by the Los Angeles Opera, with production support from Pittsburgh Opera, with additional creative and development support provided by Metropolis Ensemble, Raulee Marcus, and Steven Block.

 

Se puede escuchar en Bandcamp: https://cerrone.bandcamp.com/album/in-a-grove-icr028. O ver su filmación en Youtube,

https://www.youtube.com/watch?v=hGQEvVd56zk&ab_channel=PittsburghOpera, con

 subtitulos en inglés y español. Texto y partitura se pueden revisar en la página del compositor: https://christophercerrone.com/music/in-a-grove/

 

La presentación de Bandcampo dice:

 

Circle Records se enorgullece de presentar In a Grove, una ópera con música de Christopher Cerrone y libreto de Stephanie Fleischmann. Una continuación completa del álbum nominado al GRAMMY de 2021 de Cerrone, The Arching Path, In a Grove presenta a los cantantes soprano Lindsay Kesselman, el contratenor Chuanyuan Liu, el tenor Andrew Turner y el barítono John Taylor Ward, acompañados por el intrépido Metropolis Ensemble.


Situada en un bosque fantasma en el noroeste del Pacífico en 1922, la ópera se desarrolla en un paisaje árido y embrujado devastado por un incendio forestal. En un terreno de sueños rotos, estropeado por la violencia y ofuscado por el humo, llega una joven que pone patas arriba las nociones convencionales de género y las narrativas de victimismo, reclamando su propia agencia. Transcurriendo dentro de un territorio fronterizo impulsado por la lucha de clases y el miedo al otro, este relato de la historia de Akutagawa, famosamente adaptada como la película Rashomon, manifiesta un mundo en el que el medio ambiente está bajo asedio, y las verdades personales que se desvían salvajemente compiten con los hechos absolutos, destrozando lo que uno cree saber.

 La historia del asesinato contada por diversas voces y perspectivas, teniendo como centro la tragedia de la mujer que cree que es la culpable de la muerte de su esposo, aparte de ser acosada constantemente, remite a la relación problemática entre la realidad, que es una sola, y su reconstrucción que depende de quién la cuenta. Este es el núcleo de la historia que coincide plenamente con la intención de Cerrone.

Pero, la cuestión de la verdad es mucho más complicada. No se trata únicamente de poner en un contexto actual el cuento de Ryūnosuke Akutagawa, In a grove. En su página Cerrone describe de la siguiente manera su obra:

             IN A GROVE comienza con un baño de ruido blanco, una representación sonora de incendios forestales y             humo. A medida que avanza la ópera, los ritmos, las armonías, los motivos y, finalmente, las melodías                 emergen de esta niebla auditiva, reflejando la forma en que los hechos emergen, pieza por pieza, en esta             historia de detectives musicales.

 

A medida que nuestros personajes relatan sus historias, los motivos y las melodías se repiten, pero también evolucionan, en paralelo con la perspectiva cambiante de cada narrador. Una melodía desechable en la escena de Luther se convierte en la base del aria de Leona en la suya; finalmente, esta melodía se convierte en el núcleo de la confesión final, un dúo entre un médium y Ambrosio.

 

A lo largo de la obra, las voces se transforman electrónicamente. Traté de ejemplificar la aspereza defectuosa de la memoria distorsionando las voces usando reverberación, cambio de tono y granulación, efectos que sugieren que los recuerdos de nuestros personajes son defectuosos, nebulosos o simplemente incorrectos.

 

Ahora se puede mostrar de qué manera el tema de la verdad va más allá del señalamiento de que esta depende del punto de vista e intereses del observador; y que, además, siempre la reconstrucción de los hechos que hacen los testigos es: “defectuosos, nebulosos o simplemente incorrectos”.

 La estructura musical adoptada no se limita a expresar en la melodía y en los ritmos, además del texto, la mirada de cada personaje sobre los hechos; en un primer momento estos surgen parcialmente, poco a poco, en un atormentador regreso a la tragedia. La verdad no se da de una sola vez, sino que aparece lentamente, emergiendo con dificultad de las apariencias brumosas.

 El siguiente paso crucial para dilucidar el problema de la verdad se encuentra en la melodía dejada por Luther que es retomada por Leona y luego por el médium y Ambrosio. La verdad se convierte así en una reconstrucción colectiva, ciertamente parcial todavía, en donde cada uno interpreta el punto de vista del otro. La mirada de cada observador está atravesada por la mirada del otro observador.

 Estas melodías individuales que se van entrelazando, combinando, superponiéndose y combatiendo, desembocan en la exigencia de una interpretación final, aunque nunca sea la definitiva, que se hace entre el médium y Ambrosio. ¿Qué significa este médium?, ¿de dónde viene?, ¿qué función cumple en la reconstrucción de la verdad?

 Hipotéticamente se puede establecer que Ambrosio necesita conectarse con otro espacio que rebase las miradas personales sobre los hechos y tenga que acudir a un espacio simbólico, representado por el médium, en donde efectivamente se juega el destino de la verdad. Allí, y solo allí, la verdad mostrará toda su potencial para ser tal.

 La verdad siempre es colectiva. Las verdades individuales nunca son suficientes. Como decía Antonio Machado:

 

               Tu verdad no, la Verdad;

               y ven conmigo a buscarla.

               La tuya, guárdatela.

 

 

 

 

 

jueves, 13 de junio de 2024

EFRAÍN VILLACÍS: PARQUE INGLÉS.

 



Este conjunto de narraciones breves nos sorprende porque no se sabe a qué genero exacto pertenecen ni que estilo específico sigue; peor aún la corriente literaria a la que adhiere. Sería igual de válido decir que pertenece a una suerte de realismo social después de haber atravesado la posmodernidad entera; pero, también sería correcto afirmar que un rastro de surrealismo lo atraviesa por entero.

 La mirada del observador, no la de Villacís, sino la que él inventa, y que se superpone a la suya, introduce en la realidad la sensación de extrañeza: las cosas que vemos son las de siempre, es la misma vida cotidiana que pasa; sin embargo, una luz lateral las ilumina haciendo que muestre sus entrañas, abismos, distorsiones, frenazos y aceleraciones. Extrañeza como si fuera otro el que mirara, no yo. El mundo no es como lo veo.

Para lograr este efecto profundo de alterar la realidad de tal manera que sea al mismo tiempo el mundo de siempre y la intromisión de las cosas desde ángulos imprevistos, somete al lenguaje a sus necesidades, obligándolo a girar y retorcerse para que diga aquello que debe decirse. En este sentido, debajo de la aparente sencillez, hay un profundo ejercicio formal

 

domingo, 9 de junio de 2024

LEO OKAGAWA: EXASPERACIÓN. SEGUNDA PARTE.

 

Density de Leo Okagawa, estrenada el 10 de mayo del 2024 en Dissipatio. El álbum, se puede escuchar en Bandcamp: https://protocell.bandcamp.com/album/density.

La comprensión de la música suele llevarnos en una doble dirección: primero, mostrar de qué manera impacta en los sentidos y la sensibilidad, provocando la emergencia de unos determinados afectos; es decir, la música vinculada de manera especial a la emoción. Segundo, establecer los paralelismos y las contigüidades entre la música, tomando en cuenta ritmos y arritmias, con la manera en la que pase el tiempo subjetivo o el flujo de la consciencia, a lo que se puede añadir las temporalidades sociales en las que estamos inmersos. Estos dos aspectos pueden ser complementarios, aunque los análisis suelen privilegiar uno y otro enfoque.

Sin invalidar estas perspectivas es posible abrirse a una nueva consideración mucho menos explorada, pero que resulta tan importante como las otras dos, porque en vez de reducir el fenómeno de la música a afecto y temporalidad, o incluso a la temporalidades afectivas de los sujetos, se pregunta por la relación de la música con el pensamiento y la razón.

¿Qué tendría que ver la música que huye de la representación y parece quedarse en el plano de la sensibilidad con la racionalidad y la argumentación? ¿Tal vez podría referirse al uso simbólico de la música por las corrientes ideológicas y políticas, como es el caso de parte de la obra de Wagner por el fascismo?

Antes que dar una respuesta general a estos interrogantes, que será cuestión de otra nota, tomo la última obra de Leo Okagawa, Density, y es a través de esta que intentaré aproximarme a una respuesta sobre la relación entre música y razón. Para esto, el acercamiento no será tanto la búsqueda de estructuras metafóricas del pensamiento en Density, como introducir una hipótesis de trabajo: ¿en qué medida o de qué forma los modos del pensamiento actual, con su crisis y callejones sin salida, siguen patrones similares a los de Density?

Al oír Density decimos: Así pensamos.

 Al escuchar atentamente esta obra tengo la impresión de seguir el flujo de los pensamientos, las trabas, incongruencias, irracionalidades, de la razón globalizada, de la intromisión de la sinrazón por todas partes, del despedazamiento de la racionalidad en los más diversos ámbitos y de la desesperada lucha por su recuperación. A este fenómeno de la obra y de la razón le denomino: exasperación.

En los tracks Apoptosis y Counting Clockwises estamos ante un ruido probablemente de interferencia o de un aparato electrónico que se ha quedado vibrando sin control y repitiéndose incansablemente, con pequeños cortes en donde asoman otros ruidos que hacen aún más áspero el sonido. A veces una onda plana interrumpe la interferencia, como si fuera el ruido de una máquina trabada.

No hay posibilidad alguna de que una melodía o un ritmo aparezcan. Aquí reina el ruido casual, aleatorio. Sin embargo, a pesar de esta negación del registro melódico, la interferencia tiene un patrón que se forma a fuerza de repetirse sin cesar. Rueda unos segundos, se corta bruscamente y otra vez invade los oídos hasta el cansancio.

Probablemente sea en Saturación en donde mejor encontremos las características del pensar. Ruido grave del arrastrarse de alguna cosa sobre el suelo áspero, golpes insistentes que bajan de tono. Imperceptiblemente un ruido plano de fondo comienza a crecer y a superponerse sobre la primera interferencia, hasta hacerla desaparecer casi por completo. Esta vibración grave de un motor potente puesta en marcha y dejado a su voluntad satura el espectro sonoro y, curiosamente, aparece muy levente una corriente de agua que nadie sabe de dónde vino. Luego, el ruido de fondo desaparece y solamente queda el ruido cansino marcado por golpeteos incesantes. Y así, el ruido de fondo se descompone en raspados agresivos que alteran la repetición que sigue sonando en primer plano.

Volvamos al leitmotiv: Así pensamos.

La racionalidad intentando comprender el mundo y descubriendo que le escapa. No puede aprehenderlo y a medida que trata una y otra vez de captar la esencia de las cosas, la estructura de los fenómenos, las series causales, se torna redundante, se choca con una pared que le impide avanzar.

La racionalidad armónica de causas y efectos se estrella, se torna ruido y aquello que debería convertirse en sentido, en apertura hacia el significado del mundo, ahora es interferencia de sus propias ondas, de los argumentos devorando a los argumentos, de las razones partiéndose hasta quedar irreconocibles.

Así pensamos, con esta aspereza que muestra el roce de los pensamientos en la superficie rugosa de la realidad, dando como resultado una razón herida, unas ideas sangrantes. Desesperación, ira, impulsos destructivos: exasperación.

Y como si no fuera suficiente que la razón se encuentre trabada sin poder avanzar, hace su aparición del ruido del fondo que termina por anularla y desvanecerla, aunque a momento logra volver y recuperar al menos el ritmo repetitivo de los intentos de decir con claridad lo real.

Este ruido de fondo es el equivalente de la irracionalidad que, ante el fracaso de la razón, emerge desde dentro, tomando posesión de la racionalidad, quebrándole los huesos, reventándolo los ojos, hasta verla caminar a tientas golpeándose en las paredes y emitiendo enunciados incoherentes. La razón incapaz de armonía se ha convertido en ruido. Ante esto, aquellos que intentamos pensar y dar cuenta de las explicaciones del mundo, quedamos sumidos en la exasperación.

lunes, 3 de junio de 2024

LEO OKAGAWA O LA ASPEREZA DEL PENSAR. PRIMERA PARTE.

 

Carlos Rojas Reyes

Density de Leo Okagawa, estrenada el 10 de mayo del 2024 en Dissipatio, que sintetiza de esta manera el trabajo del artista:

 

"Density" es el álbum que se centra en ritmos eléctricos. Entre tonos, silencios y ritmos, Leo Okagawa explora la densidad. Leo Okagawa es un artista sonoro afincado en Tokio, Japón. Realiza obras de collage de varias capas a partir de elementos de sonidos grabados, ruido de máquinas analógicas y tonos eléctricos simples. También ha estado trabajando en una performance improvisada desde 2017. El uso de algunos dispositivos electrónicos explora las posibilidades estructurales del sonido a través de la combinación de tonos simples. En 2022, fundó su propio sello discográfico "zappak", y ha estado publicando música de otros artistas en CD.  Dissipatio:

https://www.facebook.com/Dissipatio

 

El álbum de Leo Okagawa, Density, se puede escuchar en Bandcamp: https://protocell.bandcamp.com/album/density.

Esta primera aproximación a la obra Density propone una lectura que vaya en una doble dirección: la primera, análisis e interpretación desde la filosofía de la música, que no se quede exclusivamente en las sensaciones que provoca y en la sensibilidad que desencadena, aunque este sea el punto de partida; sino que avance y muestre de qué manera esta obra se esta refiriendo a nuestro tiempo y qué puede decirnos sobre este, con sus propios medios. Para este fin será necesario concentrarse en las dualidades entre ritmo y arritmia, y sonido y ruido.

En segundo lugar, oír Density tal como escuchamos una voz interior, un monólogo con nosotros mismos, en donde no se trata de acceder a algún tipo de contenidos específicos del flujo psíquico. Por el contrario, esta obra actúa como mímesis del modo de pensar actual. Así como fluye la música, del mismo modo pensamos.

Antes de embarcarnos en las reflexiones que surgen de las dos orientaciones hay que recomendar enfáticamente una variedad de tipos de escucha de Density: oír el álbum completo sin cortes ni detenciones, escucharlo mientras hacemos otra cosa como leer, escribir, pasear, manejar, concentrarnos y prestar atención únicamente a la obra, oírla una y otra vez hasta el cansancio.

De esta manera las primeras impresiones sobre la sensación y la sensibilidad se ampliarán y diversificarán; aparecerán partes en las que no habíamos puesto atención, ruidos de fondo saltarán al primer plano, la estructura o la desestructuración se tornará evidente, descubriremos cómo las arritmias se convierten en ritmos, el ruido en sonido y este de regreso al ruido.

Density es el estado de ánimo de nuestra época. No tanto el estado de ánimo personal, sino de la colectividad. Así nos sentimos, este es la mímesis del paso del tiempo y de las temporalidades en las que estamos sumergidos. Por esto probablemente la obra sea difícil de oírla una y otra vez hasta quedar exhaustos y gritar basta. Seguramente en ese momento pararemos la música y saldremos de la casa y sobre todo de nosotros mismos, como decía Gide.

Aunque no ampliaré todavía en este primera parte, propongo el término aspereza como guia interpretativa de la obra en la doble vía de ida y vuelta que he señalado. Y añadir a esta su consecuencia, que viene además de su parentesco: exasperar.

En este primer momento sugiero realizar las diversas escuchas de Density con la atención puesta en las nociones: aspereza, exasperar.